La reina Margarita II de Dinamarca atiende a los medios en el palacio Chateau de Cayx, Francia
La reina Margarita II de Dinamarca atiende a los medios en el palacio Chateau de Cayx, Francia CAROLINE BLUMBERG / EFE

La reina Margarita II de Dinamarca se mostró este jueves comprensiva con la decisión de su esposo, el príncipe consorte Enrique, fallecido en febrero, de no ser enterrados juntos y aseguró que fue un deseo personal que ella respeta.

"Fue su decisión, era una persona libre. Y lo respeto", dijo la reina en su primer comentario público sobre el revuelo iniciado hace un año, al anunciar Enrique que rompería con la tradición centenaria por la que los monarcas son enterrados en la catedral de Roskilde, situada en el este del país. 

El príncipe tomó decisión en protesta por no haberle sido concedido el título de rey consorte.

Las declaraciones de Enrique, acusando a su esposa de tomarlo por "tonto", causaron un revuelo que calmó la casa real semanas después al informar de su retirada de la vida pública por padecer demencia.

"El último año y medio no estuvimos tanto tiempo juntos porque no estaba muy bien. Fue como fue. Me alegra mucho que sus últimos días fueran tan dignos y que su existencia tuviera un final tan hermoso", confesó la reina, que hasta ahora no se había pronunciado ni sobre el escándalo ni sobre la muerte de su esposo, en una rueda de prensa celebrada en el castillo de Cays, en Francia.

La reina, de 78 años, aseguró que su trabajo le ayuda a sobrellevar la pena y se mostró agradecida por el respaldo mostrado por la ciudadanía. "La forma en la que la gente se unió a nosotros fue algo de lo más emotivo que pudiese imaginar. Fue un apoyo enorme, fue como caminar sobre una ola", explicó Margarita II.

La reina lamentó que su esposo no hubiese podido vivir en mayo el quincuagésimo cumpleaños de su primogénito, el príncipe Federico, y admitió que lo echa de menos. "Ya no entra por la puerta y pregunta si vamos a hacer esto o lo otro. Hay que aprender a vivir con eso, lo sé. Tengo muchos amigos en la misma situación", afirmó.

La dificultad para encajar en su papel y sus quejas por sentirse discriminado al no tener título de rey consorte fueron constantes en Enrique de Dinamarca, un noble francés que conoció a la entonces princesa Margarita en su época de diplomático en Londres y con la que se casaría en 1967.

El príncipe dejó escrito en su testamento que su cuerpo sería incinerado y que parte de las cenizas serían depositadas en una urna enterrada en el jardín del castillo de Fredensborg, segunda residencia real, y parte esparcidas en el estrecho del Sund, algo que todavía no se ha realizado. "Se va a hacer, pero aún no hemos arreglado todo", confesó este jueves la reina.