Para cualquier aficionado a los cómics, Stan Lee siempre ha sido un nombre indefectiblemente ligado a la editorial Marvel y, sobre todo, al nacimiento de la época dorada de los superhéroes de las viñetas. No fue el creador de los supertipos con capa –DC Comics ya había publicado la primera historia de Superman en 1938– pero sí fue él quien los hizo humanos, quien convirtió a los dioses del papel en criaturas vulnerables con las que los lectores se podían sentir identificados.

Él fue el padre del incomprendido y atormentado Hulk, de la extraña familia disfuncional formada por Los 4 Fantásticos (un hombre, su mujer, el hermano menor de esta y un amigo cercano de todos ellos), de los marginados mutantes de la Patrulla X (aunque los X-Men no alcanzaron su esplendor hasta más de una década después) y, sobre todo, de Spider-Man, un joven empollón que de repente adquiría habilidades sobrehumanas por la picadura de una araña radiactiva.

Estos no fueron sus únicos personajes, hubo muchos más: Iron Man, Thor, Daredevil, Doctor Extraño, Los Vengadores... La lista, si se incluyen villanos y demás personajes secundarios, es inmensa.

Muchos aseguran que, como en el caso de Steve Jobs y Steve Wozniak, siempre fue su compañero –en la mayoría de los casos el dibujante Jack Kirby– quien asumió la mayor carga creativa. Pero es innegable que, del mismo modo que el fallecido cofundador de Apple, Stan 'The Man' Lee supo impulsar, con su carisma y su visión de negocio, la industria del cómic.

En ese momento, el famoso guionista ya era una leyenda para millones de aficionados en todo el mundo, pero a principios del siglo XXI, con el inicio del actual y más que rentable universo cinematográfico superheroico, Stan Lee traspasó una nueva frontera y, a base de simpáticos cameos, con su característico bigote, pelo canoso y gafas oscuras, se convirtió en un icono para las nuevas generaciones.

De este modo, poco a poco, el abuelo mimado de Marvel fue dejando de ser el prestigioso creador de algunos de los héroes de ficción más emblemáticos de la historia de la cultura pop para convertirse él mismo en uno de esos personajes. Nadie como Stan Lee ha traspasado con tanto tino y asiduidad la frontera entre la fantasí y la realidad.

Más allá de sus cameos en las películas, gracias a la magia de la tinta y como si fuera un superhéroe más, Lee se ha topado cara a cara a sus creaciones en numerosos cómics y series de animación. De hecho, él es el mentor de un nuevo supergrupo en la reciente Stan Lee's Cosmic Crusaders. Su imagen ha inspirado juguetes, figuras de acción y numerosos muñecos de la popular colección Funko POP! Y, por supuesto, ha tenido apariciones estelares tanto en Los Simpson como en The Big Bang Theory, algo que solo grandes como él o Stephen Hawking (maestros de la ficción y la realidad respectivamente) pueden decir.

Por todo ello, este 12 de noviembre de 2018, millones de aficionados a los cómics, al cine de superhéroes y a la fantasía en general, dejan caer una lágrima, una gota de tinta o un pésame digital, entristecidos por el fallecimiento de Stan Lee pero conscientes de su inmortalidad como creador de superhéroes y como superhéroe en sí mismo.