Viktor Orbán gana las elecciones en Hungría
El primer ministro húngaro, Viktor Orbán (derecha), se dirige a sus seguidores en Budapest, tras su victoria en las elecciones generales. ZOLTAN MATHE / EFE

En los últimos días, el asesinato de un ciudadano alemán, presuntamente a manos de inmigrantes, ha desatado una oleada de xenofobia en la ciudad alemana de Chemnitz, donde centenares de personas se han lanzado a la calle bajo proclamas como dar "caza al extranjero" o "nosotros somos el pueblo".

Algo similar ha ocurrido en Eslovenia este miércoles, cuando la Policía confirmaba la investigación de un centenar de hombres de extrema derecha que, bajo el lema "¡Por Eslovenia!", prometían velar por el "orden" del país.

"El resurgimiento de la ultraderecha en Europa es un peligro real, afirma el sociólogo y profesor de la Universidad Complutense de Madrid Luis García Tojar. Ahora se dan circunstancias similares a las que hace un siglo precipitaron los fascismos europeos". El contexto idóneo para el surgimiento de estas ideologías, según el sociólogo, es "la coincidencia de una crisis económica y otra política".

Si hace un siglo se unieron el "crack económico mundial y la Revolución rusa" y se presentó el nazismo "como alternativa al comunismo", el profesor universitario defiende que ahora "intentan construir una nueva 'amenaza' política alrededor de la inmigración o el islamismo". "Si lo consiguen, si convencen a las clases medias de que están en peligro, habrá más posibilidades de que la ultraderecha triunfe".

La derecha radical crece

En cinco países de la Unión Europea la derecha radical superó el 20% de los votos en las últimas elecciones. En otros cinco, el porcentaje rondó el 15-17%. La tendencia de estos partidos es al alza en la mayoría de la UE, donde ya cuentan con representación en 19 parlamentos europeos.

"La responsabilidad fundamental corresponde a los campos político y mediático, que están ignorando el ascenso de la ultraderecha o intentando aprovecharse de él para ganar votos o ratings", critica García Tojar.

Este discurso del odio basado en la xenofobia y en "un nacionalismo excluyente y acomplejado", según palabras del profesor de sociología, lejos de desaparecer, encuentra nuevos patrocinadores. El pasado mes de julio, Steve Bannon, el exasesor de Trump ponía en marcha una cruzada para reunir a los ultras de derechas europeos en su nuevo proyecto bautizado como The Movement ('El Movimiento').  La Hungría de Viktor Orban, la Francia de Marinne Le Pen o la Italia de Matteo Salvini son algunos de sus objetivos.

Caras conocidas

Marine Le Pen (Francia)

Aunque el partido de Marine Le Pen solo lograba un 13% de los votos en las elecciones para la Asamblea Nacional de 2017, en las presidenciales del mismo año la candidata obtuvo un 21,3% en primera vuelta, es decir, más de 7 millones de votantes la eligieron.

Tras la derrota presidencial, Le Pen trataba de distanciarse de su padre y fundador del partido, Jean-Marie Le Pen, refundando el Frente Nacional y rebautizándolo como Asamblea Nacional. El partido de Le Pen es conocido por su nacionalismo y rechazo por el inmigrante.

Matteo Salvini (Italia)

Matteo Salvini, vicepresidente del Consejo de Ministros, Ministro del Interior italiano y líder de la Liga Norte (LN) lograba alcanzar el poder gracias a su alianza con el Movimiento 5 Estrellas, que ganó las elecciones de este año. Desde entonces, Salvini ha tenido una gran presencia mediática por sus reiteradas declaraciones en contra de los inmigrantes, como cuando prometía "limpiar" el país.

Viktor Orban (Hungría)

Hungría y Polonia son los países europeos con mayor dominio de la derecha radical. En ambos, grupos ultranacionalistas gobiernan al país, mientras otros partidos más minoritarios actúan como satélites del discurso racista y nacionalista de las organizaciones principales.

Viktor Orban, con su partido Fidesz lleva gobernando Hungría de forma holgada desde 2010. En las últimas elecciones parlamentarias obtuvieron el 49,3% de los votos. El partido que le sigue, Movimiento Jobbik por una Hungría Mejor, con el 19,1%, también está situado en la derecha radical. A pesar de la progresiva moderación en el discurso de Jobbikk en las últimas elecciones para captar votos de centro, dentro de la organización un diputado pedía hacer una lista de judíos, mientras otros integrantes organizaban patrullas de "caza de inmigrantes".

Por su parte, ya son conocidas las declaraciones xenófobas de Orban. A principios de año, en una entrevista al diario alemán Bild afirmaba: "No consideramos a esa gente como refugiados sino como invasores musulmanes".

Jaroslaw Kaczynski (Polonia)

En Polonia el partido de Jaroslaw Kaczynski, Ley y Justicia (PiS) gobierna en solitario desde 2015, cuando obtuvo el 37,6% de los votos. Kaczynski, connsiderado el hombre fuerte en Polonia, advertía el pasado domingo del riesgo de "enfermedades sociales" que afectan a la región. El político euroescéptico criticaba, así, las medidas que la UE estaba imponiendo en contra de los valoers tradicionales del país.

La tercera fuerza del país, aunque con solo el 8.8% de los votos, es también un partido extremista: Kukiz'15, del músico punk Pawel Kukiz. Otro 4,76% del electorado de 2015 se decantó por un tercer partido ultraderechista llamado Libertad.

Otros polos calientes de la derecha radical

Alemania

El repunte del discurso xenófobo en un país que tiene que lidiar con un pasado histórico difícil, y donde negar el Holocausto es delito, ha hecho saltar las alarmas de las autoridades.

Este lunes, los servicios secretos de la ciudad-estado de Bremen confirmaban que habían empezado a vigilar a la organización juvenil de Alternativa para Alemania (AfD), partido político de ultraderecha liderado por Jörg Meuthen y Alexander Gauland, exmiembro de la Unión Demócrata Cristiana (UDC), el partido de Angela Merkel.

Desde las elecciones de septiembre de 2017, donde la organización obtuvo un 12% de los votos, los sondeos cada vez le dan un mayor apoyo entre los alemanes. El último, llevado a cabo por la empresa INSA, revelaba que AfD contaba con el 17% de los apoyos, disputándose el segundo puesto con un deteriorado SPD.

Austria, Eslovenia y Dinamarca

En las elecciones austriacas del año pasado, el partido ultranacionalista y xenófobo de Heinz-Christian Strache, Partido de la Libertad (FPÖ), lograba hacerse con el 26% de los votos, consolidándose como la tercera fuerza del país. Después de apoyar al Partido Popular austriaco (ÖVP), se harían con la vicecancellería, el Ministerio de Exteriores, Defensa e Interior.

En junio de 2018 Janez Jansa, líder del Partido Demócrata Esloveno (SDS) ganaba las elecciones con un 24,9%. Sin embargo, no logró aliarse con ningún otro partido para governar. Jansa mostró en declaraciones su simpatía por las políticas del húngaro Víktor Orban.

Dinamarca, por su parte, cuenta con el Partido Popular Danés (DF), euroescéptico y antiinmigración como segunda fuerza política. En las elecciones de 2015 logró el 21,1% de los votos.

En Suecia, las elecciones de este domingo mostraron que el partido ultraderechista Demócratas Suecos (Sveigedemokraterna) manifestó un notable ascenso, aunque no obstante no arrebataron el segundo puesto a los conservadores liberales del Partido Moderado (Moderaterna).

Otros países con altos índices de radicalización de derechas son Finlandia (17,70%), Letonia (16,90%), Eslovaquia (16,60%), Holanda (14,90%) o Bulgaria (13,20%). Solo un puñado de países, entre los que se encuentran España, Irlanda o Portugal, no cuentan con un partido de corte ultranacionalista y xenófobo significante.