Ola de calor en Alemania
Vista general del cauce seco del río Rin en Duesseldorf (Alemania). EFE

Europa y otras regiones del mundo, como Japón o California (EE UU) se están viendo afectadas por fuertes olas de calor que incluso han dejado insólitos incendios forestales en el Ártico. Este tiempo extremo que ha marcado la primera mitad del verano será lo habitual en el futuro, según las predicciones de la Organización Mundial de la Meteorología (OMM), que vincula el cambio climático con estos fenómenos de olas de calor, temperaturas récord y sequía o lluvias por debajo de la media. No obstante, también existen otras causas que han agravado esta situación en algunas partes del planeta.

En el caso del continente europeo, los expertos lo achacan también en parte a una gran corriente en chorro —un flujo de vientos que circulan del oeste al este y que juegan un papel importante a la hora de determinar el clima en Europa) que se ha situado más al norte de lo normal durante aproximadamente dos meses. Este sistema de altas presiones es lo que ha dejado al Reino Unido y a gran parte de la Europa continental inmersa en el fuerte calor.

"La actual ola de calor y sequía en el Reino Unido se debe en parte a una combinación de las temperaturas oceánicas del Atlántico norte, al cambio climático y a la meteorología", asegura en declaraciones al diario británico The Guardian Len Shaffrey, profesor de Ciencias del Clima en la Universidad de Reading.

Esta afirmación es corroborada también desde la OMM: la persistencia de elevadas temperaturas en el norte de Europa se debe principalmente a un sistema de alta presión —o anticlón— que se mantiene estacionario sobre el norte y centro de Europa, pero que prevé disolverse en torno a la próxima semana. Para los expertos de la OMM, este fenómeno en Europa sin duda "está relacionado con el cambio climático".

"Ciertamente el calentamiento global provoca más y más (la aparición) de situaciones meteorológicas extremas, de manera que las olas de calor serán más frecuentes" en la mayor parte del mundo y "también durarán más", advertía esta semana el responsable de la División de Investigación Meteorológica de la OMM, Paolo Ruti.

En Escandinavia, las temperaturas superaron la semana pasada los 30 grados centígrados en el círculo polar ártico, Noruega registró temperaturas récord de 33,5 grados en Badufoss el 17 de julio, y Kevo, en Finlandia, alcanzó los 33,4 grados. Influida por un viento cálido, en el norte de Noruega (Makkaur) se registró una nueva temperatura récord nocturna el pasado 18 de julio: 25,2 grados, más propia del sur de Europa, donde también se están registrando incendios forestales devastadores, como los de Grecia.

También el Reino Unido sufre "la peor sequía jamás registrada en la primera mitad del verano", con precipitaciones de solo 47 milímetros entre el 1 de junio y el 16 de julio, según la OMM. Prueba de ello es el aspecto que presentaba la semana pasada en una imagen tomada desde un satélite.

Una imagen similar es la que ha mostrado la Agencia Espacial Europea (ESA) sobre Dinamarca con fotos de los campos agrícolas daneses en julio de 2018, en las que es visible el deterioro respecto a un año antes.

"La imagen de julio de 2017 muestra unos lustrosos campos verdes, en contraste con la de este mes de julio, en la que la vegetación se ha resentido por el calor y la falta de lluvia. Las altas temperaturas de este verano significan que lo visto en Dinamarca puede ocurrir en otras partes de Europa", alertó en una nota la ESA.

Un frente africano en el suroeste de EE UU

Europa no ha sido la única afectada por el calor. Un frente africano ha elevado las temperaturas por encima de los 42 grados centígrados en el suroeste de EE UU, según confirmó esta semana el Servicio de Meteorología nacional. Desde principios de julio, la población de estados como California, Arizona o Texas sufren la llegada de partículas de arena procedentes del Sáhara, que se combinan con la contaminación y las temperaturas intensas. Todo ello genera un clima desértico con brumas y un empeoramiento de la calidad del aire.

En este caso, los expertos consideran que el calentamiento global y el efecto "isla de calor urbano", basado en la retención de calor del asfalto y los edificios, son los responsables de que la temporada de bochorno sea más duradera que en años anteriores.

"El mensaje clave es que somos más vulnerables" por el cambio climático, admite Ruti, de la Organización Mundial de la Meteorología. En el caso de Europa, la posibilidad de que este fenómeno quede más tiempo sobre el continente en el futuro es "ciertamente más alta", añade. "Lo que sabemos es que en Europa y especialmente en el centro y el sur de Europa, existe una elevada posibilidad de que haya un aumento de las condiciones extremas de calor", concluye.