Este martes es de Marte. Valga el juego de palabras para resumir que el planeta rojo se encuentra a su distancia mínima de la Tierra desde el año 2003: 'tan solo' 56,57 millones de kilómetros. En términos galácticos, podríamos decir que Marte está 'al ladito' del planeta azul.

Si el viernes pasado pudimos disfrutar de un espectacular eclipse de la 'luna de sangre', al que se sumó la localización de Marte (que brilló inconfundible en el cielo junto al satélite), los aficionados a la astronomía deberían volver a sacar esta noche sus telescopios.

Marte se encuentra ahora en la mejor posición para observarlo desde hace quince años, por lo que es posible verlo más grande y con mayor claridad. Además, territorios como Sudamérica, Sudáfrica y Australia lo tendrán literalmente encima de sus cabezas.

Según detalla la NASA, el planeta rojo está en oposición al Sol desde el viernes y este martes su diámetro aparente será casi el mayor posible: 24,3 segundos de arco (25,1 sería su máximo).

Así, a través de un telescopio su disco se verá casi tan grande como el de la Luna. Y, aunque no alcanzará el brillo de Venus, si superará en cambio al de Júpiter.

La terraformación, imposible de momento

La "terraformación" es un hipotético proceso que permitiría cambiar las condiciones de un planeta para hacerlo habitable para las especies de la Tierra. Marte sería el candidato más idóneo si no fuera porque carece del dióxido de carbono suficiente. Pero un artículo publicado en Nature Astronomy indica que ese proceso no es "una posibilidad viable con la tecnología actual".

La semana pasada se anunció la existencia de un lago de agua líquida y salada bajo el hielo de su polo sur. Dos expertos de la Universidad de Colorado Burden y la Universidad de Arizona (ambas en EE UU), Bruce Jakosky y Christopher Edwards, han revisado la idea de la terraformación a la luz de los actuales conocimientos sobre Marte.

Entre las posibles ideas, se ha teorizado con liberar a la atmósfera los gases de efectos invernadero almacenados en sus rocas y casquetes polares, para que la atmósfera fuera más densa, el planeta se calentase y así lograr que el agua líquida pudiera permanecer en la superficie. Los investigadores se centraron en el CO2 disponible en el planeta rojo, el único gas de efecto invernadero presente en cantidad suficiente para producir un calentamiento significativo.

Para ello usaron los datos proporcionados por los rovers y sondas espaciales durante los últimos veinte años, relativos al CO2 accesible tanto en la superficie de Marte como en los reservorios subterráneos, así como las continuas emisiones de este gas al espacio. En el mejor de los escenarios, "solo podría triplicar la presión atmosférica de Marte", un quinto del cambio necesario para hacer que fuera habitable, y aumentaría la temperatura en menos de diez grados.

Además, la mayor parte de CO2 presente en los reservorios no puede ser fácilmente movilizado hacia la atmósfera. Así, los autores concluyen que "terraformar Marte usando el CO2 conocido en el planeta necesitaría de tecnologías que están muy por delante de las disponibles actualmente".