Soraya Sáenz de Santamaría
Soraya Sáenz de Santamaría rodeada de compañeros de partido durante el acto con el que cierra su campaña electoral como candidata a la Presidencia del PP. EFE/ J.P.Gandul

Soraya Sáenz de Santamaría (Valladolid, 1971) se convirtió en 2011 en la mujer más poderosa de España de la mano de Mariano Rajoy. Él la nombró vicepresidenta, ministra de la Presidencia, portavoz del Gobierno y le entregó el control de los servicios secretos. Aunque en estos años repitió hasta la saciedad que su carrera política terminaría al mismo tiempo que la del expresidente, una vez abierta su sucesión no resistió la tentación de regresar a Moncloa a un lugar más alto al que ella ya desempeñó, como presidenta del Gobierno.

El papel de valor seguro para devolver al PP al Gobierno es el principal mensaje que Sáenz de Santamaría ha resaltado a lo largo de la campaña de las primarias, a las que se presentó con el sambenito de que no contaba con apoyos suficientes en el partido, pero también con el convencimiento por parte de quienes la conocen de que no se iba a lanzar a la carrera sin estar segura de poder ganarla.

Así fue, al menos en la primera de las dos vueltas de las que se componen el proceso de sucesión de Rajoy. Casi al término de una jornada en la que los afines a su adversario, Pablo Casado, aseguraban que tendrían el primer puesto, la exvicepresidenta dio la sorpresa y se encaramó a la primera posición con el 36, 95% de los votos, 21.513, 1.546 más que Casado.

En esta primera ronda, además, quedó fuera su rival histórica en el partido, la secretaria general. Las malas lenguas aseguran que la una se presentó para evitar que ganara la otra y María Dolores de Cospedal quedó en tercer lugar, con el 25,92% de los votos de la militancia. El esfuerzo por desmentir esta enemistad ha sido constante por parte de ambas y Sáenz de Santamaría señalaba en estos últimos días que "nos hemos dicho mucho menos [cosas] las dos señoras que nuestros compañeros varones".

Volver al Gobierno

Sáenz de Santamaría llega al congreso extraordiario del PP, a la segunda y crucial votación de los compromisarios después de haber logrado el primer puesto entre los afiliados con una estrategia que consistió en ponerlos ante una disyuntiva: podían apostar por alguien que conociera hasta el último resorte del PP o a alguien que, como ella, estuviera en la mejor posición para volver a ganar las elecciones que, según no se ha cansado de repetir su equipo, es de lo que se trata.

Esta es la preocupación que a lo largo de la campaña interna asegura que le han trasmitido afiliados y compromisarios, a una candidata que quiere "abrir el centro derecha" y que reconoce que el PP tiene un alma liberal pero también otra democristiana, a favor de "lograr la igualdad de oportunidades".

Estas declaraciones, unidas a que entre sus mayores apoyos está el exministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, al que medio PP culpa de haber subido los impuestos, y confrontadas al liberalismo que defiende su adversario, sitúan a Sáenz de Santamaría en una onda que para unos es más centrista y para sus detractores, es una posición desprovista de ideología.

En este sentido, en la recta final de campaña la candidata se sumó a la ola feminista con un vídeo realizado por fragmentos enviados por mujeres del PP por toda España en la que la animan para convertirse en la primera mujer presidenta de España.

Quizá no fuera casualidad que la candidata aprovechara también el último día de campaña para entonar un nuevo mea culpa -escaso en la campaña interna para liderar el PP- sobre la corrupción, responsable según Sáenz de Santamaría de que en 2015 el PP perdiera tres millones de votos con respecto a su mayoría absoluta de 2011.

Si gana el congreso, Sáenz de Santamaría podría pasar de ser la mano derecha de Rajoy a sucederle en el Gobierno. Su papel crucial y la confianza que el expresidente ha depositado en ella durante más de una década, desde que en 2008 la nombró portavoz en el Congreso, marcan a la candidata como la preferida de Rajoy, de quien en los últimos días se ha dicho que habría estado intentando forjar una candidatura de unidad que cerrara el paso a Casado.

Los dos equipos lo niegan, pero lo que está claro es que Sáenz de Santamaría no está en la órbita de Aznar, por cuyos esbirros fue vilipendiada cuando llegó a la portavocía del Congreso hace ya diez años.

Su guardia pretoriana durante todo este proceso ha estado compuesta por su grupo de fieles, sorayos, encabezados por el último jefe de gabiente de Rajoy, José Luis Ayllón; los exministros Fátima Báñez o Álvaro Nadal; el presidente del PP vasco, Alfonso Alonso, o el senador andaluz Antonio Sanz. En un plano mucho más discreto, Javier Arenas también ha trabajando a su favor desde Andalucía.

Al mismo tiempo que se presentaba como miembro clave del Gobierno que sacó a España de la crisis económica y evitó el rescate, la exvicepresidenta se ha labrado una imagen alejada del perfil de "tecnócrata" que le ha perseguido siempre y por el que, directamente, le preguntó una militante en un acto celebrado en León.

Al PP desde Moncloa

El vínculo de Sáenz de Santamaría con el PP empezó en la Moncloa, a la que llegó en el año 2000, nada más aprobar las oposiciones de abogada del Estado, como asesora jurídica del entonces ministro de la Presidencia, Mariano Rajoy. A Génova llegó cuatro años después, en 2004, como secretaria ejecutiva de Política Autonómica y Local, el puesto desde el que se "hinchó" a redactar mociones municipales, según explicaba en esta campaña a un grupo de afiliados, a los que aseguró que no llegó al PP de mano de un "headhunter" (cazatalentos), sino de la de Rajoy y su trabajo.

Las explicaciones sobre su compromiso con el partido se relajaron después de que los afiliados la eligieran a ella en primer lugar y le dieran "el mandato" y "la legitimidad" de liderar un PP, en que es seña de identidad el respeto a la lista más votada que, aplicada a las primarias, debería suponer llevarla directamente a la presidencia, con el segundo, Casado, integrado en su equipo,

A la incertidumbre con la que se abre este viernes el congreso extraordinario para elegir sucesor de Rajoy le seguirá una certeza, la de que pase lo que pase, Sáenz de Santamaría no va a dejar la política.

Dos días antes de que voten los compromisarios este sábado, no quiere oír hablar de la "remota hipótesis" de que no sea ella quien gane el congreso. Si ocurre, este jueves aseguraba en una entrevista en Onda Cero que "yo voy a seguir en política, pase lo que pase". "Yo voy a ser política toda mi vida, esto es lo que me gusta, podría haber hecho otra cosa y elegí esto".