Epitafios abocados al olvido

El cementerio inglés de Valencia, donde reposan los restos de los impulsores de las vías ferroviarias y del puerto, agoniza. Los ladrones han profanado tumbas.
El cementerio inglés sólo se abre en contadas ocasiones (Begoña Gómez).
El cementerio inglés sólo se abre en contadas ocasiones (Begoña Gómez).
Valencia tiene un auténtico museo al aire libre cerrado a cal y canto, y amenazado por el paso del tiempo y la desidia de unos y otros. Se trata del Cementerio Británico Protestante, situado discretamente frente al camposanto general.Destinado a dar sepultura a los británicos que llegaron con la industrialización a la ciudad en pleno siglo xix (ingenieros del puerto y el ferrocarril, marineros, exportadores, militares, antiguos cónsules...), sus tumbas son hoy testigos de otro tiempo. Maltratadas por el discurrir de los años, conservan cierto halo de sobriedad victoriana, y un encanto particular e irresistible.

Trevor Nicholas, un ingeniero industrial marítimo de origen inglés, ya jubilado, se ocupa del recinto. Afincado en Valencia desde mediados de los sesenta, se conoce como nadie a sus 325 moradores. «Éstos son los Morris, aquí reposa la familia Behn, éste es Alfred F. Bridge...».

Explica con resignación que los vándalos han entrado más de una vez «creyendo que aquí podía haber joyas». Se fueron de vacío, pero han dejado su impronta arrancando cruces o cadenas decorativas. Quieren rehabilitarlo, pero necesitan 50.000 euros. Como es privado y la Embajada del Reino Unido se hace la sueca, sólo se financian con entierros. El último fue el de las cenizas de Elena Scheunert, el pasado 22 de diciembre. El único letrero en castellano recuerda el año de construcción del pórtico: 1907. «Mi hijo tomará el relevo de todo esto cuando yo no esté». Trevor echa el candado hasta la próxima visita, que aquí son poco frecuentes.

Desde judíos turcos hasta brigadistas

El primer entierro del que se tiene constancia se celebró en 1831 en este camposanto, aunque el Ayuntamiento no dio su plácet legal hasta medio siglo después. Su objeto era albergar a los protestantes, aunque ha acabado alojando a toda persona no católica. Allí reposan desde judíos turcos que esquivaron el holocausto hasta posibles brigadistas internacionales de la guerra civil, pasando por el fundador del Club de Tenis Valencia.

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