Atalaya islámica de Cántabos. 27-11-18
Atalaya islámica de Cántabos. 27-11-18 JCYL

La Consejería de Cultura y Turismo ha logrado estabilizar el deterioro de estas construcciones, incluyendo elementos, como una cubierta, para proteger la estructura de las inclemencias meteorológicas.

El delegado territorial, Manuel López, se ha desplazado este martes a Fuentelmonge para comprobar, junto con los técnicos de la empresa adjudicataria, Arquetipo, S.C.L., y del Servicio Territorial de Cultura, coordinador de la intervención, el resultado de las obras.

La Torre de Cántabos es una atalaya islámica, posiblemente del siglo X, ubicada en importante punto estratégico, sobre una colina de 837 metros de altitud, que comunica los valles del Jalón y del Duero a través de los campos de Gómara y Almazán.

De planta circular, de 3,4 metros de diámetro interno y un grosor de muros de 1,34 metros, está construida en tosca mampostería y conserva una altura en más de 10 metros. La puerta de acceso se dispone en altura, a tres metros del suelo, y de ella todavía perduran los goznes de las hojas y el hueco de la tranca.

Su función fue defensiva, para la protección del Califato de Córdoba en su Marca Media, con capital en Medinaceli, y formaba parte de una extensa red de torres vigía que facilitaban las comunicaciones -mediante señales- entre los diferentes castillos de la comarca. Está protegida por la declaración genérica de 1949 sobre castillos, por lo que tiene consideración de Bien de Interés Cultural.

La torre está integrada en la granja de Cántabos, lugar que debe su origen al monasterio cisterciense levantado a instancias de Alfonso VII por los monjes que posteriormente fundaron el monasterio de Santa María de Huerta, en 1166.

La planta baja de la atalaya fue modificada durante el siglo XVIII para albergar una capilla, muy deteriorada en la actualidad.

Las ruinas que hoy se aprecian no pertenecen al primitivo monasterio sino a una granja que se asentó después y perduró hasta la exclaustración de 1835.

LIMPIEZA Y ADECUACIÓN DE LA CAPILLA

La capilla también ha sido objeto de adecuación. Tras la eliminación de la extensa capa de tierras, cenizas y escombros variados, se ha llegado hasta el nivel de solado original, integrado por una capa de mortero de cal y canto, alisado y nivelado.

Esta retirada de desperdicios ha posibilitado la exhumación de restos de pintura mural acompañada de motivos geométricos remarcados con líneas incisas en tonos azulados y grisáceos, situados en la base de la construcción y pertenecientes al antiguo oratorio.

En la actualidad toda la cripta se hallaba afectada por grafitis realizados en los últimos decenios, un acto deplorable que ha ocasionado la pérdida de gran parte de la decoración que mostraban sus paredes y hornacinas.

En este sentido, se han eliminado los grafitis recientes que afeaban el templo y se ha pintado todo su interior (fijación transpirable que permite la posterior adhesión de la pintura mural natural a la cal), mejorando la estética del conjunto y de manera más concreta la del interior del oratorio.

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