González Pons y Hernando junto a otros miembros del comité de dirección del PP.
González Pons y Hernando junto a otros miembros del comité de dirección del PP. EFE

A falta de dirección, los portavoces del PP en el Congreso y el Parlamento Europeo, Rafael Hernando y Esteban González Pons, han tomado las riendas operativas del partido. Desde hace mes y medio, son los máximos representantes institucionales en dos cámaras que no detienen su actividad aunque el PP espere a su nuevo líder.

En este tiempo, han diseñado la posición del partido sin consultar a quien antes solían hacerlo, Mariano Rajoy en el comité de dirección, y lo han hecho prácticamente a solas.

Ya sea para afear a Pedro Sánchez su alianza con "los amigos deETA" o pedir la suspensión de Schengen ante la negativa de un tribunal alemán a extraditar a Carles Puigdemont por rebelión, Hernándo y González Pons vuelan de forma autónoma.

Sánchez y los amigos de ETA

Puede que el Pleno del Congreso en el que esta semana el presidente del Gobierno expuso su programa fuera la última intervención como portavoz de Hernando. No fue la única particularidad, porque en esta ocasión el discurso en el que le acusó de pactar con nacionalistas, separatistas y "amigos de ETA" se preparó de una manera distinta.

Con una dirección desmantelada, Hernando armó su intervención con su adjunto, José Antonio Bermúdez de Castro, y dos asesores parlamentarios.

Suspensión de Schengen

En Bruselas, más de lo mismo. Aunque González Pons disfrutaba ya de un elevado grado de autonomía, en los últimos días ha sido noticia por una reacción a la decisión de Alemania de no imputar un delito de rebelión a Puigdemont que ha salido de su puño y letra.

El portavoz en la Eurocámara habla con mucha gente, y más en estas semanas en las que todos le han pedido su apoyo, pero fue suya la decisión de exigir a la UEla suspensión de la libertad de movimiento de personas -el Espacio Schengen- dado que una euroorden no puede garantizar la entrega de Puigdemont por los delitos que se le imputan en España.

Acusó a Alemania de abrir fronteras "cuando se trata de golpistas" y elevó su protesta al presidente de la Comisión Europea, Jean Claude-Juncker, en una carta para la que tampoco pidió, ni habría tenido, el visto bueno de una dirección del PP que no existe desde que a principios de junio Rajoy abrió el proceso de sucesión.

El PP, sin cúpula

Su marcha fue tan real como inmediata. Aunque aquel día, 5 de junio, quedaba mes y medio para el congreso extraordinario que el sábado elegirá a su sucesor o sucesora, no ha vuelto a haber un comité de dirección de los lunes.

Rajoy volvió al registro de la propiedad y la secretaria general, María Dolores de Cospedal, quiso dimitir tras anunciar su candidatura. La disuadió la tesorera por los problemas jurídicos que plantearía su renuncia en un momento en el que, por ejemplo, debía autorizar los gastos de campaña de las primarias.

Por lo que respecta al resto de miembros de este órgano, un vicesecretario, Pablo Casado, es candidato; tres de los otros cuatro están claramente situados con uno u otra y al quinto se le acusa de favorecer a una de las partes.

En cuanto a los tres portavoces, el del Senado, José Manuel Barreiro, insiste en pedir integración. Sólo Hernándo y González Pons, entre las máximas autoridades institucionales del PP hasta que haya nuevo líder, guardan neutralidad en un tiempo en el que la decisiones han sido suyas más que nunca.