Brent Booth; 21 years old; Des Moines, Iowa; $30, 1990–1992. Philip-Lorca diCorcia
Philip-Lorca diCorcia viaja a Los Ángeles en los años 80 y en el bulevar de Santa Mónica empieza a retratar a personajes de las calles, mendigos, chaperos, prostitutas y perdedores. PHILIP-LORCA DICORCIA

La soledad se come al ser humano. O eso se desprende, al menos, de un estudio conjunto publicado por la Universidad Autónoma de Madrid y el Centro de Investigación Biomédica en Re de Salud Mental (CIBERSAM) a principios de este año.

Los datos son realmente preocupantes. Bajo el título Asociación entre la soledad y la mortalidad, el informe concluye que la soledad tiene relación con varios problemas de salud, tanto física como mental, que se traducen en depresión, alcoholismo, problemas cardiovasculares, del sistema inmunológico, Alzheimer o insomnio afectando, por cierto, en mayor medida a hombres que a mujeres (ellas tienden a admitir mucho antes que tienen problemas).

Fuera de España, algunos países ya están empezando a tomar cartas en el asunto. Sin ir muy lejos, Reino Unido anunció en enero la creación de una Secretaría de Estado de la Soledad para combatir un mal que, se estima, afecta a 9 millones de personas en este país. Según datos de su Gobierno, publicados en aquel momento, 200.000 personas no habían tenido una conversación con algún amigo o familiar en el último mes.

En nuestro país, el Ayuntamiento de la capital acaba de presentar Madrid te acompaña, un programa de actividades sociosanitarias, políticas y culturales que quieren "visibilizar la realidad creciente de quienes experimentan una soledad no deseada. Un reto de salud pública al que se enfrentan las grandes ciudades, no solo por los severos efectos que tiene sobre la salud física y mental de quienes la padecen, sino también por el progresivo aumento del número de personas que se ven afectadas por ella", dicen desde el Ayuntamiento.

Dentro de este programa se encuentra La NO comunidad. A modo de ensayo sobre la soledad en el tardocapitalismo, una exposición en la que casi 60 artistas nacionales e internacionales reflexionan sobre la idea de la soledad y los males que ésta conlleva y provoca a quienes la sufren. "Aborda la soledad desde el cuestionamiento de la idea de comunidad, de esa no comunidad que tiene que ver con la ruptura del vínculo social en la sociedad actual", explican sus responsables.

Abierta al público en CentroCentro hasta el próximo 27 de enero y comisariada por Blanca de la Torre y Ricardo Ramón Jarne, la muestra cuenta con un Gabinete Central de Espejos y Retratos que obligan al espectador, en cierto modo,a implicarse de forma personal en ella, reflexionando sobre la facilidad con la que la soledad puede apoderarse de nuestras vidas. Para ello, se han seleccionado obras con espejos de creadores como Pilar Albarracín, Mitsuo Miura o Rafael Lozano-Hemmer, que se entremezclan con retratos y autorretratos de autores como Alberto García-Alix, Antonio Saura, Luis Gordillo, Cindy Sherman o Darío Villalba.

Otro de los capítulos de la exposición está dedicado a todos esos grupos de personas que viven en soledad en las ciudades contemporáneas como consecuencia del capitalismo: desde vagabundos e indigentes pasando outsiders y comunidades marginales. Es el caso de la fotografía perteneciente a la serie American Night de Paul Graham, que pone en tela de juicio el sueño americano; la performance Roadworks de Mona Hatoum en la que arrastra sus pies desnudos por una comunidad marginal de Brixton o el trabajo de Boris Mikhailov retratando a los más desfavorecidos de Ucrania. Philip-Lorca diCorcia y Trine Søndergaard se hace eco de la prostitución en las urbes y Antonia Wright presenta la interesante pieza de videoarte Are you OK? en la que intenta ver la respuesta de los viandantes ante sus sollozos en medio de la calle.

La inmigración así como las cuestiones de género e identidad aparecen reflejadas en la siguiente sección. La crítica al heteropatriarcado se instala en la obra de Richard Prince, Eva Lootz o Liliana Porter. Otras como Sigalit Landau, Marina Abramovic, Regina José Galindo o Shirin Neshat reflexionan sobre la soledad de la condición femenina sometida al poder político, militar y religioso.

También se aborda la soledad desde el duro punto de vista de los que están privados de la libertad como es el caso de la obra de Gonzalo Elvira, Nuria Güel o Artemio con presos o de la edad en los trabajos de Anthony Goicolea, Rineke Dijkstra, Sam Taylor-Wood o Jesper Just.

Para completar esta reflexión tan dura como necesaria sobre este mal de nuestros días, cinco artistas han creado obras ex-profeso para la exposición que quieren ofrecer soluciones o miradas alternativas: Eugenio Ampudia propone disfrutar vía telemática a través de canales OTT de Internet de huertos urbanos y la adopción de animales en refugios, Cristina Lunas unas vallas publicitarias con eslóganes que quieren llamar la atención sobre esa soledad económicamente rentable para el capitalismo, Concha Jerez reflexiona sobre la soledad del individuo que se desarrolla en privado y Fernando Sánchez Castillo rinde homenaje a la dura soledad de los emigrantes en pro un de una vida mejor. Por último, el colectivo Basurama y Dagoberto Rodríguez invitan a los visitantes a encontrarse en una instalación bautizada como Refugio contra la soledad.