Pablo Casado
Pablo Casado, durante un acto en la campaña de las elecciones andaluzas. EFE

Las elecciones del domingo en Andalucía son mucho más importantes de lo que cabría esperar para los cuatro grandes partidos. El adelanto de los comicios ha alterado la agenda política, y por distintos motivos, los líderes se juegan el futuro. Sobre todo en el caso de Pablo Casado y Albert Rivera. Precisamente por eso ambos han dedicido darle tono nacional a la campaña.

Para el líder del PP, estos comicios son la primera oportunidad para consolidarse. Acude a ellos con un candidato, Juanma Moreno, cercano al ala de Soraya Sáenz de Santamaría, a quien Casado derrotó en las primarias del partido. Pero eso no ha impedido que se volcase en la campaña. Su presencia se ha hecho notar (en once de los trece días de actos).

Esta elevada notoriedad del presidente en el día a día de mítines y encuentro ha dado un tono muy general al discurso promulgado por los populares. De hecho, esta semana en Almería recurrió al acercamiento de presos de ETA para criticar al ministro Marlaska, pero también a Venezuela, con el objetivo de desacreditar a Podemos y por ende a Teresa Rodríguez.

"Votar a Susana Díaz es votar a Otegi y a los batasunos", soltó Casado durante su intervención, en un gesto mucho más enfocado hacia el pacto de Sánchez para sacar adelante la moción de censura. Asimismo, puso de ejemplo los "malos Gobiernos" tanto de Colau como de Carmena. Por tanto, menos referencias a Andalucía y un enfoque mucho más nacional. Y es que la presencia del presidente en la campaña ha sido, para muchos, excesivo. Más si tenemos en cuenta que Mariano Rajoy acudió a ocho eventos en las elecciones de 2015.

Ciudadanos, con Arrimadas muy visible

El mismo camino ha cogido Ciudadanos durante estas cuatro semanas. La campaña para la formación naranja no ha girado tanto en torno al candidato, Juan Marín, y si más sobre Albert Rivera e Inés Arrimadas. Las raíces andaluzas de la líder catalana le han hecho aumentar su notoriedad en los actos.

Si las primeras encuestas dispararon a Cs, situándoles incluso como segunda fuerza, ese fuelle ha caído según se acercan los comicios. Podrían ser incluso el cuarto partido más votado, lo que les complicaría ser decisivos de cara a la gobernabilidad.

Lo cierto es que Juan Marín está lejos de ser un candidato mediático, y eso lo ha intentado suplir la formación con la presencia de Arrimadas y Rivera. El discurso, además, se ha enfocado en desautorizar a Sánchez, y no tanto a Díaz. Eso se ejemplifica en un discurso plagado de referencias a Cataluña, con mensajes directos hacia Torra o críticas también al acuerdo del brexit.

Hasta el punto de que en los debates quedó la sensación de que la batalla naranja era más con el PP que con el PSOE. Entre ambos partidos se ha elevado el tono en los últimos días. "Marín ha pasado de ser perro de compañía de Díaz a perro de presa", soltó Juanma Moreno en el último debate a cuatro. Y es que por un motivo o por otro, quienes más se juegan el 2-D son populares y naranjas, que buscan asentarse para optar a un "gobierno del cambio".