Valls y Rivera
Manuel Valls (izquierda) y Albert Rivera durante un acto de Ciudadanos en Baleares. EFE

El 31 de marzo de 2014 Francia estrenaba primer ministro. Su nombre, Manuel Valls. Desde su cargo de Ministro del Interior irrumpió hacia el poder respaldado por un François Hollande que buscaba así reponer la salida de Jean-Marc Ayrault. Pero además, contaba con una particularidad: haber nacido en Barcelona.

Eran tiempos de cambio para la izquierda en toda Europa y tres nombres empezaban a sonar por aquel entonces y en los meses posteriores: Matteo Renzi, Pedro Sánchez y precisamente el de Valls. Lo cierto es que más tarde o más temprano, los tres han alcanzado el poder, aunque con suerte dispar. Y es que Valls duró en el cargo dos años, y pasó del cielo a tener que reinventarse.

En 2016 dimitió de su cargo para postularse a la presidencia de Francia, pero perdió las primarias del Partido Socialista y no quiso sumarse a la lista de su verdugo, Benoit Hamon. Por todo ello, no es descabellado decir que ahora, que se presentará a la alcaldía de Barcelona con Ciudadanos, Rivera quiere recuperar a una estrella fugaz de la política europea.

Lleva varios meses deshojando la margarita, pero por fin se ha decidido a confirmar lo que era un secreto a voces: será el gran rival de Colau en la Ciudad Condal. En las próximas elecciones municipales se va a medir el desgaste o no de la ahora alcaldesa y desde la formación naranja quieren una figura potente que dé batalla. Aunque eso suponga ceder.

Figura para sumar fuerzas

El partido diluirá su marca para satisfacer la petición de tener una candidatura transversal. Y es que los planteamientos de Valls se consideran, en muchas ocasiones, más cercanos al PSOE: sin ir más lejos, ha defendido el diálogo con el sector independentista.

Ha quedado clara en todo momento su defensa por la unidad de España, y Rivera asume que ese riesgo puede ser beneficioso no solo para ganar las elecciones, sino también para atraer a las demás fuerzas constitucionalistas. Para Ciudadanos, Valls es el hombre ideal para sumar por la izquierda y por la derecha.

Otro de los puntos fuertes de Valls es el hecho de ser una persona que se ha hecho a sí mismo como político: fue durante once años alcalde de la localidad de Evry, después alcanzó un Ministerio y de ahí dio el salto a primer ministro. El galo, a sus 56 años, necesita reinventarse, y por ello decide emigrar hacia un contexto nada fácil. ¿Respaldará Barcelona la apuesta de Rivera?