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Varias personas consultan sus redes sociales. JCCM / ARCHIVO

En tan solo una década las redes sociales se han convertido en el motor tecnológico de las grandes empresas. Comenzaron como un término académico y se han convertido en la base de todo proyecto empresarial, lo que lleva a pensar que no van a desaparecer, sino lo contrario, han venido para quedarse.

Sin embargo, en estos últimos años en el que se han desarrollado y crecido, las redes sociales también han sido consideradas como una amenaza para la sociedad y para el individuo en sí.

Muchos estudios realizados sobre el uso de las redes sociales (en contra de ellas o a favor) han mostrado como la forma de comunicación de las personas ha mutado para individualizarse, para alejarnos del contacto físico y directo.

Ejemplo de esto es el estudio de Shapiro en 1999, que concluía afirmando que internet destruye las relaciones sociales (aunque lo hacía sobre unos métodos y una base bastante débil y una muestra de la población muy escasa).

Tras múltiples intentos, ahora el Journal of Social and Clinical Psychology ha adelantado una investigación que publicará en su próximo número, en diciembre, donde cuenta cómo un equipo de la Universidad de Pensilvania ha aportado la primera evidencia experimental de que las redes sociales, en concreto Facebook, Snapchat e Instagram, pueden romper el bienestar psicológico.

Diez minutos

Para realizar el estudio, los investigadores se percataron de que necesitaban un sistema que les permitiera medir el uso real de las redes sociales, algo que los sujetos de estudio (en este caso los estudiantes) no pudieran manipular. Para ello utilizaron la monitorización que hace la batería del móvil sobre el consumo por aplicaciones.

Una vez sabían cómo medir, dividieron a los participantes del estudio en dos grupos: uno de ellos hizo vida normal; al otro se le limitó el tiempo que pasan en redes sociales a diez minutos por plataforma. Así durante tres semanas en las que examinaron ciertos aspectos, entre ellos la depresión, ansiedad o la soledad.

Las conclusiones a las que han llegado no son sorprendentes pero sí interesantes: "Usar redes sociales menos de lo normal, lleva a una disminución significativa tanto de la depresión como de la soledad. El efecto es particularmente pronunciado para las personas", explica el estudio.

¿Despedida para la redes sociales?

Los artífices del estudio insisten en que los resultados no invitan a los jóvenes a dejar de utilizar las redes sociales en su totalidad, ya que ese es un objetivo poco realista en el mundo en el que vivimos, donde estas plataformas han alcanzado una importancia muy superior a la que se esperaba en sus inicios.

Como detallan, "es paradójico que reducir el uso de redes sociales en realidad nos haga sentir menos solos". Pero esto solo indica que nuestra relación con estas plataformas, de algún modo, consiguen aumentar comportamientos que nos hacen estar mal.

Si lo que este estudio concluye es verdad, habría que analizar por qué utilizamos herramientas que nos hacen sentir más solos y deprimidos.