Fukushima
El accidente en Fukushima es uno de los ejemplos más recientes de emergencia radiactiva. EFE

Fukushima. El simple nombre evoca mascarillas, evacuación y escombros. También un gran temblor en la tierra -de 8,9 grados en la escala de Ritcher, el peor que ha sufrido Japón a lo largo de su historia-, olas de más de 40 metros de altura y un accidente nuclear tan grave que solo pueden comprender en Chernobyl.

Aquel 2011, el cóctel molotov compuesto por el terremoto, el tsunami y la catástrofe nuclear dejó como resultado 16.000 muertos y la evacuación del 12% del territorio de Fukushima, la tercera región más grande de Japón, que abarca aproximadamente lo mismo que nuestra provincia de Sevilla. Gracias a la limpieza de residuos nucleares que se comenzó a llevar a cabo tras el desastre -y que se puede alargar unos 40 años-, ya han conseguido reducir el perímetro de desalojo de un 12% a un 3%.

Los años posteriores al desastre, los índices de turismo y exportaciones sufrieron una caída en picado. La gente tenía miedo a consumir productos procedentes de Fukushima a pesar de estar sometidos a controles exhaustivos de calidad. Los viajeros también descartaron la región como destino.

Durante el primer Seminario sobre Energías Renovables entre Fukushima y España, el director general del Gobierno de la prefectura de Fukushima, el Sr. Hashimoto, lamentaba que cuando viaja al extranjero, "la gente cree que toda la región está evacuada, cuando un 97% es apta para vivir con normalidad".

Sin embargo, siete años y medio después, estos índices han conseguido superar a los previos a la catástrofe tal y como ilustraban los gráficos expuestos por el Gobierno de Fukushima durante el seminario. De hecho, es la principal región productora de sake.


Japón prohibió en 2011 la venta de carne de vacuno procedente de Fukushima. Koichi Kamoshida / EFE

Ahora Fukushima se ha marcado nuevos retos y aspira a convertirse en un ejemplo a nivel mundial en energías renovables. "En la región de Hamadori, ubicada en la parte más oriental de Fukushima, resultó muy dañada tanto la industria como el suministro de energía, que se paralizó por el cierre de la central nuclear. Queremos cubrir el 100% de la demanda de energía de esa región con renovables para 2040", explica el Sr. Hashimoto a 20minutos.

Para ello tienen planeada la construcción de una ciudad sostenible y, sobre todo, segura, pues desde que en 2011 tuvo lugar el accidente nuclear la prevención de situaciones similares se ha convertido en un asunto crucial.

"Prescindir o no de la energía nuclear es una decisión que toma cada país. El planteamiento que tiene el Gobierno japonés prioriza la seguridad energética. En este sentido, mientras se garantice un buen uso seguro de la misma, es una energía que está dentro de las opciones escogibles. En Fukushima, debido al accidente, la opinión que tienen los ciudadanos sobre su uso no es buena", indica el director del Departamento de Energías Naturales del Gobierno de Japón, el Sr. Yamakage.

Para cumplir con este propósito están construyendo una de las plantas de hidrógeno más grandes del mundo. Está previsto que las obras finalicen en octubre de 2019 y que en 2020 comiencen los estudios de viabilidad. El hidrógeno es el combustible más limpio que existe, pues no genera CO2. Pretenden convertirlo en su principal fuente de energía.

"El hidrógeno es uno de los compuestos del agua. Lo que se hace es dividirla mediante un proceso llamado electrólisis, que separa por un lado el hidrógeno y por el otro el oxígeno. Ese hidrógeno se puede guardar. Cuando se necesita la energía se quema -de manera que se obtiene vapor de agua, que no contamina- o se puede usar a través de un sistema especial que se llama 'pila de combustible', que genera directamente electricidad y calor", explica Aitor Urresti, profesor del Grado en Ingeniería de Energías Renovables de la UPV/EHU.

"Las energías renovables más desarrolladas hasta el momento son la fotovoltaica, la eólica y la hidráulica. Sin embargo, las dos primeras son intermitentes, lo que supone que solo funcionan cuando hay viento o sol. El hidrógeno podría complementar a esas energías para que cubran mejor las necesidades reales de la sociedad",  prosigue Urresti.

El uso del hidrógeno como energía renovable todavía no está muy implantado en la sociedad actual. "En España hay algunos coches que funcionan mediante sistemas de pila de combustible y unos pocos sitios donde repostar, pero el desarrollo es muy pequeño", indica el profesor. "Los japoneses son los que están apostando más fuerte por el hidrógeno como sistema de complementariedad. Si realmente empiezan en 2020 con una producción estable de hidrógeno, implantarlo será bastante más fácil".

Dentro de la estrategia de Fukushima figura ir abaratando el precio del hidrógeno hasta equipararlo al del gas natural. Primero fabricarán mucho y, a continuación lo exportarán. Al mismo tiempo implantarán una red de transporte sostenible para trasladarlo, conformando una comunidad inteligente que sea respetuosa con todo el proceso. Para transmitir esta energía, también instalarán una red de 84 kilómetros subterráneos por donde transcurrirá el hidrógeno. Han decidido establecerla bajo tierra para acelerar su implantación, que duraría unos diez años en caso de hacerla en la superficie -por el trámite de permisos, etc.-. De esta manera tan solo tardarán tres y, aunque les saldrá más caro, no les importa porque la prioridad es implantar el modelo de energías renovables.

Pero no solamente el hidrógeno figura en la agenda del Gobierno de Fukushima. La estrategia también pasa por construir una nueva ciudad en la costa dedicada a la industria y a la investigación, explotar la biomasa como energía renovable o instalar una vasta red de molinos eólicos tanto en tierra como en mar, entre otros. Para esta última operación la prefectura nipona lanzó un guiño a las empresas españolas dedicadas al sector eólico. España es el 4º fabricante de energías eólicas del mundo.

"La región tiene los recursos y potenciales suficientes para cumplir con el objetivo de energías 100% renovables. Implementar la mayor capacidad posible de renovables es posible en cualquier lugar del mundo. En el caso de España, Galicia podría potenciar las energías eólicas y en otras regiones se podría apostar por la fotovoltaica". expuso el Sr. Yamakage a este periódico.

Fusión nuclear, una alternativa lejana

Ya han pasado más de siete años desde que esta prefectura nipona se enfrentó a las tres explosiones que se registraron en la central nuclear Fukushima I, fruto de la fusión nuclear que se produjo en tres de sus reactores.

En las centrales nucleares actualmente se trabaja mediante la fisión, no la fusión. Aunque ambas palabras solo se diferencian en una vocal, las técnicas a las que se refieren se podría decir que son antagónicas. Mientras la fisión genera energía al dividir el núcleo de un átomo, la fusión se produce cuando varios núcleos ligeros se unen y forman uno más pesado.

La producción de energía nuclear mediante la fusión todavía está en fase de desarrollo. "Cuando se fusionan los núcleos se genera mucho calor. Se trata de la misma reacción que está sucediendo ahora mismo en el sol y en las estrellas. Para llevarse a cabo requiere presiones muy elevadas y es muy complicado mantener todo ese proceso confinado dentro de unos materiales concretos", sostiene Urresti.

Los beneficios que aportaría el sistema de fusión son, tal y como explica el profesor de la universidad vasca, "la gran cantidad de energía que generaría y, entre los materiales que quedasen ligeramente contaminados, una baja radioactividad en comparación con los que resultan de la fisión, que perduran miles de años y son altamente tóxicos".