Nada escapa al control municipal, al menos en teoría. Cambiar un grifo, renovar los azulejos del baño o pintar las paredes son pequeñas reparaciones del hogar, pero, aun así, necesitan una autorización del Ayuntamiento. Por esta licencia de obra menor hay que pagar entre 18 y 110 euros, en función del presupuesto de la actuación. Hay que añadir además un 4% del impuesto de obra.

Cuando se trata de tirar un tabique, se considera «obra media», según las ordenanzas, y entre tasas e impuestos se deben añadir unos 160 euros al presupuesto. Además, hay que presentar proyecto y planos para que un técnico del Ayuntamiento revise la obra, así que el permiso puede tardar un mes. Tirar una pared cuesta unos 800 euros entre el transporte, las horas de trabajo y el desescombrado. Hay que sumar los 32 euros de impuestos y los 134 de la licencia. Por el tabique se paga lo mismo que por instalar una grúa torre o por obtener licencia de ocupación para una nave industrial.

Sin embargo, según empresas de rehabilitación y construcción consultadas por 20 minutos, una gran parte de las pequeñas y medianas obras de las viviendas son ‘clandestinas’. No se pide licencia o se presenta un presupuesto de menor cuantía para pagar menos.

La Iglesia esta exenta

«La Santa Sede, la Conferencia Episcopal, las diócesis, las parroquias y otras circunscripciones territoriales, las órdenes y congregaciones religiosas y los institutos de vida consagrada, sus provincias y sus casas disfrutan de exención total y permanente de este impuesto», recoge la ordenanza municipal. La licencia de obra no se pagará en caso de proyectos para eliminar barreras arquitectónicas o poner ascensores en edificios dónde no había.