Según ha informado la asociación en un comunicado, el presidente de la asociación y dueño de Teulera Can Benito, Miguel Torres, ha afirmado que "la obsolescencia de los hornos y fabricas; y la inaccesibilidad a una red de gas natural en condiciones, está obligando a las empresas a cerrar".

De este modo, Pimem ha informado, esta mañana, a las Direcciones Generales de Energía y de Industria sobre "su malestar" dado que desde 2014 "no han sido capaces de ofrecer soluciones a este problema".

Según Torres, los empresarios de la asociación tienen "conocimientos únicos de productos exclusivos de Baleares que pueden perderse para siempre si se deja que los negocios cierren".

Esta industria tan característica de Baleares ha visto cómo en los últimos 20 años su número de fábricas en Mallorca se reducía de 25 a tan solo cinco, dos en Manacor, una en Villafranca, una en Campos y una en Felanitx.

"La industria ha estado 20 años parada por culpa de las exigencias del antiguo Plan Territorial de Mallorca y de los respectivos ayuntamientos. Las empresas de la Península han avanzado tecnológicamente y nos han dejado atrás", ha asegurado Torres.

En la actualidad, la mayoría de empresas del sector que trabajan en el resto del estado emplean hornos modernos que combustionan mediante gas natural. Los hornos mallorquines, por el contrario, utilizan como combustible materiales orgánicos y/o gas en cuba.

"LOS COSTES SE MULTIPLICAN"

"Cada año los costes se nos multiplican y nuestro producto se encarece. Las constructoras prefieren traer producto de fuera a trabajar con nosotros dado que somos más caros", ha asegurado asegura el representante de la asociación.

Por ejemplo, han explicado qeue la teja mallorquina actualmente tiene un precio que ronda los 32/33 céntimos por unidad, mientras que la teja peninsular (añadiendo el plus del transporte marítimo) tiene un precio de 26/27 céntimos por unidad.

"Seis céntimos de diferencia que en grandes cantidades deja a las empresas de tejas de Mallorca en una posición de desigualdad competitiva", señalan.

Según Torres, de no solucionarse esta situación "en menos de 15 años podría provocar la desaparición de la industria ceramista mallorquina, más de medio centenar de puestos de trabajos y convertir Mallorca finalmente en una industria de sol y playa".