Hace poco más de dos meses, los fans del universo cinematográfico Marvel se quedaban sin aliento por el impactante final de Vengadores: Infinity War, el principio del fin de un gran arco argumental que no se cerrará hasta abril de 2019.

Pero antes de esa fecha hay un par de citas marvelianas. La primera, esta secuela de Ant-Man que muchos esperaban con ansia para paliar el mono de superhéroes.

Tal y como se había anunciado, la película no continúa la trama de la aventura de Los Vengadores sino que muestra dónde estaba el Hombre Hormiga mientras el resto de héroes se enfrentaba a Thanos. Eso sí, la integración de esta historia en el universo compartido es mayor de lo que pudiera parecer. En Infinity War se justificó la ausencia de Scott Lang (Ant-Man) y Clint Burton (Ojo de Halcón) diciendo que ambos se encontraban bajo arresto domiciliario, algo que a muchos les pareció una excusa barata.

Pues bien, Marvel se las ha apañado para convertir dicho arresto en una de las claves del guion de Ant-Man y La Avispa: Scott convierte sus últimos días de encierro en una divertida aventura casera junto a su hija –maravillosa su relación con la niña– hasta que Hope van Dyne y el Dr. Hank Pym se ponen de nuevo en contacto con él para una nueva misión. El problema es que, al aceptarla, se juega su inminente libertad.

En ese momento, la película se convierte en una mezcla de comedia, acción superheroica –con soberbias coreografías y momentos visualmente muy inspirados, aunque una gran parte destripados en los tráilers– y competición disparatada al estilo de Ratas a la carrera o El mundo debe estar loco, loco, loco.

Esto es, no hay un villano al uso sino cuatro grupos de personajes que persiguen un mismo objeto, y también unos a otros, con diferentes fines: los héroes, entre los que esta vez está La Avispa (el personaje más suculento que le ha caído a Evangeline Lilly desde que hiciera de Kate en Lost), una banda de mafiosos, el misterioso y peligroso Fantasma y los policías que intentan atrapar a Scott fuera de su casa.

Para hacerlo todo aún más entretenido, el escenario de esta alocada carrera es la vistosa San Francisco, con localizaciones tan reconocibles como Fisherman's Wharf, la zigzagueante Lombard Street o sus empinadísimas cuestas.

Ant-Man y La Avispa no busca la épica desmedida de otras producciones de Marvel, tampoco mensajes con cierto calado como Black Panther, ni siquiera el humor absurdo de sus epopeyas galácticas. Se trata de una pequeña comedia de aventuras más convencional, tronchantemente autoconsciente de su flirteo con la serie B (¿recuerdan aquellas cintas clásicas de terror sobre hormigas gigantes?), que garantiza dos horas de diversión sin prejuicios.

El filme también nos regala una nueva e impresionante escena protagonizada por un rejuvenecido Michael Douglas, esta vez acompañado por Michelle Pfeiffer. El propio Douglas ya ha sugerido la posibilidad de protagonizar una precuela usando esta tecnología. A la vista del impresionante resultado, es algo más que factible.

En cuanto a sus aportaciones al universo Marvel, el filme profundiza en la idea del universo cuántico, que podría ser clave en Vengadores 4. Además, la primera de las escenas poscréditos, que llega pronto, está directamente vinculada con el final de Infinity War y deja un intrigante cliffhanger al que cuesta imaginar solución.

¡Un aviso! La segunda y última escena llega después de los largos títulos de crédito y no es más que una pequeña y prescindible broma. Que nadie espere un sorpresón.