La mendicidad en una calle de Santiago de Compostela
La mendicidad en una calle de Santiago de Compostela CEDIDA POR MARTA OTERO

La responsable de las rutas de calle del departamento de atención a personas sin hogar de Cruz Roja de Santiago, Alba Jiménez, resume toda una conversación sobre el 'sinhogarismo' y la pobreza del siglo XXI en pocas palabras: "Cuando tú con lo que tienes no eres capaz de vivir dentro de una sociedad de manera integral, eres pobre".

En su opinión, en la sociedad existe una "gran falta de sensibilización" frente a la problemática que supone el 'sinhogarismo', "que existe, pero es como lo último" dentro de los dilemas colectivos.

Un ejemplo que evidencia la invisibilización que sufre la mendicidad es que no existen unos datos homogéneos que puedan cuantificar cuántas personas viven en la indigencia en Galicia.

Las calles de las ciudades gallegas se han convertido, a la fuerza, en el único lugar en el que vivir para 1.900 personas, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), una cifra que asciende a las 3.600 si se contemplan los datos recogidos por Cáritas en 2017.

ESTIGMA SOCIAL

La psicóloga de Cruz Roja considera que en la sociedad actual prevalece el estigma de que las personas que viven en la indigencia son "borrachos y drogadictos", y si bien no niega que existe un "perfil elevado de enfermedad mental en la calle", tampoco olvida que "nadie se para a mirar qué le pasa a ese señor que está tirado en un banco".

Esta "falta de empatía" general de la que habla la responsable de las rutas de calle, también es percibida por las propias personas en situación de 'sinhogarismo'.

Una de las voluntarias de la organización, Marta Otero, explica que hablar con estas personas es el primer paso para darse cuenta de que

"son perfectamente conscientes de que la sociedad los ve como los despojos sobrantes".

A la vista de su experiencia, Otero interpreta que ante los ojos del mundo "son como virus andantes" y se sorprenden cuando "llegas el primer día y les das dos besos", porque "no están acostumbrados a que la gente quiera tener contacto con ellos".

Ante esta situación, esta voluntaria de Cruz Roja asegura que "cada uno tiene sus condicionantes y motivos por los que acabó en la calle", y Alba Jiménez recalca que, a diferencia del pensamiento generalizado que existe, "no todos beben ni todos se drogan".

IGUALES EN DIGNIDAD

En el momento en el que las personas sin hogar dejan de tratarse como números, entra en juego el concepto de la dignidad, un valor fundamental avalado por la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El primer artículo de este documento constata la legitimidad de la dignidad y, a pesar de ser una evidencia mundial, Jiménez se cuestiona si una persona que cobra una ayuda de 300 euros vive dignamente.

Al respecto, argumenta que los 'sintecho' "no tienen autonomía para tener una casa, para decidir" sobre determinadas cuestiones y eso "es pobreza", porque "no hay una inserción social real" y denuncia que "sigue habiendo una discriminación de clases" que afecta, en primera instancia, a las personas en situación de mendicidad.

Es cierto que las personas sin hogar tienen unos mínimos cubiertos porque, como explica Jiménez, "existen las cocinas económicas, los albergues, los servicios de atención en calle o las duchas públicas", pero estas prestaciones "no significan inserción" dentro del Estado de Bienestar.

LOS ETERNOS PEREGRINOS

Para ejemplificar la falta de integración de este tipo de personas, solo hay que echar la vista a ciudades como Santiago de Compostela, uno de los grandes polos de peregrinación de la religión cristiana que atrae a cientos de miles de personas cada año y que, a partir de esta premisa, esconde 'sintecho' camuflados de peregrinos que nunca acaban de hacer el Camino.

La experiencia de Marta Otero constata que "algunos usuarios vienen, supuestamente, de hacer el Camino y, al final, nunca se van", o también que "llegan, se van, pero vuelven al cabo de un tiempo", porque no tienen adonde regresar.

Alrededor de 14 personas viven en las calles de Compostela durante todo el año, pero la responsable de Cruz Roja de las rutas de asistencia asegura que, en épocas estivales, los 'sintecho' crónicos -aquellos que llevan años en situación de 'sinhogarismo'- abandonan la capital gallega, porque el verano, las fiestas y el turismo "los agobia".

¿CÓMO SE ACABA EN LA CALLE?

A día de hoy, diversas organizaciones como Cruz Roja y estudios sociológicos apuntan a que las causas del 'sinhogarismo' son de origen estructural, personal y de participación y servicios públicos.

Entre los motivos relativos a la estructura del sistema en el que se convive en sociedad destacan el desempleo, el limitado acceso a la vivienda, la dificultad de las personas sin hogar para ejercer sus derechos y la falta de recursos económicos.

Las razones personales que llevan al 'sinhogarismo' son las más estigmatizadas, pero Cruz Roja señala que la realidad muestra un amplio abanico de causas que van desde problemas familiares hasta adicciones, pasando por enfermedades físicas o mentales, situaciones de violencia o la ruptura de lazos familiares o sociales.

Por último, la escasa coordinación institucional y la inadecuada planificación de los servicios públicos también explican qué lleva a una persona a vivir en la calle.

Estos motivos teóricos sustentan la generalidad del 'sinhogarismo', pero Alba Jiménez aclara que "cada persona es un mundo", y la organización estudia "cada caso y situación" individual.

SER VOLUNTARIO NO ES AYUDAR

Una vez que se llega a vivir en cajeros, soportales o estaciones de bus, existen diferentes vías para conseguir una vivienda y comenzar a cambiar ese estado, aunque Alba Jiménez advierte de que a día de hoy "es imposible" acabar con esta lacra con los recursos disponibles.

Desde su perspectiva, Marta Otero cree que a la hora de colaborar en un voluntariado "no se puede ir con el objetivo de ayudar al prójimo", al contrario de lo que muchas veces se entiende por colaborar con instituciones humanitarias, porque eso establece una "relación vertical de tú respecto a ellos".

Cuando se habla de una problemática como el 'sinhogarismo', no se trata de "suplir una necesidad básica como comer", sino de establecer una "relación de confianza" para guiar a esa persona "como mejor se ajuste a su situación".

NECESIDAD DE SENSIBILIZACIÓN

Para llevar a cabo este cometido, Alba Jiménez alude a la necesidad de un "enfoque de sensibilización" que puede abordarse desde campañas, como en las que está trabajando el Ayuntamiento de Santiago, sobre la mendicidad y los estereotipos creados al respecto.

La responsable de las rutas de calle reivindica que el 'sinhogarismo' o la drogadicción "no existen" en las campañas de sensibilización, como sí lo hace la concienciación sobre el uso del preservativo o "ningún niño sin merienda".

Con este ejemplo, Jiménez muestra que cuando se habla de mendicidad, "la gente mira hacia otro lado" porque está socialmente aceptado que haya personas viviendo en la indigencia. "Tan solo una ya es mucha gente, porque no debería haber nadie", proclama.

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