La presidenta de Navantia, Susana de Sarria
La presidenta de Navantia, Susana de Sarria NAVANTIA

En un comunicado, De Sarriá ha destacado la vinculación de la historia del astillero con la comarca de Cádiz y que Navantia trabaja para garantizar la viabilidad y sostenibilidad de todos sus centros a través del plan estratégico, que espera entre en vigor en breve. Por eso ha mostrado su convencimiento de que los astilleros gaditanos van a tener un gran futuro impulsando el empleo y el progreso.

Desde el año 1878, año en que las compuertas del dique de Matagorda se abrieron por primera vez para recibir al vapor Guipúzcoa, hasta la fecha de este jueves, el antiguo astillero de Matagorda primero y la gran Factoría de Puerto Real después, han sido protagonistas de un desarrollo industrial que fue elevando progresivamente el nivel de excelencia que su primer propietario quiso imprimirle.

Fue el empresario Antonio López quien arriesgó su patrimonio personal para construir lo que en su momento fue la infraestructura de la industria naval más grande de España. Después fueron los responsables de la empresa AESA, que en los años 70 del pasado siglo, decidieron levantar en el mismo sitio uno de los astilleros más grandes de Europa, para dar continuidad a la historia de éxito del antiguo astillero.

El astillero de Matagorda, en sus casi 100 años, construyó 169 barcos y reparó casi 12.000 unidades, sufrió las crisis derivadas de dos guerras mundiales y una guerra civil, vio crecer su suelo y su plantilla, y llevó al límite su capacidad de producción botando durante los últimos cinco años de actividad 27 grandes buques.

La nueva factoría, creada en 1975, estrenó diques y talleres acordes con los tiempos, grúas que se convierten rápidamente en la 'imagen de marca' de la Bahía y una plantilla que se eleva a 4.000 trabajadores. Desde entonces, seis empresas públicas la han gestionado: AESA, Astilleros Españoles, Astillero de Puerto Real, E.N. Bazán, Izar y Navantia.

Entre todas construyeron 72 grandes barcos durante los 33 años que mantuvo como nombre oficial el de Astillero de Puerto Real, un periodo de tiempo marcado como el anterior por las sucesivas crisis, que en esta ocasión no fueron provocadas por las guerras, sino por la reconversión industrial.

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