Unos 300 menores de edad son detenidos cada año en Santiago, en la mayoría de los casos por faltas como las peleas callejeras y los actos vandálicos contra el mobiliario urbano. Lo más preocupante para las fuerzas de seguridad es el incremento del gamberrismo nocturno por parte de adolescentes. La subida de este capítulo, que se cifra en torno a un 15% anual, se debe a la cada vez mayor presencia de jóvenes que no han alcanzado los 18 años en la movida compostelana. Cuando un menor es detenido, el hecho se pone en conocimiento de sus padres o tutores, que deben enfrentarse a diferentes sanciones.