Neus Roig
Neus Roig, presidenta del Observatorio de las Desapariciones Forzadas de Menores. ÁTICO DE LOS LIBROS

"No llores que vas a ser feliz", decía la carta de una supuesta madre a la hija que daba en adopción. Neus Roig, presidenta del Observatorio de las Desapariciones Forzadas de Menores, siempre tuvo claro que esa misiva no la había escrito una madre real. No daba excesiva importancia a esa obvia falsificación. Tras encontrar cuatro cartas iguales fechadas en tres décadas diferentes, los 60, 70 y 80, esas palabras parecen erigirse como un símbolo inequívoco de una trama, la de los bebés robados en España, que perduró desde el final de la Guerra Civil hasta finales del siglo XX.

Y pasó, por indicación de su editor, a ser el título de su libro No llores que vas a ser feliz. El tráfico de bebés en España: de la represión al negocio 1938-1996 (Ático de los libros), donde esta doctora en Ciencias Humanas y Sociales y antropóloga ha volcado los conocimientos de su tesis doctoral. En su obra, Roig establece una continuidad en esta conspiración, auspiciada por médicos, religiosos y el régimen franquista, que arrancó como una operación de represión inspirada en el nazismo y continuó transformada en una sórdida trama monetaria en plena democracia. Décadas de robos continuados con cifras que oscilan entre los 30.000 que calcula la Audiencia Nacional y los 300.000 que manejan algunas asociaciones y que muestran una España donde madres y niños estaban indefensos. En la primera sentencia judicial sobre uno de estos robos, el doctor Vela ha sido absuelto por prescripción de los delitos, de los que sin embargo sí considera culpable.

Como prueba viviente, Roig acude a la entrevista con Teresa, una mujer nacida en 1982 y adoptada, que cuando decidió buscar a su familia biológica descubrió que era una bebé robada. Ella es una de las propietarias de la mencionada carta.

Este documento a veces lo tenían los padres adoptivos, que se lo entregaban a sus hijos, y otras, lo encontraban cuando iban a los hospitales a preguntar...
Sí. En el caso de Peñagrande, cuando iban a buscar insistentemente la documentación al archivo se encontraban esa carta. Los de Peñagrande son adoptados mayoritariamente, eran de madres que supuestamente renunciaban voluntariamente al bebé y estos eran dados en adopción. Estas cartas eran una especie de mecanismo de defensa para que no se les rastreara más de la cuenta.

Dice que renunciaban voluntariamente al bebé "supuestamente"...
Cuando hablamos de maternidades como la de Peñagrande o de los conventos donde acogían a madres solteras estamos hablando de la represión que sufrió la mujer desde la posguerra hasta la democracia. El patronato de la Merced o el de Protección a la Mujer (desparecido en 1978) eran instituciones que velaban por la mujer caída. Cualquier chica que quedaba embarazada por el novio, la violaban o venía a servir a la ciudad y quedaba embarazada del señorito de la casa acababa en esas instituciones. Teóricamente, si querían podían quedarse con el bebé, siempre y cuando hubiera un hombre de la familia que se hiciera cargo o encontraran marido. Una de las víctimas de Peñagrande me contó que las ponían en el coro de la iglesia y si había un señor, habitualmente mayor, que llegaba y decía que alguna le gustaba la hacían bajar, le miraban hasta los dientes y si él lo decidía, se casaba con la chica y se hacía cargo del niño. Las exhibían como en un escaparate. Una madre soltera no estaba admitida en la sociedad. Su única salida viable era la prostitución.

Del origen nazi al desarrollismo...

Establece una continuidad entre la trama del franquismo, con un claro motivo ideológico, y los robos que se producen en democracia, por negocio...
Todo empieza con la represión a las madres republicanas. Vallejo Nájera importa a España los modelos nazis: él había estado en los Lebensborn. Ve que iban a hacer falta niños para la patria y decide retirar al menor de la madre republicana: no se le iba a poder quitar lo que llamaba "gen rojo", pero con educación se podía reconducir. Muchas familias registraban a esos niños como biológicos, porque hasta 1987 los adoptados no eran iguales y para que no tuvieran la marca de haber sido incluseros. Se veía como una manera de ayudar a los niños y como ayuda de salvamento para la perniciosa madre republicana.

Y evoluciona durante el franquismo...
A finales de los 50, España se quiere abrir al mundo y Franco recurre a los tecnócratas, muchos de ellos del Opus Dei. Se empiezan a dar ayudas para tener hijos. Las familias que no pueden, quedan marcadas. En ese momento comienza a crearse una demanda de recién nacidos. Algunas instituciones, algunas órdenes de monjas en concreto, van a ver el negocio. Está el ejemplo de las Hermanas de la Caridad de San Vincente de Paúl, que no tienen voto de pobreza. De ahí todo lo que la conocida Sor María tenía.

¿Ahí empieza el robo con fin lucrativo?
Había muchos nacidos fuera del matrimonio, muchas familias que no se podían hacer cargo de los hijos... En los hospicios, en las casas cuna, quedaban muchos niños y había que darles salida. Pero si adoptabas a uno de tres años, no podías colar a la familiar que lo acababas de tener.

Pero no se podía adoptar hasta que el niño los tuviera...
Eso es lo que establecía la ley, pero las familias adoptantes no era lo que querían. Ahí ciertas órdenes religiosas ven que un bebé tiene precio. Muchas veces iba una madre embarazada en paralelo con una embarazada de cojín. Era un arreglo: las dos familias pagaban y solucionaban dos situaciones. Pero llegó el problema que amenazaba ese doble negocio: empezaron a tener más demanda de recién nacidos que producción. En el 69 se legaliza la píldora anticonceptiva para los trastornos ginecológicos de la mujer. En esas fechas comienzan a robar niños a cualquier parturienta. No eran madres que estuvieran bajo el umbral de la pobreza. Cualquier mujer que fuera a parir podía encontrarse con que le dijeran que su bebé había muerto.

¿Cómo lo hacían?
Aplicaban la ley de 1958 que decía que para que un bebé pudiera ser tal tenía que haber sobrevivido 24 horas. Todo el que moría antes se consideraba feto. Como el aborto estaba prohibido tenían que constatar que aquello no había sido una inducción de aborto. ¿Cómo lo hacían? Con toda la documentación que se tenía que llevar al Registro Civil, lo que se llama legajo de aborto, toda la documentación que demuestra que esa criatura ha muerto de muerte natural. A partir de ahí, una vez que el juez del Registro Civil determinaba que había sido una muerte natural, se permitía el entierro, pero no podía participar la familia. Se cogía la caja, se llevaba al cementerio y se enterraba en fosa. Ese es el gran problema que hay con las exhumaciones. Esa práctica continúa y no se acaba en el 77. En el 77 entramos en democracia, pero el médico y la monja que estaban trapicheando lo siguen haciendo. Y a medida que van pasando los años el precio del niño sube.

¿Porque se vuelve una práctica más arriesgada?
No, porque la madre soltera a partir del 77 se puede quedar con su bebé. Ya no la pueden reprimir. En las décadas anteriores, con que una monja se presentara con un certificado de nacimiento en el Registro Civil y dijera que la madre se había acogido al parto anónimo, ese bebé se registraba sin identificación materna.

Si en esos años el precio sube, el poder adquisitivo e influencia de los compradores sería altísimo. Seguramente eso se relacione con la cortina de silencio que ha habido y hay con el tema...
Claro. Cuando entramos en democracia las víctimas madres suelen ser casadas y de primer parto. Hablamos de clínicas privadas, por ejemplo, en el caso de Teresa, de La Milagrosa. Te encuentras con una clínica privada a la que a lo mejor la madre va con el ginecólogo que la trata y ahí ya tienen el trapicheo hecho. No eran mayoritariamente ni tontas ni incultas ni pobres. En todo caso, bajo el entorno de la desinformación o la juventud.

"Cuando querían un bebé, elegían a cualquiera"

¿No hay entonces un perfil de mujer?
En cuanto a la madre, no. Hay toda tipología de mujeres. Empezamos con las republicanas, pasamos a las solteras, pero a medida que va transcurriendo el tiempo, cuando querían un bebé elegían a cualquiera... Si una persona paga dos millones de pesetas por una niña en la Barcelona de 1968...

Cita que podría haber niños robados para tráfico de órganos...
Hay alguna asociación que ha especulado con el tema, pero no tengo evidencias. Aunque ha pasado en casos de bebés robados en otros países. También se especula con que hubo ensayos clínicos con los niños de los orfanatos.

Las víctimas llevan años quejándose de la falta de apoyo estatal. Usted dice que es optimista con el nuevo director general de Memoria Histórica...
Porque lo conozco. Fernando Martínez López es el director principal de mi tesis. Intervino en la redacción de la Ley de Memoria Democrática de Andalucía, y ya hizo constar a los niños robados en ella. Conoce el tema. Con David Carracedo [diputado de Podemos] he hablado y tiene muy buena voluntad, pero la profundidad de conocimiento la tiene Martínez López.