Carbón.
Carbón. EFE

La minería del carbón, tal y como la conocemos, tiene los días contados en España. Buena prueba de ello es el proceso de transición que está viviendo en estos momentos Castilla y León, una comunidad rica en recursos minerales que ha visto la necesidad de evolucionar desde la explotación no sostenible y abusiva del territorio a una nueva minería sostenible del siglo XXI.

Fruto de esas necesidades de la región y de la estrategia de innovación del Instituto de Competitividad Empresarial de la Junta de Castilla y León y en respuesta al plan de dinamización de las cuencas mineras aprobado en las Cortes de Castilla y León en 2016 por la mayoría de los grupos políticos ha surgido la Fundación ICAMCyL —Centro Internacional para el estudio de los Materiales Avanzados y las Materias primas de Castilla y León—, que busca, entre otros objetivos, "ser capaz de generar tecnología capaz de recuperar el carbón para otro uso que no sea quemarlo", apunta Santiago Cuesta, director general de ICAMCyL.

Los hechos hablan por sí solos: "En los últimos seis meses hemos logrado atraer casi un millón de euros en proyectos internacionales a la fundación, y en poco tiempo hemos empezado a llamar la atención no solo localmente, sino también a nivel internacional", sostiene Cuesta, también director general del Clúster para la Minería Sostenible y Servicios Asociados de la Península Ibérica, un conglomerado de 40 empresas que nació el pasado verano con la vista puesta en impulsar una industria más respetuosa con el medio ambiente para generar nuevas oportunidades y puestos de trabajo en el sector.

Para ello, uno de los ejes principales que la fundación está desarrollando se centra en revalorizar y restaurar las escombreras, fruto de años de explotación minera en el pasado, en línea con el plan estratégico de la UE en materias primas críticas, indican desde la fundación.

El carbón, clave en los materiales del futuro

En este sentido, la fundación ha apostado por la creación de un polo de innovación estratégico del carbono, ya que "este elemento de la tabla periódica que constituye la materia orgánica, que es parte del carbón como mineral, pero que también es la base de materiales avanzados tan de moda como el grafeno o los nanotubos de carbono", añade Santiago Cuesta.

¿Qué usos prácticos puede tener? "Nos permitirá hacer refuerzos en aleaciones, pantallas flexibles, baterías con un alto rendimiento en el almacenamiento de energía...", enumera Cuesta. "A día de hoy, eso se extrae del grafito, pero es un material muy escaso y muy caro", subraya. Aunque reconoce que el mercado del grafeno y las nanofibras de carbono "todavía es pequeño", esta panorámica cambiará "en los próximos 10 años".

Y ahí es donde entra esta fundación: "Lo que tratamos es potenciar, desarrollar tecnología para, en 10 años, considerar el carbón como materia prima para esos materiales avanzados. Podríamos utilizar el carbón para crear los materiales del futuro, y entonces eso ayudaría a revitalizar todas esas zonas de la comarca del Bierzo y norte de León, para así asegurar su futuro".

En el horizonte más próximo de esta fundación está la creación de un Think Tank —laboratorio de ideas— para trabajar con todos los agentes de la región del Bierzo —industria, empresas, partidos políticos, sindicatos, asociaciones medioambientales...— en "cómo generar ese polo de innovación para que estén todas las visiones", concluye Cuesta.

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