'Dorothea Tanning. Detrás de la puerta, invisible, otra puerta' podrá visitarse hasta el 7 de enero
Dorothea Tanning. Deirdre, 1940. Colección particular DOROTHEA TANNING

En el invierno de 1943 las vidas de tres grandes personalidades del mundo del arte dieron un giro de 180 grados para ya nunca más volver a ser las mismas. Por aquel entonces, la prestigiosa galería The Art of this Century, propiedad de la coleccionista y mecenas Peggy Guggenheim, organizaba una exposición colectiva de mujeres artistas. El destino quiso que Max Ernst, uno de los padres del surrealismo y a la par marido de Peggy -a quien ésta había ayudado a huir de la barbarie nazi tan solo dos años antes-, fuese el responsable de realizar la selección final de obras que daría forma a la muestra.

Un día de nieve, en una de tantas visitas por distintos estudios, Ernst conocería a una artista llamada Dorothea Tanning. Ella relataría más tarde en sus memorias que Max se fijó en un autorretrato y preguntó cómo se titulaba. Cuando Tanning contestó que no lo había pensado, él decidió bautizarlo como Birthday. Luego pasaron varias horas jugando al ajedrez hasta que dejó de nevar. "Los días sucesivos nos dedicamos a jugar al ajedrez sin parar. Las capas calicinales de una cáscara antigua, o el decoro, me mantuvieron sentada en aquella silla puritana en lugar de tumbada en la cama. Hasta que pasó una semana y entonces ya vino para quedarse", escribiría Tanning. 



Peggy, claro está, se quedaría sin marido. Y aquel encuentro y aquel cuadro marcarían, a la vez, el inicio de una relación amorosa -que se prolongaría durante más de 30 años- y el despegue oficial de una de las pintoras surrealistas más importantes del siglo XX.

Poseedora de uno de los imaginarios más fascinantes de su época, Tanning había nacido en Galesburg, Illinois, en 1910, y comenzó a pintar de forma totalmente autodidacta. En 1930 se trasladaría a Chicago para estudiar en su Instituto de Arte y pocos años después daría el salto a Nueva York, donde trabajaría como ilustradora para los grandes almacenes Macy's. Allí, visitando la exposición Fantastic Art, Dada and Surrealism en el Museo de Arte Moderno vio claro que estos movimientos eran el vehículo que había andado buscando para dar vida a las escenas oníricas que poblaban por doquier su mente.

Ferviente defensora del arte como arma poderosa para crear nuevos espacios y provocar sensaciones e ideas que pueden ir más allá de lo real, el Museo Nacional de Arte Reina Sofía presenta esta semana la primera retrospectiva de la artista en nuestro país: Dorothea Tanning. Detrás de la puerta, invisible, otra puerta.

De esas puertas, tema recurrente y obsesivo a lo largo de su carrera, habló en 1974 con el crítico de arte francés Alain Jouffroy a quien confesaría que su primer arte exploraba "este lado" de la puerta, mientras que su arte posterior se dirigía al "otro" ofreciendo un "vértigo perpetuo" en el que una puerta, visible o invisible, conducía a otra puerta.



Tanning utiliza la puerta para dividir el espacio privado y público, en sus pinturas y esculturas los cuerpos se arquean o batallan contra la puerta, alcanzan la puerta medio abierta o se zambullen más allá de su marco sombrío. "La puerta era para la artista una invitación para entrar en un mundo de sueños y miedos", señalaba el director del museo, Manuel Borja-Villel durante la presentación.

Siete décadas de carrera

Del mismo modo, los visitantes deben prestarse para abrir una (o varias) de esas inquietantes puertas ("tú sacas el cuadro de su jaula", que diría la artista) y encomendarse a un viaje sin límites en el fondo y en la forma. El museo reúne más de 150 obras realizadas a lo largo de 70 años - Tanning murió superados los cien- y en los más variados formatos: pinturas, dibujos, collages, esculturas e instalaciones.

La exposición explora a conciencia la vida personal y la trayectoria de una artista que "abrió las puertas a una generación de mujeres rebeldes, que quisieron crear su propio lenguaje", como la define la comisaria Alyce Mahon.

Descubriremos cómo fue relación con Max Ernst - con quien se casaría en una ceremonia doble junto a Man Ray y Juliet Browner- basada en su pasión compartida por el arte y el ajedrez, ese juego "voluptuoso, cerca de los huesos", como ella lo definía. La presencia de las femme-enfant o niñas-mujer, que representan el paso de la infancia a la edad adulta, de la inocencia al despertar sexual; o su personal exploración de la familia en una de sus obras más atormentadas: Maternity.

En los años 60, Tanning abandona la pintura por la máquina de coser. Comienza entonces una prolífica producción de "esculturas blandas", precursoras de las de Louise Bourgeois, y que añaden al carácter surrealista de su obra el sentido del tacto y su poder fetichista. La suma de algunas de ellas dará lugar a instalaciones como Hôtel du Pavot, Chambre 202 (1970-73), donde miembros femeninos carnosos atraviesan las paredes de una habitación de hotel y, donde, cómo no, aparece una de sus omnipresentes e inquietantes puertas.

Poetisa octogenaria

Mujer inquieta y curiosa, Tanning cambiaría los pinceles por la pluma ya superados los 80. Ella misma llegaría a definirse como "la más vieja de los nuevos poetas emergentes". En 1986 publicaría su primera autobiografía, Birthday, y en el 2001, otra titulada Between Lives: An Artist and Her World. Su primer libro de poemas A Table of Contents llegaría en el 2004 junto a su novela corta Chasm: A Weekend. Poco antes de morir, en 2012, publicaría su segundo poemario: Coming to That.