El año pasado se cumplió el centenario de su muerte y hoy viernes llega a las pantallas españolas, Rodin, el retrato de uno de los grandes maestros de la escultura de todos los tiempos construidor por el director de cine francés Jacques Doillon. No es la primera vez que su figura se aborda en la gran pantalla -antes se hicieron dos películas sobre Camille: La pasión de Camille Claudel de Bruno Nuytten (1988) y Camille Claudel 1915 de Bruno Dumont (2013)- pero sí la que más se centra en su doloroso, perfeccionista e intenso proceso creativo y la que aborda desde una perspectiva más distinta -sin tomar partido por ninguna de las partes- la intensa relación amorosa y creativa que mantuvieron Auguste Rodin y Camille Claudel.

La cinta, protagonizada por el veterano actor galo Vincent Lindon junto a las actrices Izïa Higelin y Séverine Caneele, sitúa la acción en el París de 1880, uno de los momentos clave de la vida de Rodin. Con cuarenta años recién cumplidos recibe un importante encargo del estado que dará pie a La Puerta del Infierno inspirada en La Divina Comedia de Dante. Al mismo tiempo, conoce a Camille Claudel, primero alumna, luego asistente y finalmente artista y amante que marcará profundamente su trayectoria vital.



Doillon, a quien en un principio se le propuso abordar la figura del padre de la escultura moderna en forma de documental para conmemorar su centenario, explica así como el proyecto desembocó en película de ficción: "Acepté hacer un documental, pero enseguida empecé a imaginar escenas ficticias para "dar vida a la bestia". Mientras escribía, la ficción empezó a imponerse y comprendí que no estaba interesado ni me sentía capaz de hacer un documental, que necesitaba actores. Así que rechacé la oferta y seguí escribiendo. Cuando terminé el primer borrador, me reuní con Vincent Lindon que se mostró entusiasmado con el proyecto. Vincent fue el verdadero impulsor. Kristina Larsen quería producir la película y así es como el proyecto se puso en marcha".

El realizador alaba también el trabajo y la complicidad en el proyecto de Lindon al que considera 'poseído' por el espíritu del artista: "En una escena Vincent estaba a contraluz, con las piernas separadas en un plano bastante amplio, como un toro enorme a punto de entrar en el ruedo. Lo curioso es que después encontré un dibujo de Bourin sobre Rodin en esa misma posición. Vincent se había convertido en Rodin. Entiendo por qué no pudo rechazar el papel, porque Rodin es Vincent. Es innegable".



En cuanto a la tormentosa relación entre Camille y Rodin, Doillon asegura que "hasta ahora se creía que los problemas de Camille se debían a su ruptura con Rodin. Sin embargo, es evidente que su paranoia había empezado mucho antes con la horrible relación que tenía con su madre", aunque por otro lado también reconoce que cuando la escultora " alcanzó un dominio merecedor de un verdadero reconocimiento no pudo soportar quedarse a la sombra de su mentor y que solo la consideraran su discípula y amante".

"Después de que Camille decidiera romper con él, Rodin hizo mucho por ella. Por ejemplo, propuso que una sala del futuro Museo Rodin estuviera dedicada a Claudel. Me parece horrible tomar partido por uno de los dos. Solemos hablar de una relación catastrófica, pero se amaron durante una década y su mutua admiración y comunión en el trabajo les permitió realizar grandes obras", apostilla.



El proyecto ha contado con el beneplácito del Museo Rodin: "Rodin genera controversia, acumula clichés y fascina con cierta facilidad, alimentando ideas preconcebidas enraizadas en la elaboración de su leyenda. Jacques Doillon ha hecho un gran esfuerzo por comprender los entresijos de la escultura, los tormentos de un genio y su yo devastador", asegura Véronique Mattiussi, jefa de los Archivos Históricos del Museo.