Afectada Idental
Esther González, 76 años, muestra la mala praxis que cometió con ella Idental. JORGE PARÍS

Ana nunca imaginó que su reflejo le daría pavor. Ese miedo atroz que le produce su propia imagen en el espejo se acentuó con el comentario de un amigo de toda la vida. "Pero ¿qué te has hecho en la cara?", exclamó alarmado al verla. Aquella pregunta fue como un dardo a su autoestima, ya de por sí deteriorada por los cambios físicos y de salud. Desde entonces evita salir de casa.

Lo cierto es que su rostro no es el mismo desde que se puso en manos de iDental, la cadena low cost que de abril a mayo echó el cierre imprevisto de sus 24 macroclínicas, abandonando a su suerte a más de 350.000 personas. Ana solo es una de las muchas que han visto interrumpidos sus tratamientos y que, además, han sido víctimas de la mala praxis. Se trata del mayor escándalo odontológico de España. Este medio ha recabado los testimonios de más de una decena de afectados en la Comunidad de Madrid, pero ha decidido no reproducirlos todos gráficamente por su crudeza y para no herir su sensibilidad. Ana, además, prefiere no mostrarse por orden de sus abogados, en trámites legales con iDental.

Lo que en un principio iba a consistir en la colocación de cinco implantes, finalmente terminó en una ortodoncia que le ha retorcido sus muelas de forma inimaginable. Comer una simple loncha de jamón es un sufrimiento para ella. "Siento como si fueran un clavo. Me mareo del dolor de muelas, de mandíbula y de cabeza que tengo. He llegado a perder el conocimiento". Pero además, el aparato le ha desfigurado los rasgos: "Es como si me hubieran metido la mandíbula hacia atrás, me ha girado un lado de la cara".

Su situación personal en 2015 la llevó a confiar en una empresa que decía ajustar los presupuestos a la economía de cada paciente. Ella no lo sabía, pero fue entonces cuando empezó un calvario que ahora parece no tener fin. "He ido a seis clínicas y ningún dentista se atreve a tocarme la boca ahora. Creen que cuando me quiten los brackets se me caerán las piezas", relata con la angustia de quien no ve solución. "Yo ya estoy marcada de por vida. Nadie me va a devolver los dientes".

Las financieras con las que firmaron los créditos están en la obligación de reubicar a los afectados en otros dentistas. Los casos más graves, sin embargo, se sienten desamparados por los profesionales y piden ser escuchados.  

En la situación de Ana se encuentra Mari Ángeles. Ella también teme verse en el espejo. "Entré un día para que me pusieran dos dientes y salí de allí sin ninguno. Me quitaron también los sanos", denuncia. Ahora lo único que tiene en la parte inferior son cuatro tornillos; ni rastro de las coronas. "No puedo comer, no quedo con gente, no me hago fotos. Me ha cambiado la vida. Me los han puesto mal". A Esther González, de 76 años, le llegaron a poner los definitivos pero los tornillos sobresalen de la encía. "Es muy molesto. Comía mejor antes que ahora. Paso un hambre... Es una desesperación".

La intervención que les practicaron la llamaban en iDental Fast and perfect (Rápido y perfecto), una técnica "que no está basada en prácticas de expertos" y a la que "no pueden someterse todos los pacientes". "A casi todos les hacían mil extracciones y les ponían cuatro implantes sobre los que colocaban la dentadura. Entraban a las ocho de la mañana y salían a las doce de la noche. Esto requiere de unos tiempos de cicatrización", explica Antonio Montero, del Colegio de Odontólogos de Madrid, que lo define como una "salvajada". "A una chica le llegaron a fracturar la mandíbula, pero no denunció porque le devolvieron los 3.000 euros".

Por todas estas prácticas, Ana, auxiliar de enfermería, denuncia lo que muchos otros afectados: la falta de seguimiento por el mismo odontólogo y la inexperiencia de los profesionales que los trataron. "Me tocó la gente que menos sabía. Parecían residentes". Esa idea, no obstante, la desecha el Consejo General de Dentistas de España. "Todos los profesionales tienen que estar titulados para poder ejercer", detalla su presidente, Óscar Castro.

"IDental funcionaba con un sistema piramidal por el que cada profesional llevaba un color de polo diferente según su cargo. Los novicios iban de blanco, contrataban obra de mano barata, pero tenían la carrera. A algunos, con la excusa de pagarles un máster en implantología —avalado por dos universidades que no tienen facultad de Odontología—, les pagan menos". Por todo esto, Castro recuerda que también lo que trabajaron en estas clínicas son víctimas de esta descorazonadora historia: "Son miles los que se han quedado sin trabajo".

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