Cuando el sí ganó en el referéndum del brexit, tanto el Reino Unido como la Unión Europea sabían que el camino iba a ser difícil. Ahora, más de dos años después, las negociaciones han llegado a su punto clave y la posición de la primera ministra británica, Theresa May, parece más delicada que nunca. Tras meses de tensas conversaciones, las partes aprobaron un borrador del acuerdo por el que la salida se hará oficial. Pero los problemas se multiplican para los conservadores.

May se ha mostrado satisfecha. "Nadie logrará un acuerdo tan bueno con la Unión Europea", sentenció ante el Parlamento. Pero la realidad es bien distinta: cuenta con díscolos en su partido, entre ellos el ya dimitido ministro para el brexit Dominic Raab, las críticas de los laboristas son feroces y queda la sensación de que es Bruselas quien ahora tiene la sartén por el mango.

España está directamente afectada en este pacto, puesto que incide sobre Gibraltar. Eel PP pedirá la comparecencia del ministro de Exteriores, Josep Borrell, al entender que se ha perdido una "oportunidad única" de negociar la cosoberanía. En cambio, el Gobierno defiende que eso se hará a partir de marzo de 2019.

Acuerdo: resuelve puntos clave

Los derechos de los más de tres millones de ciudadanos comunitarios que viven en el Reino Unido y de más de un millón de británicos que residen en países de la UE quedarán salvaguardados, según el acuerdo provisional para el brexit. Asimismo, todo el Reino Unido permanecerá en la unión aduanera de la UE, de forma que Irlanda del Norte quedaría en el mismo territorio aduanero que el resto del Reino Unido. De esta forma se evita un frontera física. El periodo de transición entrará en vigor el día después de la salida británica de la Unión, esto es, el 30 de marzo de 2019.

Estará en funcionamiento hasta el 31 de diciembre de 2020, por 21 meses, y durante este tiempo el Reino Unido quedará sujeto a las leyes comunitarias y las obligaciones que estas conllevan. Se podrá extender una única vez, durante un periodo que tendrá que ser negociado de nuevo por las partes de manera aislada al contenido del pacto. Tal y como estaba previsto en el acuerdo sobre la primera fase de las negociaciones, el Reino Unido honrará todos los compromisos financieros a los que llegó siendo Estado miembro de la Unión Europea.

Pendiente: la relación comercial

A pesar de los avances, queda todavía en el aire uno de los elementos capitales para el vínculo futuro entre las partes: las relaciones comerciales. El Reino Unido y la UE negociarán su futura relación, incluyendo un acuerdo para regular sus relaciones comerciales, a partir del consenso de todas las partes sobre el acuerdo de retirada. Ambas partes esperan que este acuerdo comercial entre en vigor antes del final del periodo de transición, de forma que los acuerdos de contingencia para evitar una frontera física en Irlanda nunca llegaran a ser utilizados. Londres sale ganando en ciertos aspectos.

Reino Unido podrá negociar y firmar acuerdos comerciales, pero estos solo podrán aplicarse cuando termine el periodo de transición. De la misma forma, Bruselas se compromete a informar a Reino Unido de los acuerdos a los que llegue, en los que obviamente los británicos dejarán de tener poder de decisión. May ha tenido que ceder en muchas de sus demandas en este sentido, pero da mayor estabilidad al sector financiero y comercial de cara al futuro. Ese es uno de los pilares del discursos de la primera ministra.

Problemas: ola de dimisiones

A Theresa May también le crecen los enanos a nivel interno. El ministro británico para la salida de la Unión Europea, Dominic Raab, y la ministra británica de Trabajo y Pensiones, Esther McVey, anunciaron su dimisión de sus cargos respectivamente por desacuerdos con el pacto preliminar. La jornada también estuvo marcada también por las dimisiones de los Secretarios de Estado Anne-Marie Trevelyan y Shailesh Vara.

En su carta de dimisión a May, Raab, que apoyó el brexit en el referéndum de 2016, dice que no puede secundar el acuerdo por dos razones. Primero, "porque el régimen regulatorio propuesto para Irlanda del Norte plantea una amenaza muy real para la integridad del Reino Unido", explicó. Añadió, por otro lado, que no puede "aceptar" que la cláusula de seguridad para evitar una frontera en Irlanda sea "indefinida".

Entre tantas turbulencias, May rechaza dimitir, pero el diputado Jacob Rees-Mogg, líder del sector euroescéptico de la formación, confirmó la petición a para que la primera ministra británica sea sometida a una cuestión de confianza.

Críticas: los laboristas hablan de "caos"

"Esto es un caos". El líder de los laboristas –y de la oposición–, Jeremy Corbyn fue así de rotundo al dirigirse a May en el Parlamento. Lanzó además un aviso: la primera ministra no cuenta con el "apoyo" ni de "su gabinete, ni del Parlamento ni del país". Corbyn se preguntó, desde la Cámara de los Comunes, cómo pretende la premier que el Reino Unido confíe en un acuerdo de salida de la Unión Europea que "el propio ministro del brexit que lo ha negociado, no puede apoyar" y que, por ello, ha decidido dimitir.

"El borrador no deja nada claro", concluyó Corbyn, que no fue más allá a la hora de pedir mayores responsabilidades a May. Eso sí, añadió que el acuerdo "no deja nada claro" y que las negociaciones tienen que edesarrollarse "pensando en el futuro y en el bien de los ciudadanos". Los conservadores están sometidos a la presión externa.

Varios líderes internacionales ya han pedido a la primera ministra que convoque un nuevo referéndum sobre la salida de la Unión Europea, entre ellos el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. "Si yo fuera May, lo convocaría", expresó el líder socialista. Ante eso, se puede abrir la posibilidad de un adelanto electoral en el Reino Unido, de tal manera que podría cambiar el contexto. Si el país da marcha atrás, algo que se ha rumoreado en los últimos meses dadas las complicaciones en los contactos, podría enfrentarse a sanciones.

Bruselas: falta que lo refrenden los 27

"Si no pasa nada extraordinario, celebraremos un Consejo Europeo para finalizar y formalizar el acuerdo sobre el brexit el domingo 25", indicó el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. Por lo tanto, la pelota está ahora en el tejado de la UE. Salvo sorpresa, el acuerdo será ratificado, pero el propio Tusk reconoció que "es negativo para las dos partes" y que el único objetivo que tiene Bruselas es el de "controlar los daños".

Tusk agradeció al jefe negociador de la UE, Michel Barnier. "Déjenme decir a nuestros amigos británicos que, por mucho que me entristezca verlos partir, haré todo lo que pueda para que este adiós sea lo menos doloroso posible, tanto para ustedes como para nosotros", concluyó Tusk, antes de advertir de que la UE también está preparada para una salida "sin acuerdo".

Gibraltar: España aparca la cosoberanía

Gibraltar contará con un protocolo concreto dentro del acuerdo, y por tanto también España se ve afectada directamente. Esa parte del texto obligará al Peñón a incrementar los impuestos del alcohol y la gasolina, le invita también a encarecer el tabaco y que establece fórmulas para combatir el contrabando y el fraude.

Ese protocolo ha sido negociado previamente por Madrid y Londres, que deben concluirlo a través de la firma de un memorando de entendimiento este mes de noviembre. El tema ha abierto un cisma entre Gobierno y oposición. El PP pedirá la comparecencia de Borrell en el Congreso al entender que se ha perdido "una oportunidad única" de negociar la cosoberanía. Mientras, el Ejecutivo defiende el acuerdo y asegura que el resto de avances se harán en 2019.