Imagen de dos cirujanos interviniendo a un paciente con anorexia severa en el Hospital del Mar de Barcelona.
Imagen de dos cirujanos interviniendo a un paciente con anorexia severa en el Hospital del Mar de Barcelona. HOSPITAL DEL MAR

Con la colocación de dos electrodos en el cerebro y la generación de una estimulación permanente, tres de los cuatro pacientes escogidos para participar en un ensayo clínico del Hospital del Mar han mejorado su pronóstico de anorexia nerviosa severa: han aumentado de peso y han cambiado su actitud ante la comida.

Es la constatación de que esta técnica pionera en Europa, que ya se utiliza en otros trastornos como el Parkinson, puede ser una herramienta para combatir la anorexia nerviosa en casos crónicos en los que no ha funcionando ningún tratamiento convencional.

Así lo ha explicado este jueves el equipo responsable del estudio, que ha recalcado que tras un nuevo ensayo, se podrá incorporar a la cartera de servicios de aquí a un par o tres de años.

La operación consiste en la colocación de unos electrodos en una zona determinada del cerebro que se escoge en función de las características del paciente.

Para hacerlo, se usa un robot que permite a los neurocirujanos controlar en todo momento dónde se sitúan. Los puntos seleccionados no motivan el hambre, sino que estimulándolos, se mejora el funcionamiento de los circuitos cerebrales que controlan el estado de ánimo, la ansiedad y el mecanismo de motivación y recompensa, y por lo tanto, acaba revirtiendo en un aumento de peso.

Así lo ha explicado la doctora Glòria Villalba, neurocirujana responsable del proyecto, que ha recalcado que el riesgo de la cirugía es muy bajo y por tanto, asumible en unos pacientes que han estado muy graves  y a los que les han fallado los tratamientos convencionales.

Villalba explica que la enfermedad no se va pero reconoce que en tres de los cuatro pacientes tratados se han demostrado mejoras, y en el cuarto no se descartan en un futuro aunque aún no haya demostrado una reacción.

Es una opción que se ha dado a pacientes que además de anorexia sufren otros trastornos como depresión o el trastorno obsesivo-compulsivo, enfermedades en las que este tipo de terapia también ha dado muy buenos resultados, igual que con el Parkinson.

La estimulación es permanente pero a través de un mando a distancia se puede llegar a parar si es necesario. El paciente solo se tendrá que volver a someter a una operación para cambiar la pila del estimulador pero no hace falta intervenir otra vez en el cerebro, si la experiencia funciona.

Para Gerardo Conesa, jefe del Servicio de Psiquiatría del hospital y director del Institut de Neuropsiquiatria i Addiccions, son intervenciones que no generan lesión en el cerebro y que, por tanto, el paciente puede estar plenamente tranquilo a la hora de someterse a ellas.

Julio Pascual, director médico del hospital, ha destacado que es "una apuesta estratégica" del Hospital del Mar para extender terapias de este tipo al mayor número de pacientes que se puedan beneficiar de la investigación en asistencia. Pascual confía en que de aquí a entre dos y tres años se pueda incorporar a la práctica clínica.

"No es un capricho"

Elisabet Valladares es una de las pacientes que ha participado en este ensayo clínico, ha explicado que desde la operación le ha cambiado la vida. Hacía 12 años que solo ingería líquido y ahora ha comenzado a comer pan u otros alimentos como el atún. Reconoce que no recordaba el sabor que tenían.

Además, según ha explicado Villalba, tenía tendencia a usar muchos laxantes y diuréticos y en cambio, desde la intervención, ha dejado los laxantes y ha reducido al 5% la ingesta de diuréticos.

Elisabet explica que lo que más temía era tener sentimientos de culpa por comer y está contenta de que no le haya sucedido. Desde que fue diagnosticada ha pasado por diferentes tratamientos y etapas. Hasta ha ido a centros de día para desayunar y comer, pero ningún tratamiento acababa de funcionarle.

Finalmente ha podido entrar en este ensayo clínico y reconoce que desde la operación se encuentra bien. De hecho, ha engordado tres kilos. "Comienzo a ser feliz", ha resumido muy emocionada.

"Es una enfermedad muy dura para quien la padece", ha dicho. "No es un capricho, es una enfermedad", ha recalcado.

El trastorno

La anorexia nerviosa es un trastorno alimentario que se caracteriza por un peso corporal anormalmente bajo, la percepción distorsionada por parte del paciente de su propio peso y por un miedo intenso a engordar.

Es la tercera enfermedad con mayor incidencia entre los adolescentes, ya que normalmente se inicia entre los 13 y los 18 años de edad.

En España se calcula que la afectación de los trastornos alimentarios es de menos del 5% de la población adolescente, mientras que la anorexia afecta a un 0,3% de la población femenina, colectivo donde más prevalece, entre los 12 y los 21 años.

Además, la anorexia es la enfermedad mental con més morbididad y mortalidad. El 30% se convierten en enfermos crónicos y no responden a ningún tratamiento. Los pacientes presentan una alta tasa de suicidio.

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