La actuación ha tenido lugar por tercer año consecutivo con el objetivo de lograr terminar la campaña de riegos con ciertas garantías. El embalse se encuentra todavía en proceso de puesta en carga o llenado en prueba.

El año pasado se desembalsó a principios de agosto un caudal de agua mayor que el de este año para gestionar el fuerte período de estiaje. En 2016, se hizo coincidir uno de los escalones de descarga de la fase de puesta en carga con la campaña de riegos y, de este modo, el volumen de agua desembalsado fue aprovechado por los usuarios de la cuenca cuando más lo necesitaban.

La utilidad del embalse, aunque todavía no haya entrado en fase de explotación, es cada vez más significativa, tanto por el desembalsado para el riego como por su acción laminadora en los períodos de avenidas. A principios de junio se registró un evento de gran importancia en los ríos Pancrudo y Jiloca y gracias al embalse de Lechago no hubo daños en la zona del Pancrudo, aguas abajo del embalse, y se minoraron los daños en la ribera del Jiloca.

Desde la CHE se está trabajando en la puesta en explotación del embalse, para lo que existe un dialogo continuo con los representantes de las Comunidades de Regantes situadas aguas abajo de Lechago para avanzar en la gestión y funcionamiento del río Jiloca como cauce regulado.

La de Lechago es una infraestructura que actualmente está en proceso de puesta en carga o llenado en prueba, que se verá ahora condicionada y suspendida para cumplir con estas demandas. Aprovechar los recursos almacenados en embalses en pruebas de llenado es una medida de gestión para paliar los efectos de la escasez de precipitaciones y de disminución de las aportaciones naturales.

El embalse se encuentra en la fase uno, de puesta en carga terminada, y acometiendo la segunda fase. Tiene almacenados siete hectómetros cúbicos gracias a las generosas aportaciones registradas durante la primavera.

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