Comprar una casa sin registrar conlleva un proceso un poco más complejo y un desembolso mayor en gastos notariales y registrales –siempre que se quiera regularizar su situación– que en el caso de un inmueble inscrito en el registro de la propiedad, pero también tiene sus ventajas: la vivienda en cuestión puede llegar a costar hasta un 20% menos.

Antes de comprar, es fundamental tener constancia de la autenticidad y legalidad de los documentos acreditados por quien se presenta como propietario de la vivienda. Bastará, en cada caso, con un contrato de compraventa o una escritura de aceptación de herencia con los datos personales de las partes.

Un trámite judicial

Una vez adquirida la vivienda, el nuevo propietario deberá iniciar los trámites para elevar el contrato a escritura pública, mediante un procedimiento llamado expediente de dominio. Este proceso se inicia presentando ante el juez el título de dominio y la certificación del catastro municipal de que el inmueble no se encuentra registrado.

Una vez determinada la propiedad por parte del juez, ya se puede inscribir la vivienda en el registro de la localidad. Eso sí, la ley establece que la propiedad de la vivienda puede ser reclamada por una tercera persona durante dos años desde la formalización del registro, si presenta las pruebas pertinentes.

Un paso no obligatorio

La inscripción en el registro de la propiedad no es un paso obligatorio para la adquisición, herencia o constitución de una vivienda o un terreno. Sin embargo, es el único título de propiedad válido ante terceros, por lo que se ha convertido en un procedimiento seguido prácticamente por todo comprador. Este documento relaciona al propietario del bien con el inmueble y acredita sus elementos, describe sus características e informa acerca de las cargas que soporta, si las hubiera.