Ricardo Gómez
El actor Ricardo Gómez, en una imagen reciente. GTRES

Le conocimos con pantaloncitos cortos y jugando en un descampado, mirando con asombro el mundo a su alrededor. Pero desde aquellos primeros capítulos en Cuéntame cómo pasó de 2001, Ricardo Gómez ha crecido. Físicamente, mucho, y profesionalmente, aún más. Actor afianzado a sus 24 años, hace doblete entre Cuéntame y su papel de Alejandro Lamas en Vivir sin permiso (Telecinco, lunes a las 22.40h), donde da vida a un joven homosexual que sale con el hijo de un capo mafioso (José Coronado) que ve tambalearse su imperio.

¿Como fue su llegada a Vivir sin permiso?
Cuando se trabaja con un equipo tan profesional como el de la serie estas cosas se convierten en algo muy sencillo. Arranca un proyecto nuevo y no tienen en cuenta de dónde viene nadie, se ponen manos a la obra y a trabajar.

Háblenos de su personaje...
Alejandro es el novio de Carlos Bandeira, el hijo de Nemo Bandeira. Es un profesor de instituto y, en este ambiente donde todo el mundo está pringado en el mundo del narcotráfico, él representa la bondad dentro de ese universo tan oscuro. Él intenta alejar a su novio de los errores de su padre.

¿Aún pide consejos para interpretar?
Por supuesto. Mi modus operandi es pedir consejo a la gente que me rodea, a los más cercanos y que sean muy buenos en su profesión.

Es una buena política...
La gente de más confianza es en la que me apoyo si tengo dudas. Todo lo que sé lo he ido aprendiendo a base de preguntar a lo largo de mi vida. Cuando trabajo con gente muy buena, como en este caso José Coronado o muchos otros, que tienen mucha sabiduría, intento activar el modo esponja para captar todo lo que puedo.

Para ser así hay que tener el ego controlado y no pensar que se sabe todo ¿no?
Mi familia y yo hemos normalizado mucho mi trabajo, para que nunca pensara que hacía algo raro. Me dedico a una profesión de cara al público y muchas personas te conocen, eso altera tu vida en el día a día, sobre todo en la calle. Pero mi madre se ha encargado de hacerme ver que eso no me hace diferente... [una joven interrumpe la entrevista, telefónica, para pedirle un selfi. Ricardo accede con amabilidad].

¿Es muy normal que le pidan fotos?
Es que estoy en el metro. Supongo que es normal [risas], es bastante frecuente.

Me sorprende que siga usando el transporte público...
Es que lo he usado toda mi vida. Siempre me he movido en metro y en autobuses. A veces uso el coche, pero es que el centro de Madrid es un jaleo.

Vivir sin permiso es su primera gran serie fuera de Cuéntame, ¿tenía ganas?
Tenía muchas ganas, mezcladas con una sensación de vértigo y de saber que se abre una nueva etapa. En todo lo que haga a partir de ahora tengo que empezar de cero, da igual lo que hayas hecho antes y quién seas. Lo que importa es que a la persona que te vea le guste el proyecto y tu trabajo. También es importante que me sienta a gusto con lo que estoy haciendo.

¿No le da miedo salir de la zona de confort?
Todo lo contrario. En este trabajo solo se puede avanzar y crecer si se expone uno a sus miedos y sale de donde más cómodo se encuentra.

¿Hay que hacer eso también en la vida?
Va por ciclos. Hay momentos en los que estoy más por la labor de arriesgarme y otros en los que no.

¿Hace deportes de riesgo?
No, en ese sentido soy más conservador, me dedico al fútbol que no tiene mucho riesgo. He jugado federado toda mi vida, pero ahora solo juego con mis amigos.

¿En Vivir sin permiso ha hecho escenas de acción? ¿Le gustaron?
Sí, rodar escenas que se salen de lo cotidiano es muy interesante y muy divertido. Como persona normal, hay situaciones en las que es difícil que te vayas a ver envuelto y en un rodaje te puedes ver de repente con una pistola apuntándote. Eso te enriquece como actor.

¿Cuál ha sido su referente para este papel?
En ciertos aspectos del personaje, sobre todo a nivel estético, nos fijamos mucho en Errejón, al que usamos para darle una clave al equipo de vestuario.

¿Íñigo Errejón el político?
Sí, porque a lo largo de la primera temporada mi personaje entra en política y nos parecía un referente chulo.

¿Cómo creó el personaje?
Son dos etapas de trabajo. Primero la etapa individual, en la que cada uno prepara su papel en función de lo que le han contado o ha leído de los guiones. Yo le pedí a Aitor Gabilondo [guionista] un desarrollo de la serie para ver por dónde iba a ir el personaje, porque con el primer capítulo no me daba para hacerme una idea de su evolución.

¿Y la segunda etapa?
Haces ese primer trabajo en casa y después ya entras con el director, los guionistas, los compañeros de trama... y se trabaja todos juntos.

¿Habrá más capítulos?
Sí, estamos rodando la segunda temporada de la serie.

¿Le gusta rodar en exteriores?
Yo lo prefiero, porque es mucho más inmersivo, cuando tienes que realizar un proyecto a mí me gusta mucho dejarlo todo y meterme al 100% en el rodaje. Para eso, salir de mi ciudad me ayuda. Es duro, pero lo prefiero.

Salir de Ricardo le ayuda a meterse en su nueva piel...
Sí, desde luego. Ya me pasó con Los últimos de Filipinas, que la rodamos íntegra en Guinea y en Canarias y al final son dos meses y pico fuera de casa. Solo puedes relacionarte con tus compañeros y te sumerges en la historia. Lo he disfrutado muchísimo.

Y con sus compañeros, todos desplazados, ¿hablan de algo más que la serie?
Sí, lo hacemos, pero hay que esforzarse. Como en todos los trabajos, las conversaciones con los compañeros se vuelven muy endogámicas y te tienes que obligar a ver una película o a hablar de otros temas. Si no lo haces así, puede llegar a cansar. Hay que desconectar un poco el cerebro.

¿Se quita rápido los personajes?
Me intento quedar con las partes que me han enseñado algo, pero es más sano dejarlo atrás una vez que terminas el proyecto.