'Anastasia. El musical'
Jana Gómez en una escena del musical de Stage Entertainment Anastasia. JAVIER NAVAL

En el año 1997, la 20th Century Fox tuvo el coraje —casi el atrevimiento— de querer emular los éxitos de Disney con sus largometrajes musicales de animación. Éxitos que, tras una larga crisis que duró desde la muerte del fundador (en 1966) hasta el estreno de La sirenita (en 1989), habían vuelto a dominar la taquilla de manera apabullante con El rey león (1994), Pocahontas (1995) y El jorobado de Notre Dame (1996).

Para competir contra Hércules (1997), nada menos, la legendaria productora fundada por William Fox en 1915 volvió sus ojos hacia la historia de la gran duquesa Anastasia Nikoláyevna. Según la leyenda, la hija menor del último zar de Rusia, Nicolás II, logró escapar de la ejecución de su familia y, tras la revolución bolchevique, huyó de un país lleno de miseria, hambre y represión al París de los felices años 20 y el charlestón.

El resultado fue bastante bueno: 300 millones de dólares de taquilla, dos nominaciones al Óscar (Full Monty y Titanic fueron demasiado rival), una gran banda sonora de David Newman y un buen puñado de canciones firmadas por Stephen Flaherty (música) y Lynn Ahrens (letra). Las mismas que dos décadas después, unidas a otras nuevas, han dado lugar al musical escrito por el reputado y multipremiado dramaturgo Terence McNally (Ragtime; Love! Valour! Compassion!).

De Broadway a Madrid, pasando por San Petersburgo y París

Apenas un año después de su estreno en el Broadhurts Theatre de Nueva York, el Teatro Coliseum de Madrid acoge la producción en español del musical Anastasia dirigida por Carina Brower, basándose en el libreto de McNally y que, además, cuenta con la misma coreógrafa que en el montaje estadounidense, Peggy Hickey. La responsable, Stage Entertainment España, compañía con casi 20 años de experiencia en el mercado musical en nuestro país y también responsable del exitoso El rey león, que desde hace ya siete años se representa también en la Gran Vía madrileña, a pocos metros de distancia.

En Anastasia, el inteligente uso de la tecnología, los elementos ópticos y las estructuras mecánicas que recuerdan al cine de Méliès integradas en las pantallas gigantes 3D conforman una magnífica escenografía que recrea con realismo (en ocasiones mágico) los ambientes de San Petersburgo/Leningrado y París. Todo ello unido a un cuidado vestuario, hace que el montaje no tenga nada que envidiar a cualquiera de Broadway. La muestra más clara es una escena ambientada en un teatro de la capital francesa en la que se mezclan en varios niveles la trama de la obra con el ballet de El lago de los cisnes de Tchaikovski. Puro meta-teatro. Puro espectáculo.

Jana Gómez encarna a una delicada e inocente Anastasia, con menos carácter que el personaje de la película pero dando siempre la talla como cantante, sobre todo en los dos temas más conocidos de la obra, Una vez en diciembre y Viaje al pasado, que cierra el primer acto por todo lo alto. En el resto del reparto destacan Carlos Salgado (Gleb) y Silvia Luchetti (Condesa Lily), un dúo repleto de sofisticación y sentido del humor refinado que no desentonaría en Ninotchka de Lubitsch; Angels Jiménez como la elegante y carismática emperatriz viuda, y Carlos Salgado, que sobresale en el plano vocal, como el comisario político Gleb.

Y, sí, se echa en falta la maldad de este último personaje, alejado del Rasputín de la gran pantalla, pero la decisión, igual que la de la falta de carácter de Anya, redunda en lo adecuado del espectáculo para el público más joven. Lo cual no obsta, ojo, para que lo disfruten los adultos, que podrán apreciar un show técnicamente redondo y detalles como el interesante final semiabierto de la trama.