Halloween
Un grupo de adolescentes disfrazados por Halloween. EFE/EPA/SERGEY DOLZHENKO

Los malvados de las películas de terror como Valak de La monja, Venom, The Purge, Annabelle, Jason o los payasos diabólicos son los disfraces más vendidos en Amazon. Es decir, es fácil que los niños se encuentren con adultos ataviados de semejantes maneras por la calle o en fiestas privadas en torno al día de Halloween.  En cuanto a los disfraces destinados al público infantil que más ha vendido estos días esa plataforma de comercio online, evidenciando un sesgo de género innegable, son de hombre lobo y esqueleto en el caso de los niños y de reina del baile gótica, 'Skelita Calaveras' y Harley Queen para las niñas.

Dejando apartado el debate sobre si Halloween está fagocitando o no la tradicional celebración del Día de Todos los Santos, lo cierto es que disfrazarse "puede ser una actividad muy positiva para los niños" y cualquier iniciativa que la promueva "es bienvenida". 

Así lo asegura Sonia López, madre, maestra y psicopedagoga y formadora de familias. López, que emplea los disfraces en sus terapias, explica que en su colegio trabajan mucho con disfraces y que están especialmente indicados entre los niños más pequeños. "El disfraz facilita mucho a algunos niños superar la timidez, a expresar lo que sienten. A nivel educativo tiene muchas potencialidades. Yo creo que deberíamos disfrazarnos más a menudo, no solo en Halloween o carnaval".

Esta experta resume que "los disfraces cumplen una importante labor pedagógica en el ámbito social, cognitivo, psicosocial y afectivo-emocional. Potencian la imaginación, la creatividad, las habilidades comunicativas, mejoran la empatía, la espontaneidad, la expresión y la  coordinación y pueden transmitir conocimientos y normas".

Pero donde hay luces, siempre acechan sombras. María Jesús Campos, psicóloga especialista en psicología infantil y juvenil,  destaca, nada más ver la selección de disfraces infantiles más vendidos, "la hipersexualización de las niñas, que es brutal. Hay una diferencia radical entre el niño y la niña, en el maquillaje, en las poses con las piernas abiertas y la cadera hacia fuera". 

"No debería haber unos disfraces para niña y otros para niño. De hombre lobo o muerte pueden ir disfrazados tanto un niño como una niña, pero es cierto que en los catálogos los diferencias perfectamente". Campos apunta además a que siempre hay una exposición mayor del cuerpo de las niñas, "los de los niños son con túnicas largas o pantalones, los de las niñas con minifaldas, mangas cortitas...  Yo soy partidaria de que no deberían diferenciarse así, menos aún si hablamos de niños de siete o diez años. Me parece una aberración".

"Los niños no son conscientes de esa hipersexualización, porque es algo que ven incluso en sus series. A esas edades no se lo cuestionan", reconoce la psicóloga, que recomienda que los padres se sienten y lo trabajen con ellos, ayudándoles a abrir los ojos. ¿Cómo? "Por ejemplo preguntándoles si les parece adecuado que una niña se pueda disfrazar de muerte, aunque solo vengan niños con ese disfraz en el catálogo".  

María Jesús Campos sabe que "hay padres que tampoco son conscientes. Dicen "mira que mona la niña con su maquillaje y su faldita corta",  pero hay que analizarlo si queremos un empoderamiento de nuestras niñas, porque si no al final son estímulos que van impregnando a los niños y tienen consecuencias".

"Otro problema de muchos disfraces, sobre todo los de Halloween, es que muchos tienen complementos muy bélicos. Yo no entiendo por ejemplo que un padre se plantee disfrazar a su hijo de seis años lleno de sangre. Y hay máscaras que son muy agresivas, que a los adultos nos hace mucha gracia, pero a los niños no". Añade Sonia López.  La psicopedagoga también ha visto y no considera convenientes los disfraces  "con connotaciones religiosas, estereotipos raciales o relacionados con el alcohol o el tabaco. A un padre le puede parecer muy gracioso un niño pequeño con una botella de Jack Daniels de mentira en la mano, pero no tiene sentido".

Dejando la hipersexualización y el componente violento de hachas y guadañas de los disfraces infantiles a un lado, Halloween tiene la característica particular de construirse sobre personajes relacionados con el miedo.

"Hay niños que ven los monstruos en plan fiesta, es algo muy gracioso y puede quitar peso negativo a esos personajes. A esos niños que lo viven de manera positiva, pues adelante, es fantástico. Pero también hay niños que ven a otras personas disfrazadas y lo pasan mal aunque sepan que es un amigo o un vecino caracterizado.  Incluso lo viven con angustia aunque se lo intentes explicar. Hay que respetar la postura del que lo lleva peor". Y por supuesto, "nunca ridiculizar".

María Jesús Campos recuerda casos de niños de hasta diez años en cuyos colegios se permiten de manera voluntaria los disfraces en Halloween y que ese día no quieren ir a clase, "esa sensación de que hay un niño que va a venir corriendo a darles un susto hace que lo pasen muy mal".  La psicóloga entiende y ve las ventajas de que en los centros lo permitan, de que especialmente  aquellos centros  bilingües lo aprovechen y que las AMPAS hagan fiestas de disfraces, "pero te puedes encontrar en horario lectivo situaciones de tensión, niños en Infantil llorando en los pasillos porque ven a los mayores disfrazados de monstruos", y cree "que los centros escolares deberían hacer sondeos para ver si los alumnos quieren y están preparados". Apunta como posible opción que "los niños mayores lleven los disfraces en la mochila y se busque el momento para disfrazarse, cuando los pequeños no estén presentes".

Cómo elegir un buen disfraz infantil 

¿Cómo encarar entonces el hecho de que nuestros hijos se disfracen en Halloween de una manera positiva?.  Campos recalca en primer lugar "permitirles que ellos elijan el disfraz", porque con frecuencia los niños van vestidos de personajes de terror que desconocen, "que muchas veces son imposiciones de los padres".  ¿Qué quiere ir de Cenicienta? Ningún problema en que no sea un disfraz vinculado al miedo, hay que respetarlo. "Igual que hay que respetar que hay niños a los que no les gusta disfrazarse", añade la psicóloga.

"Yo hay veces que le pregunto a algún niño, sobre todo a los pequeños de qué va disfrazado, y me contesta "no sé, mamá me lo ha puesto". El disfraz tiene que salir del niño, al niño le tiene que gustar", coincide López.

La psicopedagoga también es partidaria de que el disfraz, o al menos parte de él, sea hecho en casa.  "Es mucho más creativo y en el momento que compartes tiempo buscando ideas,  haciéndolo, probando maquillajes, compartir esa experiencia es muy educativo".

¿Qué pasa entonces si el niño propone uno de esos disfraces inadecuados, por violentos o hipersexualizados?. "En ese caso hay que analizar con él el motivo por el que quiere disfrazarse así y ver qué connotaciones tiene para él". Aquí María Jesús Campos tampoco es partidaria de imponer la prohibición sin más, "sino de sentarse con ellos y dialogarlo, algo que ayuda a los padres a reconocer el tipo de gustos que tienen sus hijos y a identificar si la elección nace de una iniciativa propia del menor o por presión social del grupo".

"Cuando yo he tenido que elegir un disfraz con mis hijos, ya les he dado previamente las alternativas que me parecían adecuadas. Así es mucho más fácil y te evitas el conflicto. Si te metes en un centro comercial en el que hay cien disfraces de los que normalmente 75 son inadecuados para la edad de nuestros hijos, seguro que vas a tener el problemón", recomienda Sonia López.

Otros aspectos prácticos a tener en cuenta

La OCU recuerda cada año por estas fechas la conveniencia de extremar el cuidado a la hora de disfrazarnos y, sobre todo, disfrazar a nuestros niños. El maquillaje no debe aplicarse en exceso y hay que comprar productos de calidad, en los que se especifique su composición y evitando fragancias y parabenos como el propil o el butilparaben. Por supuesto, hay que limpiar bien el rostro tras su aplicación. 

Mucho cuidado con las lentillas de fantasía, que en ningún caso son recomendables en los niños. Igual que es preferible usar pelucas antes que espráis para teñir temporalmente el pelo.  

El disfraz debe estar elaborado con material no inflamable. Si es para un niño, es buena idea lavarlo antes de ponérselo o al menos airearlo durante 48 horas. Los accesorios deben ser de goma, no metálicos, y no deben ser de piezas pequeñas para los niños menores de tres años.

Ojo además con las capuchas o caretas que dificultan la visión y propician los accidentes, igual que con los largos que invitan a los tropezones. La prioridad si hablamos de un niño es que pueda jugar a gusto y sin riesgos.