Imagen de 'La novia de Frankenstein', de James Whale.
Imagen de 'La novia de Frankenstein', de James Whale. ARCHIVO
Como cada año, llega San Valentín: flores, canciones y películas románticas... o no tanto. Como amores, hay películas para todos los gustos, y el cine nos ha regalado pasiones con balas en lugar de besos, muñecas hinchables sustituyendo a mujeres o descuartizadores en el puesto de Romeo.

Pocos amantes tan violentos como los de Arthur Penn, Oliver Stone o Tony Scott
A tiros
Los que se pelean se desean, pero pocas parejas mostraban la violencia que, en 1967, exhibían Faye Dunaway y Warren Beatty en la piel de Bonnie y Clyde, donde entre atracos y tiroteos los protagonistas se debatían entre pasión y delincuencia.

La fórmula impactó entre los aficionados al cine, y si no que se lo pregunten a Quentin Tarantino autor de los guiones de Asesinos natos y Amor a quemarropa, que también relacionaban la violencia y el corazón.

Hay amores que van más allá de los bombones: Peter Coyote y Emmanuele Seigner se terminaban haciendo la vida imposible en Lunas de hiel, la particular versión de Polanski de las cosas del querer, y tampoco había mucha coherencia en Mi obsesión por Helena, proyecto de alto contenido erótico del que se bajó Kim Basinger que narraba cómo un cirujano se enamora de una paciente y, para no perderla, la amputa brazos y piernas y la encierra en una caja.

El cine ha demostrado que se puede amar a un monstruo o que los gorilas también se apasionan
Tu novio es un monstruo
Dicen que el amor es ciego y varias películas lo confirman. Una inolvidable es La posesión, la inquietante cinta de Zulawski sobre una mujer entregada a las garras de un monstruo. La fijación por las rubias de King Kong, la poética La Bella y la Bestia de Cocteau... mucho más cómica, pero también centrada en un ser espantoso y un hombre, es El Monstruo del Armario, donde una bestia asesina se enamora del periodista que la persigue al verle sin gafas.

En la categoría de románticas 'monstruosas' resulta imposible olvidar el apasionado Drácula de Coppola o el clásico La novia de Frankenstein, donde el doctor vuelve a conectar las máquinas para conseguirle pareja al monstruo hecho de retales.

El amor en los tiempos de Burton
Pocos le consideran un romántico, pero es uno de los cineastas actuales más obsesionados por el amor. De su variada filmografía, tres películas de Tim Burton resultan idóneas para ver en pareja: Eduardo Manostijeras, donde Johnny Depp y Winona Ryder (entonces novios en la vida real) viven un amor imposible; Pesadilla antes de Navidad (producida por Burton, tiene escenas y canciones de arrebatado lirismo) y por supuesto La novia cadáver, que cuenta la inviable relación entre un joven a punto de casarse y una muerta.

Pasiones que matan
Y es que hay amores que superan todas las fronteras. En Vértigo, James Stewart se enamoraba de una mujer fallecida; en Laura, Dana Andrews sucumbía ante la presuntamente difunta Gene Tirney y en otro clásico del cine negro, Perdición, una Barbara Stanwyck fatal bajaba por las escaleras muy viva, pero sin prometer nada bueno.

Hace poco Kaurismaki retomaba el amor como camino a la perdición con Luces del atardecer, aunque a veces ese mismo sentimiento puede sacar del infierno: qué se lo digan si no a Emily Watson quien, sublime en Rompiendo las olas, demostraba que no hacia falta el azúcar para mostrar un amor desatado.

'Dos en la carretera' o 'Secretos de un matrimonio' retrataron, de manera descarnada, el paso de los años y el amor
Como la vida real
Sin tantos excesos, abundan las películas románticas alejadas de los tópicos. Dos en la carretera era la agridulce crónica de una relación de décadas y su director, Stanley Donen, filmaba también una otoñal historia de amor entre Richard Burton y Rex Harrison en La escalera.

Aunque calificada por algunos como comedia, El apartamento también cuenta lo difícil que es quererse, y las parejas jóvenes no deberían perderse Antes de amanecer y Antes de atardecer, las cintas de Linklater sobre conocerse y desencontrarse. Para parejas más adultas, una interesante y reflexiva forma de celebrar el Día de los Enamorados puede ser viendo Secretos de un matrimonio, que disecciona las luces y sombras de tan sacra institución.

Besos y risas
Más accesible es Una chica de verdad, cuyo estreno en España se espera para los próximos meses: candidata al Oscar al mejor guión original, explica cómo un tímido solterón se decide por fin a presentar a su familia a la chica a la que ama. Sólo hay un problema: es una muñeca inflable adquirida en internet. No encontraba tantan compresión Gene Wilder y su oveja en Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo, ni el aviador con cara de cerdo que en Porcorosso suspiraba por una cabaretera.

Asiáticos, homosexuales o ambas cosas a la vez
La lista es inacabable y toca ir poniéndole fin. Acusados tantas veces de gélidos, los asiáticos nos han traído recientemente amores de mucha categoría: la extraña historia de Hierro 3, por ejemplo, o casi toda la filmografía de Wong Kar Wai, uno de los cineastas más apasionados de los últimos tiempos, con cumbres amorosas como Chungking Express, Deseando amar o 2046.

También de Kar Wai es Happy Together , descarnada y porteña visión del amor homosexual, un género en auge. Desde los amores prohibidos de Mi hermosa lavandería hasta los incomprendidos de Candy, el amor en el mismo género ha ido desde lo escabroso de La virgen de los sicarios hasta la explosión de los vaqueros de Brokeback Mountain.