María José Pérez, gruísta
María José Pérez, una de las primeras mujeres gruístas, trabajando en Canarias. FUNDACIÓN LABORAL

Hace unas semanas una mujer aparcó junto a una obra para cerciorarse de que era cierto lo que veían sus ojos, a una mujer al mando de la grúa en la construcción de un complejo de apartamentos de Gran Canaria. "No se lo podía creer. Me dio la enhorabuena", explica María José Pérez, la gruísta, que cuenta la anécdota para hacer constar que, veinte años después de titularse, su presencia en la obra sigue causando perplejidad.

Pérez es una de las gruistas más veteranas de España y casi todos los días la única mujer en la obra, donde los oficios son netamente masculinos.

La construcción le resultaba atractiva ya de niña. Su padre tenía que tirar de ella cuando se quedaba hipnotizada con torres de hierro entre forjados. A día de hoy sigue sintiendo pasión por su profesión, a la que accedió gracias a una titulación, pero también a la incredulidad de un empresario que, como la conductora, no se creía que hubiera mujeres gruístas.

"Yo trabajaba en las plataneras y me dijeron que la Fundación Laboral de la Construcción ofertaba un curso de gruísta. Aprobé justo en el momento en el que el Gobierno canario empezaba a exigir titulación. Un empresario pensó que era una broma que hubiera una mujer gruísta titulada y me llamó para hacer una prueba". 

El empresario citó a María José a una hora en la que no quedaba nadie en la obra. Bordó la prueba y fue contratada de inmediato. En veinte años, lleva tres empresas y no para de trabajar, salvo en los años centrales de la crisis por el hundimiento del sector.

El caso de María José Pérez es del todo excepcional en el sector de la construcción, donde el 92% de empleados son hombres y solamente un 8% de mujeres, principalmente en tareas de administración.

La profesora de sociología de la Universidad Carlos III, Marga Torre, experta en segregación laboral, ha indagado en los motivos detrás de la segregación de las mujeres en los oficios tradicionalmente masculinos, que además suelen estar mejor remunerados que los oficios tradicionalmente femeninos. Buscaba  entender los mecanismos de exclusión de un sector como el de la construcción y por qué las mujeres que consiguen entrar en él acaban saliendo. 

Cruz Roja albergó recientemente un encuentro para analizar la escasez de mujeres en la construcción. Los empresarios que acudieron dijeron que no les llegan currículum de mujeres para oficios como encofrador, albañil, fontanera o electricista. Lo achacaron a un conjunto de factores, entre los que destacaban la alta movilidad geográfica de las obras y la escasa flexibilidad de los puestos de trabajo, que dificulta la proyección profesional después la maternidad. Como tercer elemento, y no menos importante, señalaron a los estereotipos sociales sobre el mundo laboral.

La profesora Marga Torre también ha constatado que persisten esos estereotipos y prejuicios sociales, que impiden el acceso en mayor número de las mujeres en la construcción. Torre está a punto de publicar un estudio, realizado en 28 países europeos, que plantea la pregunta de si una titulación de formación profesional basta para atajar la segregación femenina en las ocupaciones obreras.

Torre ha averiguado que el credencialismo abre las puertas a sectores masculinizados, pero no logra fijar esta mano de obra femenina en este sector.

"Ningún país hasta la fecha ha conseguido desegregar ocupaciones como la electricidad o la fontanería de la forma en la que se ha conseguido con medicina, por ejemplo". De ahí que esta investigadora opine que, para que a que la FP cumpla su función y pueda romperse la discriminación, conviene empezar a modificar la socialización de los roles de género antes, en la escuela y en las familias.

"Las familias de nivel educativo alto socializan en roles menos tradicionales. Y sus hijas acceden más a la universidad. Serán ingenieras o médicas. Mientras tanto, las familias de clase trabajadora socializan todavía en roles tradicionales de género, y esas familias no educan a sus hijas para ser fontaneras, sino enfermeras o secretarias, abocadas al sector servicios", explica Torre.

La Fundación Laboral de la Construcción es un organismo dedicado a la formación de profesionales del sector en España, que desde hace un año integra el proyecto europeo ('Women Can Build') cuyo objetivo es, precisamente,  favorecer la inmersión de las mujeres en las ocupaciones altamente masculinizadas del sector de la construcción.

En los primeros meses, su labor se ha centrado en identificar qué mujeres se apuntan a los cursos de formación del sector y cuál es su itinerario laboral. El curso pasado, por ejemplo, la fundación formó en oficios a 64.925 hombre y 4.656 mujeres (7%). De estas últimas, tan solo una de cada diez escogió un oficio a pie de obra: como revestimientos, alicatados o soldadura.

Los profesores de la Fundación Laboral de la Construcción han descrito para el estudio a las alumnas mujeres como más vocacionales y perfeccionistas que sus compañeros varones. Las pocas que se apuntan están altamente motivadas, pero en el transcurso de la formación perciben barreras a su integración en grupos masculinizados: con comportamientos como comentarios sexistas o estereotipados que ponen en tela de juicio sus capacidades.

La Fundación Laboral ha descubierto la existencia de un vacío de estrategias para que los formadores puedan abordar tal discriminación, y ahora va a trabajar para consensuar un conjunto de buenas prácticas formativas.

La fundación cree que se debe de aprovechar el momento coyuntural del sector, es el área de la economía que más crece, al 7,41%, según la última EPA, para favorecer la contratación de más mujeres. Además de mejorar su titulación, piden a los empresario ofertas de trabajo con lenguaje inclusivo y a los Gobiernos, libros de texto con imágenes de mujeres en la obra, premios a las empresas más igualitarias y pliegos de condiciones en la obra pública con criterios de igualdad de género.