La sala es gris, oscura y descuidada. Sólo tiene una ventana que da a un interior, y hace frío. Sin embargo, cuando Víctor enciende la música y se pone a bailar, se llena de árboles tropicales, arena y sol. De pronto sube la temperatura del ambiente y casi puede olerse el aroma del mar.

Víctor viene de la República Dominicana. Enseña sus bailes –bachata, salsa y merengue– en diferentes salas de Madrid. Van dirigidos para todo tipo de gente, desde los que parece que bailan encerrados en una caja de cerillas hasta los que se mueven como si acabaran de romper las cadenas que los atan. Cualquiera que sea el caso, cuando se viven las clases de Víctor es casi imposible no ponerse a sonreír. «Para nosotros, éste es un momento de mucha alegría. El baile tiene mucha vida», cuenta Víctor. «Además, a diferencia de algunos bailes latinos que también se practican, por ejemplo, en Estados Unidos o en Cuba, nosotros bailamos muy sueltos. Es una forma de relajarnos. Refleja nuestra forma de vivir y de ser. El cómo somos los dominicanos. No planificamos escenas para mostrar a los demás. Todo lo que hacemos es improvisación pura. Mostramos lo que sentimos en cada uno de los momentos».

Según Víctor, el baile es tan importante entre la gente de su país que las mujeres bailan más cuando están embarazadas, así los hijos van haciendo suyo el ritmo desde antes incluso de nacer. El baile tradicional de la República Dominicana siempre ha sido el merengue, aunque ahora lo que se ha popularizado más en el mundo es la famosa bachata, conocida internacionalmente gracias a los archiconocidos discos de Juan Luis Guerra.