Pedro Solbes
Pedro Solbes, en una entrevista con '20 minutos' (JORGE PARÍS). JORGE PARÍS

El ojo de Solbes mejora lentamente. Lo que ve el vicepresidente es que la inflación remitirá y que la desaceleración no disparará el desempleo. Lejos de sentirse mayor, como afirma el PP, dice encontrarse en plena forma: "Las nubes de la crisis me han ilusionado".

¿La idea de la rebaja fiscal de 40 euros es suya? ¿Es usted el padre de la criatura?

Es una idea que evoluciona. Inicialmente nos planteamos bajar la presión fiscal a las rentas del trabajo, que son las que han tenido menos margen de adaptarse a la evolución de los precios y las hipotecas. Se barajan distintas alternativas y al final se decide que una devolución lineal tiene ventajas desde el punto de vista de presentación y comprensión de la gente, y de facilidad de aplicación. En términos técnicamente puros otras fórmulas hubieran sido mejores pero ésta la gente la entendía mejor. Al final lo que se pretende es devolver 5.000 millones de euros que creemos que, como consecuencia de la mejor evolución de los ingresos, los tiene el Estado y no hay ninguna razón para no devolvérselo a los ciudadanos.

Si es tan bueno repartir el superávit, ¿por qué no se hizo el año pasado?

Porque hemos esperado a cerrar el mes de diciembre para saber con cuánto dinero contábamos. Ya sé que un cierto grupo político ha dicho que ellos lo habían propuesto, pero no era lo mismo. Lo que propusieron era la reducción de las retenciones en cinco puntos en función de la evolución del IPC. La reducción de las retenciones implica que no se paga este año pero sí el año que viene, y eso no tiene ningún sentido. Lo nuestro es una rebaja fiscal que incide sobre todo en las rentas del trabajo, tanto de activos como de pasivos, es decir pensionistas.

A CiU se le dijo que nones con el argumento de que era una medida inflacionista...

Se le dijo que nones porque eran cinco punto de retenciones que había que pagar al año siguiente.

Y porque era inflacionista.

Porque era mucho más dinero que se ponía en circulación.

Luego, aunque menos, esta es una medida que también tendrá efectos sobre la inflación...

Puede tener un cierto impacto en la demanda, no cabe la menor duda, pero pensamos que en la medida en que también la evolución de las tarifas detraerá algo de los recursos de los ciudadanos se compensará.

Por lo que dice, lejos de haber habido improvisación se trata de algo pensadísimo.

Esta medida se trabaja por primera vez hará unos seis meses y sobre ella se han dado varias vueltas. Lo que sí ha habido han sido correcciones a última hora para ir ajustando, si debía afectar o no a todo el mundo, si debería ser más progresiva o más lineal...

Sáquenos de dudas. ¿Es una oferta electoral o una iniciativa contra la desaceleración económica?

Es tan poco electoral que estaba ya en el programa del partido. Habíamos dicho que prestaríamos especial atención a no incrementar la presión fiscal y a devolver las rentas, especialmente a las del trabajo y a aquellas personas con menores ingresos. Es verdad que se nos puede criticar porque podía haber sido más progresiva pero no es menos cierto que cuando es lineal las rentas menores se llevan porcentualmente más que las mayores.

No se pretendía entonces actuar contra el enfriamiento económico.

Dada la dimensión de la economía española, pensar que 5.000 millones más o menos van a resolver el problema de la desaceleración, pues no. Yo pensaría que es una medida que ayuda a las familias a hacer frente a algunos de los gastos inmediatos que tienen. El PP la critica pero olvida decir que ha propuesto algo parecido: una devolución de 1.000 euros a las mujeres.

Entre el PSOE y el PP hay muchas cosas parecidas. Ambos proponen reducir el IRPF, eliminar el impuesto del Patrimonio, reducir el de Sociedades. Nos están, en definitiva, ofreciendo lo mismo.

Las elecciones no se suelen decidir por la economía; sin ser ajena, no es fundamental

No. Estamos ofreciendo algo radicalmente diferente. El PSOE está ofreciendo una rebaja de 5.000 millones de euros para, en cierta medida, mantener la presión fiscal al mismo nivel que el actual, más alguna cosita más como es el cheque bebé y algún otro tipo de beneficio. El PP lo que ofrece como novedad es -parece ser porque seguimos sin saberlo- un tipo exento hasta los 16.000 euros. Si es sólo hasta los 16.000 euros, es una medida que cuesta más de 5.000 millones; pero si -como resultaría lógico- los que ingresaran más estuvieran exentos hasta esa cantidad la medida costaría 25.000 millones. Y si añadiéramos las restantes ofertas del PP, estaríamos hablando de 30.000 millones. Por lo tanto, hay dos cifras cualitativamente muy distintas. Pensando en que el margen de maniobra que los Ministerios tienen hoy para gasto es de unos 60.000 millones de euros al año, uno puede pensar que 30.000 millones sólo se pueden sacar reduciendo algunas políticas. De lo que estamos hablando es de dos concepciones distintas del papel del Estado. El PP es mucho más favorable a un sistema de pensiones privadas, una educación privada, aunque tenga elementos de financiación pública, un sistema de Sanidad privada; a nosotros nos gusta una Sanidad pública potente, una Educación pública potente y un sistema de pensiones público potente. 

¿Pagamos muchos impuestos?

En estos momentos nuestra presión fiscal, los impuestos que pagamos, es del 38% del PIB. Somos en la Unión Monetaria el tercer país con impuestos más bajos. En general, los nórdicos tienen niveles más altos de impuestos porque tienen políticas públicas de gasto más potentes. ¿Se deben bajar mucho más los impuestos en España? La tesis más liberal dice sí porque el gasto privado es más eficiente. En pura teoría económica, esa es una filosofía que se puede aceptar, pero cuando uno ve el caso clásico de las pensiones cabe preguntarse si es más eficiente un sistema privado que uno público. Puede ser que se gestione mejor... si no hay sorpresas. Pero cuando hay sorpresas como las que hemos tenido en el mundo financiero, la opción privada plantea problemas muy graves. En el tema educativo y en el sanitario ocurre prácticamente lo mismo. Curiosamente, las enfermedades largas y costosas suelen trasladarse del sector privado al público, porque no se hace frente a esa situación.

De lo que se deduce que el vicepresidente, por principio, es contrario a bajar los impuestos.

El vicepresidente es favorable a establecer un razonable nivel de imposición, y creo que el que tenemos, que es de los más bajos de la UE, es bastante razonable. No hay que ir a una lucha loca para bajar impuestos. Si por circunstancias económicas tenemos más ingresos no me importa devolver esos impuestos a los ciudadanos, pero ese mínimo de ingresos tiene que ser suficiente para hacer frente a las políticas necesarias para mantener una sociedad equilibrada. Es mucho más fácil no tener impuestos y que la sanidad, la educación o las pensiones sean privadas, pero eso implica una sociedad desigualitaria.

Hablemos de inflación. Quizás por ciencia infusa se afirma desde el Gobierno que los precios se contendrán a partir de marzo.

Algo puedo aportar con mi experiencia (...) Las nubes de crisis me han ilusionado

No es un problema de ciencia infusa. Históricamente, este país ha tenido una inflación más alta que la media europea por una serie de razones estructurales. Desde que entramos en la Unión Monetaria nuestro diferencial de inflación ha sido como media de 1,1 puntos por encima; ahora, cuando todo el mundo se rasga las vestiduras, es de 1,2. Lo que ha sucedido en los últimos meses es una subida en estampida del petróleo, una subida enormemente fuerte de los precios de la alimentación y todo eso ha generado una inflación de costes muy importante. En España aumenta más la inflación por varios factores: consumimos más petróleo y tenemos menos impuestos; en alimentación estamos en muchos productos al principio de la cadena; y es verdad que también hay deficiencias en el sistema de formación de precios y en algunos casos los costes de intermediación son más caros. Hay campos en los que conviene introducir más competencia, y estoy pensando en el teléfono, la electricidad, los transportes municipales, RENFE, hipotecas, etc. 

Dígame. ¿El pan y la leche van a seguir subiendo en los próximos meses?

Van a seguir subiendo. Aquí tenemos el siguiente problema: hemos tenido una muy mala cosecha en Europa, en Estados Unidos, Canadá y Asia, y esto ha coincidido con un factor que en el caso del pan es una demanda de cereales muy fuerte en Asia. Deberíamos esperar que la demanda no siga creciendo tanto y que la cosecha no sea tan mala. Hemos adoptado una serie de medidas en la UE, como ha sido liberar suelo para producir más. Necesitamos un año para tener los nuevos cultivos. Cuando el presidente y yo decimos que esperamos una desaceleración de precios en el segundo semestre lo hacemos porque la inflación se compara en relación con el año anterior. Si el precio del petróleo ha pasado de 50 a 100, ha subido un 100%; pero si de 100 subiera a 150, ya sólo subiría un 50%. Nadie espera que el precio del petróleo siga subiendo tan rápidamente, y hasta es muy posible que baje. Por ahí se va a producir una cierta bajada en la inflación a partir del momento en que los precios subieron mucho el año pasado. Si no hay grandes sorpresas, a partir del mes de marzo o abril veremos una caída comparativa de la inflación.

¿Sigue convencido también en el caso de la inflación que lo mejor es esperar y ver, como recomendaba con la desaceleración?

Primero hay que entender las causas por las que se producen los problemas. El hiperactivismo en economía no me parece sensato. Luego hay que definir muy bien los objetivos, y en tercer lugar, actuar. Tenemos un problema propio que se llama construcción y otro importado que se llama situación financiera internacional. El problema de la construcción estaba detectado desde hacía tiempo, éramos conscientes de que se iba a r produciendo una cierta desaceleración, y por otra parte lo que habíamos propiciado desde hace años era cambiar de un modelo de menor valor añadido a otro de más I+D, de más servicios, más industria, más exportaciones, etc. Este modelo está funcionando y, por tanto, no es cierto que no se hayan tomado medidas. En el problema del contexto financiero internacional, incluida la inflación, las grandes responsabilidades de actuación están en los bancos centrales. La Reserva Federal ha reducido los tipos y el BCE los ha mantenido para no disparar la inflación, pero dando liquidez a los bancos para que funcionen. ¿Qué podemos hacer ahí nosotros? No podemos inventarnos un nuevo banco central. Podemos hacer algunas cositas: hemos hecho una nueva ley de hipotecas, para abaratarlas; hemos puesto una línea de crédito de 7.000 millones de euros para la financiación de pequeñas y medianas empresas en bienes de equipo, para que no tengan los problemas de liquidez que tendrían si dependieran más de los bancos; hemos hecho una línea del ICO para apoye a los bancos y que los bancos den dinero a las empresas que están construyendo vivienda protegida, que es lo que sigue haciendo falta.

Tendrán que decirle a los bancos que después de tantos años forrándose deberían abrir la mano con los créditos...

No hay que ir a una lucha loca para bajar los impuestos

Los bancos tienen ejercicios anuales y se olvidan de lo que ha sucedido en ejercicios anteriores. Por último, en política fiscal nosotros estamos muy cómodos. Veo la crisis, no diría con relajo, porque no es cierto, pero sí con una cierta tranquilidad y con preocupación porque sé que la crisis está ahí, las dificultades están ahí, y si se acentúan en EE UU y entra en recesión, la crisis nos puede afectar. Estoy tranquilo porque tenemos un sistema financiero magnífico, porque tenemos tres millones más de personas trabajando, porque hemos capitalizado mucho la economía y porque nos hemos ocupado de reducir la deuda del Estado en 12 puntos y en tener un superávit presupuestario, que si es necesario lo utilizaremos en caso de dificultad. Todavía no es necesario ir a unas políticas de choque, que a mucha gente le gustaría. Eso se hace cuando la situación es muy mala, y estamos hablando de un crecimiento en el último trimestre del 3,5%. ¡Claro que la desaceleración económica nos va a costar dinero! El desempleo nos va a costar más dinero y nos va a cambiar las cifras. Hay que guardar las armas importantes que tenemos por si llegan momentos de mayor dificultad que la actual, que es peor que la del año pasado, pero que sigue siendo envidiable cuando la comparamos con cualquier país de Europa.

Se ha empezado a destruir empleo, pero no sólo en construcción sino también en el sector servicios, como muestran los datos de enero.

Hay que tomar en consideración que el mes de enero es verdad que es de rebajas, pero en el sector comercio el mes de Navidad ocupa a mucha gente, el año pasado fue especialmente bueno y este año ha sido peor. Sigo pensando que una parte de la gente que salga de la construcción va a entrar en servicios, y en algunos servicios cuya actividad ha caído ahora. Somos conscientes que hace falta más gente en el sector de la distribución, y habrá una parte importante que vaya a servicios sociales.

¿Sería un drama que la economía creciera por debajo del 3%?

No, en absoluto. España ha sabido crear empleo siempre que ha crecido por encima del 2%. Y es verdad que ha podido generar paro a veces creciendo por debajo del 3%., pero eso es consecuencia de una mayor incorporación al mercado de trabajo. Ahora hay menos españoles que se incorporan al mercado de trabajo y también se está reduciendo lentamente el incremento del número de inmigrantes, por lo que lógicamente dispondremos de menos gente. Soy más optimista en cuanto a la creación de empleo y en que no aumentará tanto el paro en una situación de algo de caída económica como la que vamos a vivir.

¿Corren peligro los proyectos de infraestructuras o las políticas sociales?

Una de mis obsesiones ha sido el superávit presupuestario. Ello suponía que iba bajando la deuda. Tiene sentido atesorar pero para hacer algo y cuando llega el momento de las dificultades esos recursos hay que utilizarlos. España tiene una deuda del 33 o el 34% del PIB y nos cuesta un punto de PIB al año. Quiere decir que en términos actuales nos estamos gastando en pago de intereses menos de 30.000 millones de euros. Con esos márgenes tenemos la garantía absoluta de que no van a pararse ni las políticas de infraestructuras ni las políticas sociales, sobre todo aquellas que compensan de la situación económica.

¿La fórmula de los cheques que está usando el Gobierno le complace especialmente?

Es un tema atractivo que empezó en su día el PP con el cheque de 100 euros a las madres trabajadoras, pero a mi el cheque me crea una contradicción, y que no se entienda que me refiero a los 400 euros: los impuestos no tienen que tener un carácter negativo; no estoy en contra de la subvenciones a las familias con menos ingresos pero eso no se debe hacer por la vía fiscal ni como cheque fiscal.

¿Será la economía la que decida las elecciones?

Las elecciones no se suelen decidir por la economía. Hay ejemplos en que con una mala situación económica se ganan las elecciones, incluso con mayoría absoluta, y con una buena situación económica se pierden. No es un tema ajeno a las elecciones, pero no es el fundamental.

No parece ser lo que piensan los dos grandes partidos. Zapatero le coloca a usted como mascarón de proa y Rajoy a Manuel Pizarro.

Ambos partidos ha tratado de lanzar un mensaje de tranquilidad, de decir que si las cosas vienen mal dadas va a haber gente con una cierta capacidad para responsabilizarse y hacer frente a los problemas económicos. Creo que ese ha sido el mensaje.

¿Está halagando a Pizarro?

Respeto a Manuel Pizarro. Le conozco hace muchos años. Procede como yo de la Administración pública. Optó por dedicarse al mundo financiero. Ha sido un triunfador y ha hecho las cosas muy bien. Se ha ocupado de llevar a cabo una actividad empresarial absolutamente respetable y digna, y creo que lo ha hecho bien. También le digo que está muy lejos de lo que en este momento hay que plantearse en una economía global. Evidentemente, respecto a la economía, su enfoque es más de empresario y el mío es mucho más de alguien que lleva muchos años metido en la Administración y en el Gobierno de países, tanto a nivel nacional como internacional para hacer frente a este tipo de situaciones. Mi respeto hacia el señor Pizarro es total.

Llevan tiempo retándose a un debate. Lo primero que hizo usted fue una referencia al tamaño de su billetera. ¿Le favorece que Pizarro sea rico a la hora de debatir con él?

Nunca me he referido a la posición personal del señor Pizarro en el tema económico, que respeto absolutamente.

Dijo que la capacidad de ahorrar de Pizarro era distinta a la de un mileurista...

Dije que no era lo mismo ver el ahorro desde el punto de vista del mileurista o del señor Pizarro, incluso del mío propio, muy salvadas las distancias. Que el señor Pizarro sea rico no es ningún argumento para el debate que este país tiene que tener. Hay dos enfoques distintos, perfectamente lícitos: Manuel Pizarro cree necesario mucho más mercado y menos impuestos, y que eso generará una actividad económica y resolverá todos los problemas; y otros pensamos que hay que ser mucho más prudentes, que no hay que aumentar los impuestos sino utilizar lo acumulado en las vacas gordas como margen de maniobra para el futuro y, sobre todo en una situación de crisis, mantener unas políticas sociales, políticas activas de trabajo para que la gente que resulte excedentaria pueda dedicarse a otra actividad, es vital el subsidio de desempleo si hay dificultades, etc.

¿Considera usted que Pizarro sería un buen ministro de Economía?

Si el señor Pizarro me sustituye, cosa que veo poco probable, habrá cosas de lógica macroeconómica en las que yo podré estar de acuerdo y habrá otros aspectos de política económica en los que discreparemos totalmente.

Todo el mundo le veía jubilado, incluso usted mismo...

Yo también, sí.

¿Qué ha ocurrido?

Siempre dije que no tomaría mi decisión hasta que no llegase el momento. Me hubiera gustado esperar hasta después de las elecciones pero el presidente me pidió que tomara la decisión algo antes. Quería valorar dos cosas: si podía aportar algo en este nuevo contexto económico y ver cómo me sentía de ánimo. Precisamente por la mayor complejidad de la situación algo puedo aportar con mi experiencia y me encuentro físicamente bien.

¿Podría decirse que las nubes de la crisis le han convencido para quedarse?

Las nubes de la crisis me han ilusionado.

¿Se ha sentido puentado como vicepresidente económico?

Que nadie piense que en un Gobierno de 17 personas hay consenso en todo. El ministro de Economía tiene una misión fundamental, que es conseguir que las cuentas cuadren y, como los recursos son escasos, las tensiones del resto de ministros con el de Economía son permanentes. Eso sucederá siempre y no me preocupa. Luego hay elementos en los que uno puede tener discrepancias mayores. Ha habido algunos de ellos, pero en ningún caso las discrepancias han sido tantas como para que yo creyera que marcharme era mejor solución que quedarme. No estando siempre cómodo con algunas decisiones, he optado por quedarme porque creía que podía ser más útil. En cualquier empresa no siempre se está de acuerdo con el jefe y por eso uno no se marcha de la empresa a otro sitio.

¿Se le han dado garantías de que no habrá más ‘Sebastianes' en el horizonte?

El presidente sabe muy bien lo que yo opino sobre los distintos temas que se han producido a lo largo de este período y esa es la garantía que necesito.

¿Han sido ustedes intervencionistas?

Creo que no. Ha habido algún episodio que algunos pueden entender como tal, pero personalmente estimo que se ha sido menos intervencionista que en el pasado.

¿Se refiere al episodio de Endesa?

Cada uno que piense lo que quiera.

¿Qué ha sido por cierto de aquel deseo de conseguir "campeones nacionales de la energía"?

Yo nunca defendí los campeones nacionales de la energía.

¿En qué ha quedado aquel propósito?

La realidad es que es un mercado global. Si tenemos empresas que son jugadores a nivel mundial son campeones nacionales y mundiales y las que sólo se quedan de campeones nacionales sólo existen cuando tienen una protección muy fuerte.

¿Hicimos el canelo permitiendo la entrada a capital extranjero en las empresas eléctricas?

Se diseñó muy mal el sistema de privatización del sector energético.

¿Cuánto subirá este año la factura de la luz?

De momento está previsto que suba igual que la inflación, pero no olvidemos que la luz tiene un componente que es el petróleo y dependerá de su evolución. Lo que no parece razonable es que se pague menos que lo que son los costes.

"NUNCA ME HA GUSTADO EL CONEJO"

Adora: Estar en el Mediterráneo, bajo una higuera, viendo el mar con unos amigos con un poco de vino y un buen queso.

Detesta: La intolerancia y la radicalización.

Teme: A estas edades ya se temen pocas cosas.

Aspira: A jubilarme en cuanto termine mi trabajo.

Colecciona: Nada.

Una manía: Suelo ser metódico.

Un defecto: Muchos, el fundamental no dar frases muy contundentes y no decir las cosas muy claras; al final soy objeto de confusión y la gente no sabe muy bien si voy o vengo. Soy un poco gallego en eso.

Una virtud: Posiblemente la misma.

¿Reza? En el sentido clásico, no. Reflexiono alguna vez hacia dónde vamos, qué hacemos y si debiéramos tener una sociedad más justa.

¿Qué hace si se desvela de noche? Pongo la radio y hay veces, depende de la emisora, que me despierta más o me ayudan a dormir.

¿Escribe muchos e-mails? No. En esta última parte de mi vida escribo menos.

¿Come más conejo últimamente? Nunca me ha gustado el conejo. Sólo me gusta uno de mi tierra que, normalmente, no se ve por aquí.

¿Le preocupa su peso? Sí, pero no consigo reducirlo.

¿En qué caprichos gasta más dinero? Me gusta salir a comer por ahí con los amigos pero tampoco me supone mucho dinero.

¿Qué libros tiene en la mesilla de noche? De casi todo. Me gusta más el ensayo que la novela. Lo último que tengo y me está costando mucho acabarlo por falta de tiempo es Identidades asesinas, de Amin Maalouf.

Tres profesiones que le hubiera gustado ejercer: Empecé con el Derecho, acabé estudiando Políticas y mi profesión ha sido un poco la de economista. Me muevo en ese mundo.