Cerebro
Recreación por ordenador de un cerebro humano. GTRES

Sabido es que las emociones y los sentimientos humanos dan lugar a alteraciones neurológicas y bioquímicas en el cerebro; y el amor es una de las sensaciones que más activan estas sustancias.

Según el cardiólogo argentino Daniel López Rosetti, en una entrevista que publica Infosalus, "el cerebro no es igual con o sin amor. El cerebro enamorado es diferente", ya que en él se produce un aumento de dopamina, responsable de la felicidad.

Por lo tanto, señala el médico, debido a la plasticidad de cerebro, en él se forman nuevas conexiones neuronales que producen un cambio físico y palpable en su estructura; algo parecido, señala, a o que ocurre en procesos de aprendizaje o socialización.

Rosetti asegura que "el sentimiento más antiguo es e amor", ya que éste permitía que, en momentos evolutivos incipientes, la pareja de progenitores estuviesen unidos, lo que aumentaba las posibilidades de supervivencia de los vástagos. Además, dice el doctor, el amor y el odio son capaces de activar zonas muy concretas del cerebro debido a que ambos sentimientos conviven en la misma área.

Los estudios han evidenciado que cuando se monitoriza el cerebro de una persona y se la insta a que hable de la persona a la que ama, hay secciones muy concretas que se activan; zonas distintas a las del deseo sexual, por ejemplo, que además se ha demostrado que, cuando se activa, rebaja el protagonismo de áreas como la responsable del razonamiento crítico.

Las zonas que se iluminan con el deseo sexual, dice el doctor, también se activan cuando la persona percibe emocionalmente que quien la atrae físicamente también está excitado: "una suerte de activación sexual recíproca", asegura.