Melisa Faghir
Melisa Faghir, autora de 'Con sangre y lágrimas', una novela autobiográfica sobre su huida de Irán. ED. SAMARCANDA

A sus 33 años, Melisa Faghir ha vivido ya la que probablemente sea la experiencia más traumática de su vida. Con tan solo 10 años y de la mano de una mafia, que las abandonó en España, tuvo que salir de Irán junto a su madre y su hermano de 7 años huyendo de un padre mentalmente enfermo y maltratador y de un país que les obligaba a vivir con ese "violento" progenitor. Ahora acaba de publicar Con sangre y lágrimas (editorial Samarcanda), un libro autobiográfico en el que narra el horror de ser "un refugiado en tierra de nadie".

¿Por qué huyeron de Irán?

Mi padre sufría una enfermedad mental muy grave y los médicos no recomendaban que viviéramos con él. Pero en Irán, cuando una mujer se divorcia pierde todos los derechos sobre sus hijos. Pese a la recomendación de los médicos, mi madre no consiguió que le dieran nuestra custodia. Así que acudió a una mafia para que nos llevaran a Los Angeles (EE UU), donde teníamos familia.

¿Por qué una mafia?, ¿no había otra opción?

Hay muchísimas personas que huyen porque temen por su vida. Ningún país te ayuda y la gente se ve obligada a contratar a las mafias. No está bien, pero a veces no queda otra, porque nadie sale de su casa por gusto.

¿Qué pasó para que acabaran en España?

En Irán no existe embajada de EE UU desde 1979. El único país que le daba visado a mi madre era España, pero no queríamos quedarnos aquí porque no conocíamos a nadie. Sin embargo, una vez en España la mafia nos dejó tirados.

¿Qué sintió cuando llegó a Sevilla y vio que se tenía que quedar aquí?

Una sensación tremenda de vacío. Me preguntaba "¿cómo he llegado hasta aquí?" Era un sitio que no sabía ni dónde estaba. Lloré mucho.

¿Y ahora? Usted hablaba de ser una "refugiada en tierra de nadie".

Ya no, ahora soy una más.

¿Qué Irán dejó cuando se marchó y qué Irán cree que encontraría ahora?

Dejé un país injusto, donde no existe libertad de expresión y no puedes rebelarte contra el Gobierno. Lo dejé mal y va a peor.

¿Volverá alguna vez?

Regresé con 21 años, pero después de escribir este libro no podré volver nunca, aunque quisiera. Pero sinceramente, no quiero. Me gusta mi tierra, su gente y su cultura, pero no las injusticias.

¿Qué siente cuando ve la situación de otros refugiados?

Me pongo en el lugar de quien ahora está pasando por lo que yo pasé hace 21 años y se me ponen los vellos de punta. Es muy duro. Aquí existe el concepto de que hay muchas ayudas para los refugiados, pero no es verdad. Las ayudas económicas son solo para quienes tienen hijos y además son temporales. Donde de verdad hay que ayudar es a la hora de integrarlos en la sociedad y ayudarles a encontrar trabajo, esa debería ser la prioridad.

¿Por qué escribió este libro?

Fue una terapia. He visto cosas que otras personas no verán en toda su vida, cosas muy duras, una tragedia.

Debió ser muy difícil emocionalmente el proceso de escritura, revivir la pesadilla.

He llorado mucho, pero también sirve para desahogarse.

¿Y lo ha superado?

No hay una cura al 100%, pero estoy mucho mejor. Aprendemos a vivir con ello, no queda otra.

Visto con perspectiva, ¿qué fue lo más duro de su experiencia?

Podría decirle tres cosas, pero prefiero que la gente las lea en el libro.

¿Y algo positivo?

Por supuesto, ver que tengo ese don para escribir y transmitir, algo que no sabía que tenía. Aunque en este libro no he tenido que utilizar para nada la imaginación, algo que sí haré en los próximos.