La presencia de la diva del pop Madonna en la capital alemana, a donde llegó anoche en un avión privado, ha revolucionado a la Berlinale y trae de cabeza a los fotógrafos a la caza de las grandes estrellas del festival.


La cantante fue vista a la salida de un restaurante de lujo
Pese a que trató de pasar inadvertida, los paparazzi pudieron cazarla esta madrugada greñosa y sin maquillaje a la salida del restaurante francés de lujo Entrecote, donde tuvo casualmente como vecina de mesa a la ministra alemana de Sanidad, Ulla Schmidt.

Madonna ha realizado una visita relámpago a Berlín, de donde se espera que regrese a Londres esta misma noche, para defender su primera película como directora, la comedia Filth and Wisdom.

La cantante y, ahora, directora de cine, no acude a competición, sino que su película se exhibe en la sección Panorama, fuera de concurso, pero ello no quita que sea la presencia más esperada y, al parecer, más compleja de la 58 edición del festival.

Por todo el centro de prensa se colgaron carteles advirtiendo que hay "prohibición estricta" de fotógrafos durante la conferencia de prensa, en la que sólo se autorizará la presencia de un grupo limitado de cámaras de televisión previamente registrados.

Con ello se pretende limitar las fotografías a los pools previos y desfile por la alfombra roja, pero no mientras se somete a las preguntas de los medios.

Madonna, exitosa cantante pero irregular actriz, no quiere dejar nada de lo que rodea a su imagen al azar, de ahí estas medidas excepcionales.

Filth and Wisdom es la historia de un inmigrante ucraniano que llega a Inglaterra con pretensiones de convertirse en una estrella mundial.

El protagonista del filme, una especie de filósofo, poeta y multitalento, funda una banda de gitanos punk, convive con dos mujeres y es lo que se dice un maestro de la supervivencia, a base de empleos basura o a costa de los demás.