Bebé enfermo
Un niño de corta edad tomando un antipirético. GTRES

Las enfermedades que más frecuentemente se transmiten en los colegios, entre niños, son catarros y gastroenteritis. Leves, por mucho que puedan resultar molestas y complicar el día a día de las familias, y con diferentes causas.

Pero más allá de esos problemas respiratorios y gastrointestinales, hay otras enfermedades que también pueden contraer los niños en su etapa escolar y que conviene conocer, sin alarmismos.

El listado de las enfermedades infecciosas y parasitarias recogido en este texto parte del último informe del INE, con datos del Instituto de Salud Carlos III de 2015 con las enfermedades infecciosas y parasitarias de declaración obligatoria más frecuentes. También de las declaraciones a 20minutos de Luis Sancho, jefe de pediatría del hospital Quirónsalud sur, y de Irene Maté, pediatra de atención primaria en un centro de salud de Madrid, sobre lo que más habitualmente llega a sus consultas.

Un buen número de ellas (varicela, tos ferina, paperas...) entran en los calendarios de vacunación y debería sobrar recalcar que, además de lavarse manos, saber cómo toser y no llevar niños enfermos al colegio, la mejor protección que podemos dar a nuestros hijos (y a toda la sociedad) es cumplir con las vacunaciones establecidas.

Para tener más información sobre estas enfermedades o sobre otras que no han sido recogidas, la Asociación Española de Pediatras de Atención Primaria (AEPap), dispone de la página web Familia y salud a disposición de las familias.

La gripe en los niños

Es la enfermedad de declaración obligatoria más frecuentes, con 731.513 casos registrados en 2015 en niños y adultos y a mucha distancia de la segunda de las enfermedades que hay que reportar: la varicela, con 179.255 casos.  El doctor Sancho explica es probablemente la más frecuente también entre niños, no solo entre la población general, "porque no todos los niños se vacunan, solo los de riesgo".

Normalmente cursa con síntomas leves, hasta el punto de no poder distinguirla de un catarro; pero puede tener complicaciones con niños menores de dos años, prematuros, con el sistema inmune comprometido (por un tratamiento contra el cáncer o un trasplante por ejemplo) o con enfermedades crónicas (cardíacas, metabólicas, renales, etc.).  La vacuna es efectiva en un 70% de los vacunados a partir de las dos semanas del a vacunación, pero en los niños es algo menos útil. Los efectos secundarios de la vacuna (fiebre, malestar y dolores musculares) son más frecuentes en los menores de doce años.

Se trata de una enfermedad muy contagiosa cuyos virus cambian y que se puede contagiar desde un día antes de notar los síntomas hasta siete días después. Los antibióticos no sirven contra ella, sí el paracetamol y el ibuprofeno para aliviar las molestias.  Hay que acudir al pediatra si notamos en el niño una respiración acelerada o dificultosa, si el niño está muy adormilado o irritable, tiene un color aculado en torno a la boca o en las extremidades, o le salen pequeñas manchas rojas en la piel.

Varicela

Es una enfermedad que entra en los calendarios vacunales. Considerada como propia de la infancia y muy contagiosa, produce ampollas acompañadas de picor y también puede provocar fiebre y dolor de cabeza. Se contagia desde uno  o dos días antes de la aparición de los síntomas y no deja de serlo hasta que todas las lesiones tienen costra.

Luis Sancho explica que la varicela que se ve "normalmente es una varicela de niño vacunado. Antes se ponía una sola vacuna que no era suficiente, pero pasaban una varicela muy ligera, sin fiebre casi siempre, pocas lesiones y buen estado general. Pero ahora se está vacunando dos veces, en los bebés y en niños de cuatro años, y ya no vemos prácticamente varicela".

El tratamiento se basa en antipiréticos (también llamados antitérmicos, para bajar la fiebre) y, si el pediatra lo considera oportuno, en antihistamínicos para combatir el picor.  Solo en los casos de más riesgo el médico puede considerar recetar un antiviral. Tampoco aquí los antibióticos sirven de nada. En niños inmunodeprimidos, adultos y a veces niños sanos puede tener complicaciones serias, como neumanía e incluso encefalitis (inflamación del cerebro). Las personas que han pasado la varicela siguen albergando al virus en los ganglios nerviosos y puede derivar con los años en un Herpes Zóster. 

Bronquiolitis

La infección respiratoria más frecuente en niños menores de un año durante el invierno, casi siempre causada por virus (normalmente el Virus Respiratorio Sincitial o VRS). No tan habitual ya en la etapa escolar.  Se presenta como un catarro con dificultad para respirar que puede incluir los famosos pitos o silbidos. 

Se trata lavando bien las vías nasales con suero, teniéndole en posición un poco incorporada para que respire mejor y manteniendo al niño bien hidratado. Si le cuesta trabajo respirar (se le marcan las costillas), le suena mucho el pecho, tiene mal color, no quiere comer o vomita mucho, tiene fiebre alta hay que acudir al pediatra y no es raro que se produzcan ingresos hospitalarios. Ni los antiobióticos, los broncodilatadores, los corticoides o las medicinas para tos y flemas están indicados salvo que el pediatra las recete por el motivo que sea. 

Para la mayoría de los niños el cuadro es leve y dura entre siete y diez días, aunque algunos síntomas leves pueden prolongarse hasta cuatro semanas. Las precauciones (y los riesgos)  se incrementan en los bebés menores de tres meses, con enfermedades relacionadas con las vías respiratorias, en los nacidos prematuros y en los bebés con síndrome de Down.

Mononucleosis

Conocida como la enfermedad del beso porque se transmite por el intercambio de saliva, apenas hay transmisión por objetos.  Normalmente el responsable es un tipo de herpes virus llamado de Epstein-Barr y su tratamiento se basa en hacer reposo, estar bien hidratado y tratar la fiebre. Solo en pocos casos se prescriben antibióticos por la existencia de una bacteria en las amígdalas.

Es peliagudo el hecho de que el periodo de incubación es muy largo. Desde que nos contagiamos hasta que se manifiestan los primeros síntomas (malestar, falta de apetito y cansancio) pueden pasar de dos a seis semanas, en adolescentes aún más tiempo. Cursa normalmente con fiebre alta, inflamación de faringe y amígdalas y en la mayoría de los casos no hay complicaciones y se recuperan totalmente solos. La complicación más habitual es la hepatitis, más raras son la obstrucción de vías aéreas o rotura del bazo. 

Cabe destacar que en los niños pequeños es más leve. La fase de fiebre que puede durar de una a dos semanas en adolescentes y adultos, en ellos suele durar uno o dos días. Se calcula que el 90% de la población la ha pasado.

Boca-mano-pie

Se suele dar en niños de entre dos y diez años, solo ocasionalmente se da en adolescentes y adultos, y suele cursar de forma leve. Aparecen pequeñas ampollas y llagas (exantema) primero en la boca y luego en las manos y pies (aunque pueden aparecer en otas partes del cuerpo), también fiebre, inapetencia y malestar general. 

Normalmente al final del verano y en otoño y se contagia por el contacto directo entre personas, ya que el virus está en las secreciones del enfermo. La enfermedad dura entre tres días y una semana, siendo al inicio cuando hay más posibilidades de contagio. La recuperación se da sola, tratando únicamente la fiebre con antitérmicos y ofreciendo mucho líquido. 

Las complicaciones son muy raras, pero conviene consultar al pediatra si el niño no quiere comer o beber, las llagas duran más de diez días, orina oscuro o poco y si está muy irritable, decaído o se queja de dolor en el cuello.  

Tos ferina

Es una enfermedad muy contagiosa de la que hubo 8.471 casos (niños y adultos) registrados en 2015 causada por la bacteria Bordetella Pertussis. Comienza como un catarro (el periodo en el que es más contagiosa), pero pasada una o dos semanas surge una tos intensa que se produce sobre todo de noche y puede provocar vómitos al niño. En adolescentes y adultos los síntomas son menos claros, puede ser que una persona que haya tenido más de dos semanas de tos intensa sin tener asma haya pasado en realidad por esta enfermedad. 

"La tos ferina es una de las más peligrosas en los bebés, pero en estos momentos se está vacunando a las madres durante el embarazo, por lo que los niños en el principio están protegidos", explica el doctor Sancho.  También lo es en niños de grupos de riesgo, como aquellos con enfermedades crónicas, problemas respiratorios. El problema es que puede provocar una dificultad respiratoria muy grave.

Se trata con antibióticos y la mejor prevención es la vacunación, que se realiza en varias dosis (la primera al cumplir los dos meses) porque la protección que ofrece la vacuna no es de por vida.

Paperas

De nuevo otra enfermedad que se combate siguiendo el calendario de vacunación; la vacuna, que se pone junto a la de la rubeola y el sarampión, suele proporcionar inmunidad de por vida.

Se puede contraer a cualquier edad, aunque suele darse entre los dos y los doce años, sobre todo en invierno y primavera. Consiste en la inflamación de la glándula parótida, que es una de las tres glándulas salivares. En torno a una tercera parte de los afectados no tienen síntomas. El periodo de incubación puede oscilar entre doce días y casi un mes. Pueden darse complicaciones que afectan al sistema nervioso central provocando meningitis o encefalitis, al nervio auditivo causando sordera, al nervio facial, al páncreas y a los órganos reproductivos.

Causada por un virus, de nuevo los antibióticos no son la solución y no hay un tratamiento específico, sino que toca tratar paracetamol o ibuprofeno en caso de que aparezca fiebre o dolor. Conviene tomar muchos líquidos y comidas que no requieran masticar demasiado y evitar los alimentos ácidos.  

Tuberculosis

La tuberculosis es una de las principales causas de mortalidad en los países en desarrollo, dónde es muy frecuente.  La mejor prevención es la vacunación, que no se incluye en el calendario de España. Según los datos recabados por el INE, en España hubo en 2015 4.552 casos sumando los distintos tipos de tuberculosis.

Causada por una bacteria, se transmite por la saliva; si nuestro sistema inmune no es capaz de controlarla y eliminarla, se convierte en una tuberculosis activa o enfermedad tuberculosa. La infección tuberculosa no suele tener síntomas o tenerlos muy leves e inespecíficos. En la enfermedad tuberculosa, si el órgano afectado es el pulmón (lo más frecuente) habrá por ejemplo tos, dificultad respiratoria o dolor en el costado.  Más rara vez se aloja en otro órganos. En los niños puede darse la meningitis tuberculosa y la diseminada.

Los niños, especialmente de menos de cinco años, son los que más se contagian de adultos que la tienen y en torno al 10% desarrollarán la enfermedad. El periodo de incubación puede oscilar entre pocas semanas o varios años.  Tiene un tratamiento farmacológico que es largo pero con una tasa de curación alta.

Oxiuros o lombrices intestinales

Son unos gusanos muy pequeños, filamentosos, que afectan a millones de niños en todo el mundo y que no causan daño, únicamente picor en la zona del ano, a veces también en los genitales. A veces en las niñas también puede dar lugar a irritación vaginal con molestias al orinar.  También son causantes de sueños intranquilos y pesadillas, porque se activan cuando el niño duerme. No producen dolor abdominal.

Se  les puede ver en las heces y en torno a la zona perianal, como pequeños hilos blancos. Su contagio no tiene que ver con animales (solo afectan a los seres humanos) o con el consumo de  golosinas (una leyenda urbana muy extendida).   El contagio se produce por llevarse a la boca los huevos, que pueden estar en objetos, alimentos, agua, piscinas...

Se cura de manera rápida y fácil con medicamentos que matan al parásito adulto, aunque pueden producirse reinfecciones. Precisamente el alto grado de reinfección hace que sea difícil eliminarlos en las aulas. Para eliminar los huevos hay que ducharse por la mañana y cambiar y lavar con frecuencia la ropa interior y de cama, además de lavarse bien las manos con frecuencia.  

Pediculosis o piojos

Aún más frecuentes que las lombrices, comparten también con ellas la frecuencia de reinfecciones. Son pequeños insectos que se alojan exclusivamente en la cabeza, alimentándose de sangre. La picadura no duele, pero provoca una reacción alérgica que produce picor. No vuelan ni saltan, pero se mueven muy rápido por el pelo y pasan de una cabeza a otra, si están juntas, con facilidad. El contacto por tejidos, como sábanas, gorros o peines, es muy poco probable. El riesgo de contagio es menor si se lleva el pelo recogido o corto.

Hay niños que tienen piojos con más facilidad que otros, que parecen inmunes a las infestaciones que se producen en sus aulas. En los niños menores de dos años es eficaz cortar el pelo para erradicarlos, pero hay productos eficaces si se siguen las instrucciones del fabricante y se combinan con el uso de liendreras. El mejor estudiado es la permetrina, un insecticida elaborado a partir del crisantemo.

Hongos en los pies

Es raro que se produzcan en niños pequeños, son más propios de los adolescentes. Hay distintos tipos: el pie de atleta, que se da entre los dedos, la tiña de las uñas  o la paroniquia. Las producen hongos similares al moho que viven en los tejidos muertos y gustan de ambientes húmedos y cálidos.  El diagnóstico es sencillo, aunque puede ser preciso hacer cultivos. Los tratamientos también, aunque eliminarlos del todo puede llevar mucho tiempo. 

Se trata con antiifúngicos o antimicóticos y llevando a cabo una buena higiene del pie. Y siempre que percibamos algún problema en los pies (enrojecimientos, uñas blancas, picor...) debemos consultar con el pediatra.

Para prevenirlo lo mejor es llevar a cabo una buena higiene, sobre todo tras practicar deporte. Limpiar y secar siempre bien los pies, cambiar de calcetines con frecuencia y no caminar descalzos en vestuarios, gimnasios o piscinas.