Desperdicio de comida
Desperdicio de comida. CAPEANDO LA CRISIS

Una de cada diez personas pasa hambre en el mundo. Mientras que un tercio de la comida que compramos acaba en la basura. Estas cifras de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) evidencian el desajuste que existe a nivel mundial en la cadena alimenticia. En España, solo los hogares desperdiciaron un total de 1.229 millones de kilos de alimentos y bebidas en 2017, es decir, el 4,3% del total de su cesta de la compra anual, según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Sumando a los distribuidores e industria, son un total de 7,7 millones de toneladas de desperdicios al año.

De los 1.229 millones de kilos, 1.075 correspondieron a productos sin utilizar —"por deterioro o caducidad"— y 154 a recetas ya cocinadas. Estas cifras muestran una reducción del 5,7% del volumen de alimentos desperdiciados respecto a 2016, cuando se tiraron 74,5 millones de kilos de comida más, según el último Informe del consumo de alimentación en España 2017 eleborado por el Ministerio.

"En este último año se ha reducido en mayor proporción los desperdicios de platos cocinados que de productos sin elaborar, lo cual puede indicar una mejor adaptación de las raciones cocinadas al consumo de los miembros del hogar, el empleo de recetas de aprovechamiento o una mejor gestión de las sobras", reza el estudio.

Esta tendencia a la baja del desperdicio de alimentos se detecta especialmente durante las estaciones de primavera y verano (-9,4%), mientras que es en otoño e invierno cuando más comida tiramos. Si tenemos en cuenta el volumen de desperdicio per cápita, en 2017 fue de 26 kg al año, lo que supone unos 2 kilos menos que en 2016.

Según los datos del Ministerio, las familias cuyos responsables son más jóvenes serían las que más desperdician. "En cuanto a la presencia o no de niños y la edad de los mismos, los hogares con niños y en mayor medida los que tienen hijos de menos de 6 años serían comparativamente los que más desperdician", agrega el informe. Si atendemos al nivel de renta, las familias con mayores ingresos son las que más desperdician (son el 59% del total de hogares que tiran comida), mientras que solo el 15% corresponde a hogares de rentas más bajas.

En cuanto al tipo de alimentos desperdiciados, la fruta es la categoría que mayor volumen (32%) de desperdicios genera, seguida de las verduras y hortalizas (14%), lácteos (13%), pan (6%), carne (6%), bebidas (5,9%), sopas (2,5%) y pescados (2,4%).

Cómo no tirar nada a la basura

El autor del libro Los tomates de verdad son feos, Manuel Bruscas, cuenta que escribió el libro para "reflexionar y golpear conciencias" contra el desperdicio de alimentos. "Tiramos comida, y al mismo tiempo hay gente que muere porque no tiene nada que llevarse a la boca. ¿Cómo puede ser?", se pregunta.

En este trabajo, ilustrado por Alejandra Zúñiga, este activista sostiene que no solo los hogares son responsables del desperdicio de alimentos, sino que hay "muchos responsables". En este sentido, Bruscas afirma que los particulares pueden "hacer una lista de la compra, congelar, pedir un táper con las sobras en los restaurantes o comprar fruta y verdura fea" para evitar tirar comida al contenedor.

Por su parte, los supermercados y restaurantes podrían "donar los excedentes" y el Ejecutivo "crear leyes como la de Francia", que obliga desde julio de 2016 a donar a los bancos de alimentos, o ceder para consumo animal o fabricar compost para la agricultura, los alimentos que no hayan vendido y sean aptos para el consumo. Una medida que el 74% de los productores y el 67% de los distribuidores aceptaría positivamente según el último Barómetro del Clima de Confianza del Sector Agroalimentario realizado por el Gobierno en 2015.

En este mismo documento se recoge que el 87% de los distribuidores y el 46% de las industrias consultadas están a favor de revisar el sistema de las fechas de caducidad para alargar los plazos.

Iniciativas sociales

Existen varios proyectos como Ni las migas que persiguen reducir el impacto del desperdicio alimenticio y contribuir a un consumo más responsable. "A través de una aplicación móvil basada en la geolocalización pone en contacto a clientes con establecimientos —unos 40— que tienen comida en perfecto estado que no ha encontrado consumidor final. Mediante el móvil, los usuarios, también conocidos como 'migueros', reservan los productos a un precio menor que después recogen en los locales a la hora indicada", explican en su web. Esta app se ha descargado ya en 8.000 móviles y cuenta con "varios cientos" de usuarios. Los establecimientos adheridos, según el equipo de Ni las migas, "reducen en unos 28 kilos por trimestre" sus desperdicios.

Too good to go es otra start-up de funcionamiento similar que ha llegado a España recientemente pero que ya está presente en ocho países europeos y cuenta con más de 12.000 establecimientos asociados. "Cada año 1/3 de todos los alimentos producidos a nivel mundial se desperdicia. Si este desperdicio de comida fuera un país, se convertiría en el tercer país emisor de CO2 del mundo, solo por detrás de EE UU y China. Con tantas cosas que se hacen para abordar las emisiones de CO2, ¿por qué nos olvidamos del desperdicio de alimentos?", se plantean sus creadores.

La Nevera Solidaria es un proyecto creado por Álvaro Saiz en 2014. Consiste en ubicar neveras que dona la gente por iniciativa propia en lugares de acceso libre para depositar alimentos en buen estado que no se vayan a consumir y que otras personas puedan comérselos sin que lleguen a la basura. Actualmente hay por toda España 22 y otras seis en proyecto. "Cualquier persona puede conger comida, no hay que registrarse, es de acceso libre", explica Saiz. Detrás de cada frigorífico hay un equipo de trabajo de unas tres o cuatro personas que se encargan de comprobar la etiquetas y el buen estado de los alimentos, así como de la limpieza y temperatura de la nevera. "Desde que se puso la primera en abril de 2015 no ha habido ninguna intoxicación", asegura Saiz, que ofrece a cursos de manipulación de alimentos gratuitos "a todos los vecinos que quieran" cada vez que se instala una nueva nevera.

Yo no desperdicio es una iniciativa de la ONGD Prosalus para reducir el desperdicio de alimentos, principalmente en los hogares. Con unos 1.000 usuarios activos en toda España, ofrece recursos contra el desperdicio y pone en contacto a personas que quieren entregar alimentos con las que los necesitan. Para participar en esta comunidad es necesario registrarse y se trata de compartir de forma totalmente altruista, así que los protagonistas ni cobran ni pagan niguna cantidad económica.