Carmen Remírez de Ganuza
La periodista Carmen Remírez de Ganuza, autora del libro 'Leonor, el futuro condicionado de la monarquía'. JORGE PARÍS

Tanto el rey Felipe VI como la reina Letizia han querido criar a la princesa Leonor apartada de los focos, lo que ha provocado que para la inmensa mayoría de los españoles sea una auténtica desconocida. En su libro 'Leonor. El futuro condicionado de la monarquía', la periodista Carmen Remírez de Ganuza plantea que, si bien esa actitud ha podido ser un acierto, ha llegado el momento de poner en escena a la heredera de la Corona. 

La analista de TVE, Telemadrid y Cadena Ser, que ha cubierto información de la casa real para medios como Cope o El Mundo, analiza la figura de la sucesora al trono y expone cuáles serán los retos a los que se enfrentará.

¿Por qué un libro sobre la princesa Leonor?
Porque creo que existe un vacío muy notable de conocimiento y de debate en la opinión pública sobre la heredera de la Corona. Es una figura muy desconocida cuya falta de perfil se une al vacío cultural que existe en España en torno a la Jefatura del Estado. Los españoles saben poco acerca de la monarquía porque a los 40 años de franquismo le han sucedido 40 años de democracia sin educación institucional al respecto. Lo único que saben es lo que tiene que ver con la prensa rosa o con las cloacas del Estado. Tampoco hay una política de comunicación por parte de casa real que supla este desconocimiento. 

¿Por qué se la ha ocultado tanto?
Los reyes han estado de acuerdo en que el mejor desarrollo para la madurez de la niña era preservarla de esa exigencia institucional. Pero la exigencia sigue estando ahí. Aunque han conseguido que la infancia de la heredera sea privada, ya en puertas de la adolescencia y a cinco años de su jura ante las Cortes, empieza a verse la necesidad de que los españoles la conozcan. La propia casa real es consciente de ello y ha iniciado su rodaje, con la ceremonia del Toisón de Oro en enero y con la visita a Covandonga en septiembre. Pero en mi opinión lo está haciendo de una manera excesivamente lenta. 

¿Cómo la describiría?
En principio es bastante más retraída que su hermana y cae menos simpática por ello, pero al igual que su padre y que su abuela paterna tiene una personalidad bastante fiable, en el sentido de que es metódica y disciplinada. Eso nos da esperanzas para apostar por una figura responsable. Pero es pronto para conocer su carácter definitivo. Tiene que pasar la adolescencia. 

De lo poco que se sabe de ella está aquel reportaje en el que se apuntaba que le gusta Kurosawa. ¿La benefició o la perjudicó?
En mi opinión la ha perjudicado. Es un reflejo del afán perfeccionista de la reina en la educación de su hija. Es muy bueno que la princesa conozca la cultura literaria y general en la que está creciendo pero tampoco es bueno trasladar la imagen de una marisabidilla. En mi opinión, no solo no responde a la realidad sino que no debería responder a la realidad. Se sabe que la princesa es una buena estudiante pero también que no es una alumna híper brillante o llena de matrículas ni tan cursi o intelectual. 

El gesto con su abuela Sofía en Palma, ¿fue el de una niña que actúa espontáneamente en un determinado momento o hay mala relación?
Creo que fue el acto de una niña que, ante la tesitura de tener que obedecer a una madre, que es la que ejerce el poder sobre su educación en un entorno familiar concreto y muy pequeño, y a una abuela, por muy real que sea, responde inconscientemente a la orden de quien domina en ese entorno familiar. Ese revés puso en evidencia la necesidad de que la heredera empiece ya a extender su educación y sus puestas en escena al papel que le corresponde. Sé que es muy exigente para una niña que va a cumplir 13 años pero esa exigencia está ligada a un empleo vitalicio, a una función vitalicia que es de extrema obligación y responsabilidad hacia España. Está bien la prudencia pero también hay que ser mínimamente arriesgado para apostar por una forma de Estado que nos ha dado los mejores años de la democracia en la historia de España.

¿No tiene entonces mucha relación con el resto de la familia?
Tiene relación con sus primos pero mucha menos de la que tuvo su padre con los suyos. Su núcleo familiar es mucho más estrecho. No es que haya roto con la familia pero el día a día es mucho más íntimo del que fue el de su padre. Generacionalmente ha habido una contracción de las relaciones familiares en la sociedad española. Ahora las familias son algo menos expansivas que antes. Pero es verdad que la princesa es heredera de unas relaciones familiares que se han complicado desde hace unos años a tenor del caso Nóos y de otros problemas.

¿Cuál es el papel que juega su hermana?
Muy importante porque las dos están siendo educadas y deben ser educadas en la misma función institucional, en la conciencia dinástica y en su responsabilidad para con España. Eso no debería dificultar la necesidad de poner el foco en quien tiene los máximos derechos, que es la princesa Leonor. Pongo un ejemplo: en Covadonga vimos a la reina Letizia atender solícitamente a la infanta Sofía para que no se sintiera de menos al lado de su hermana, que era la presunta protagonista. En mi opinión, esas atenciones de madre son perfectamente comprensibles, pero a nivel institucional lo que debería destacarse es la figura de la heredera.

Su futuro

Una de las cosas que plantea en el libro es la posibilidad de que estudie en Cataluña. ¿Sería una forma de distender las relaciones?
No sé cuál será el momento político exacto en el que se encontraría Cataluña cuando la princesa pudiera estudiar allí, pero sí que me parece positivo que se piense en la posibilidad de que la princesa, no solamente estudie o haga algún tipo de estancia prolongada en Cataluña, sino que tome posesión de alguna manera de sus derechos como princesa de Girona, un título más antiguo que el de princesa de Asturias e igual de importante para la Corona y para la unidad de España.

También esboza que pudiera decidir no casarse, tener una pareja de hecho, que sea homosexual… ¿Una institución tan tradicional se abriría a esas posibilidades?
La institución se va adaptando a los usos y costumbres de la sociedad a la que representa. Yo digo que sí, que se puede adaptar a todo tipo de situaciones pero siempre que se atenga a dos elementos: la Constitución, que de momento ni siquiera contempla expresamente el divorcio, y el principio de legitimidad. En la monarquía el derecho no es el mismo y creo que todavía es necesario que haya un matrimonio para que el hijo del sucesor sea legítimo pero esos no son problemas insalvables. Creo que si cambian las condiciones del principio de legitimidad, siempre que haya consenso sobre los mecanismos, habrá una sucesión legítima. 

¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrentará?
Aún en el caso de que el asunto catalán esté medianamente resuelto tendrá condicionamientos. Por ejemplo, habrá que ver si cuando reine el brote republicano se ha consolidado o se ha rebajado. Luego tendrá que conectar con su generación. Los jóvenes de su edad están mucho menos politizados, son muy indiferentes hacia lo público y la forma del Estado, muy pragmáticos y están muy conectados. Leonor va a tener que ser una reina muy conectada, más abierta y más a pie de calle que su padre, que sigue siendo un rey muy institucional. Y va a tener que construir su propio relato. Si Juan Carlos I era el rey de la democracia y Felipe VI es el rey del Estado, ella a lo mejor podría ser la reina de la igualdad, aprovechando su condición de mujer; una igualdad que no sería solo de género, sino de carácter social. El discurso social de la monarquía va a tener que estar mucho más acentuado de lo que está siendo ahora. 

¿Y las principales bazas con las que cuenta a su favor?
La principal es que su abuelo abdicó y eso salvó la monarquía porque con ello hizo borrón y cuenta nueva de los errores de sus últimos años de reinado. La otra es su padre, que está consiguiendo en muy pocos años cambiar el relato que instituyó su antecesor y que, para enmendar aquellos errores, ha instituido un modelo de monarquía muy austera, más transparente y decididamente ejemplarizante. Eso también es un condicionante, porque la princesa, en el momento que llegue al trono, no puede descabalgarse de ese principio de ejemplaridad. 

Prevé que reine pero algunas voces apuntan lo contrario.
Es uno de los supuestos a los que me enfrenté al empezar el libro. No descarto que eso pueda ocurrir pero mi impresión después de sondear a las élites del país, a los políticos, intelectuales y a los elementos sociales es otra. El futuro no es tan incierto como algunos lo retratan. No digo que Leonor vaya a reinar pero creo que tiene más posibilidades de lo que parece. Lo que abona la tesis pesimista tiene mucho peso porque es el rebrote republicano y los errores de la propia casa real. Sin embargo a favor tiene un sistema político que blinda bastante sus posibilidades de continuidad. España se beneficia más de la continuidad de la monarquía que lo que le perjudica.

Si la reina se quedase embarazada pillaría con la Constitución sin cambiar ante la posibilidad de que fuese un varón.
Existe un tabú según el cual esa circunstancia no se va a producir. Nadie ha explicado el porqué pero hay un consenso acerca de eso y es lo que ha tranquilizado al sistema político y ha dejado para más adelante la reforma. Probablemente ese tabú responda a la realidad y no exista un riesgo biológico ni físico de que esa posibilidad se vaya a producir pero aún así, en mi opinión, esa reforma es urgente.

La situación política en España

¿Cómo se consigue citar en la presentación de un libro a un ministro del PSOE [José Luis Ábalos] y al líder del PP?
Con mucho empeño y determinación personal. Y mucho convencimiento. Me costó mucho poner de acuerdo las agendas y que ninguno me fallara pero con ello no he querido solamente asegurarme el triunfo del acto sino trasladar un mensaje y es que la monarquía parlamentaria solo podrá sobrevivir con el apoyo, la determinación y la lealtad de los principales partidos y con su neutralidad en medio de esas fuerzas políticas. El PP y el PSOE siguen siendo, pese a que ya no estamos en el bipartidismo, los dos pilares sobre los que se apoya la Jefatura del Estado. 

¿Cómo ve la situación política del país?
Estamos en un momento singular en el que el Gobierno no tiene capacidad para gobernar, agravado porque en Cataluña también hay un Govern pero no hay realmente un ejercicio de Gobierno. Las instituciones están bastante paralizadas desde que se perdieron las grandes mayorías. España se está acomodando a una nueva situación porque el bipartidismo no va a volver. Se están produciendo muchas crisis, renovaciones... España va necesitando una normalización institucional que no llega y que estamos lejos de tener, sobre todo ahora, en vísperas de muchos procesos electorales.

¿Habrá adelanto electoral?
Habrá necesariamente adelanto electoral pero no va a ser inmediato. Creo que el Gobierno va intentar aguantar todo lo posible, esperar a que se produzcan las elecciones municipales y autonómicas. Si tuviera que apostar hoy, sería en otoño del 19, pero a lo mejor mañana diría que en marzo. A eso me refería, a que hay un exceso de inestabilidad y me temo que no va a cambiar en breve. Por eso la figura del jefe del Estado está destacando tanto entre toda esta inestabilidad política.

¿Las elecciones andaluzas serán un buen termómetro para ver qué podría pasar en unas generales?
Es un termómetro pero no definitivo. Creo que Andalucía es un caso aparte porque el PSOE andaluz no es el PSOE español. Es muy raro que haya una región en España, en Europa, que esté gobernada por un mismo partido desde hace 37 años. Es verdad que eso pudiera llegar a cambiar en estas elecciones pero los pronósticos no van por ahí. 

Y Cataluña, ¿por dónde pasa la solución del conflicto?
A muy corto plazo depende de la suerte de [Carles] Puigdemont, que tiene secuestrado tanto el Govern como el Parlament. Hasta que no se aclare cuál es ese destino o su papel no se va a poder despejar. El Gobierno de [Pedro] Sánchez está apostando a dividir la galería independentista, a apoyarse en ERC que está más posibilista, no así hace un año, y aislar a Puidgemnot y a [Quim] Torra. Esto es algo que ya intentó el PP pero que de momento al PSOE le está saliendo un poco mejor. En cualquier caso creo que la situación se resolverá muy largo plazo porque hace falta que el Estado apueste en serio por su presencia en Cataluña, no sé si a través de un 155 como pide la oposición o de otra manera, pero desde luego el Estado debe entrar en Cataluña con una presencia mucho más decidida, sobre todo a nivel educativo. Hace falta una apuesta por una Cataluña española, que los políticos en este momento, la mayoría constitucionalista, todavía no están haciendo.

En Brasil podrían elegir a un ultra como presidente, en Europa resurgen con fuerza los partidos de extrema derecha y en España se ha hablado mucho de Vox en los últimos días. ¿Ese tipo de formaciones cogerán fuerza en nuestro país?
Vox está defendido unas ideas muy minoritarias y anticonstitucionales pero sí ha concitado un sentimiento que es real: hay muchos españoles enfadados y lo que está haciendo es capitalizar ese sentimiento de encono contra la democracia porque no está sabiendo contrarrestar el desafío separatista, el de la inmigración u otros tantos. Creo que Vox puede tener una representación en las elecciones europeas, pero de momento se podría parangonar más a la que pudo tener [José María] Ruiz Mateos que a una corriente como la que ha representado Unidos Podemos, que viene a ser el espejo. Sería la extrema derecha frente a la extrema izquierda pero creo que hay menos agua en la piscina de la extrema derecha. Se verá, esto es hacer vaticinios pero creo que la enmienda a la totalidad que hace Vox del sistema limita sus posibilidades y me parece que no va a tener mucho recorrido en España.