A sus casi dos siglos y medio de edad, la catedral de Málaga está curando sus achaques.

Desde octubre, operarios pagados por la Junta, el Gobierno y el Obispado (1,6 millones de euros) trabajan sobre su techo para erradicar las acumulaciones de agua que ocasionan filtraciones, humedades y desperfectos en el interior del templo cristiano, que se edificó sobre (o muy cerca) de la mezquita de época musulmana.

Al tejado de la catedral se le conoce como quinta fachada. Sobre esa superficie se están colocando distintas capas superpuestas de lana de vidrio –que ejerce como aislante térmico–, una malla de acero inoxidable, una lámina de plomo –que impermeabiliza– y una cobertura final de ladrillo similar al previo a esta obra.

Uno de los aspectos más importantes de esta nueva cubierta es que conducirá las aguas de lluvia por canales hacia los bajantes, que también serán corregidos. Los distintos elementos de la nueva cubierta son independientes entre sí, por lo permiten que se mueva.

De lo contrario, una azotea rígida causaría fisuras al producirse movimientos en este centenario edificio, explica el aparejador Fernando Ramos, que ganó en 2004 el concurso de ideas para efectuar estas mejoras. La previsión es que los trabajos finalicen dentro de un año, a no ser que surjan imprevistos. Dios no lo quiera.