Carme Chaparro
La periodista y escritora Carme Chaparro ESPASA

A pesar de llevar más de 21 años presentando informativos, Carme Chaparro (ahora en Cuatro a mediodía), sigue teniendo que "ultrademostrar", así lo dice ella, que es tan válida como un hombre.

Hace un par de años convirtió lo que era un experimento mental,  en un superventas, No soy un monstruo. Ahora publica su continuación: La química del odio (Espasa).

Como ocurrió con la anterior novela, de la que vendió más de 200.000 ejemplares, ya está entre las más vendidas.

Creo que le han pedido que no escriba más sus hijas, ¿no?
Sí, cuando llegaron los primeros ejemplares a casa yo no estaba, pero ellas, sí. A la mañana siguiente me despertó la mayor, Laia, y me dijo: "Ha llegado la novela. No escribas una tercera. Quiero que juegues conmigo". Y no les quito mucho tiempo, porque escribo en el salón estando con ellas. Y por la noche. Juego con un puzle en una mano y con la otra escribo en el portátil. Pero ella siente que eso le está quitando tiempo y no creo que sea egoísta. Es que lo necesita.

¿Qué les cuenta de lo que escribe?
Me preguntan más por los títulos y las fotos de portada. Pero si me preguntaran por la historia les contaría que es la historia de una persona que se dedica a cazar a los malos.

¿Tenía claro que seguiría con la historia cuando terminó la primera?
No. La primera era para mí, fue un experimento. La trabajé en silencio, con unos pocos amigos que me ayudaban con la documentación y mi marido. Mi madre ni lo sabía. No pensé darle una segunda parte, pero fue un boom con 200.000 lectores y uno de los más vendidos en 2017. La gente me preguntaba qué pasaba con los personajes. En las vacaciones de verano del año pasado me puse a ello y salió La química del odio, de la que estoy más orgullosa. Se nota que he evolucionado y me lo dicen los lectores. Es la evolución de tener los trucos de escritora. Como en la tele.

¿Qué parecido hay?
Me sirve todo el quehacer periodístico, cómo nos documentamos los periodistas. Eso lo hago también en mis novelas y la estructura de los capítulos con inicio y final es casi como un artículo de prensa. Porque tienes que tener un inicio atractivo y un final cerrado. Eso voy haciéndolo en los capítulos. Y escribir con ruido y en cualquier lado, necesitar el jaleo de una redacción para concentrarme.

En silencio, ¿no puede?
Con la primera, que aún estaba en informativos de fin de semana, y había días que podía escribir por las mañanas con las niñas en el cole, me di cuenta de que no podía escribir con tanto silencio. Así que ponía la televisión: necesitaba gente hablando, que es lo que tengo en la redacción.

¿Le sirve para desconectar la ficción de tanta actualidad?
A veces, cuando sale. Escribir es un trabajo muy duro, muy solitario. Te menospercias continuamente y te exiges muchísimo. En todos los trabajos donde hay creatividad eres tu peor enemigo. Es muy gratificante cuando sale, pero cuando no, es duro.

Y muchas páginas que se acaban sacrificando...
Muchas.  De 600 se ha quedado en 400.

Muchos periodistas acaban siendo escritores de ficción, como Juan Ramón Lucas, que acaba de estrenarse en la novela...
Como él, soy periodista, claro. Somos periodistas y contamos historias y nos fascina y tenemos trabajos maravillosos que nos permiten contar la actualidad día a día. Y lo que más nos gusta es estar en la actualidad. Es cierto que escribir ficción es un sacrificio enorme. Llegas a redacción habiendo dormido cuatro horas, tienes que preparar todo un informativo y ponerte delante de una cámara. Y dar lo mejor de ti. A veces empiezo a hablar y me dicen: "no hay nada, enróllate". La escaleta baila continuamente, por lo que si has dormido poco no te puedes concentrar todo lo que necesitas.

¿Periodista y escritora o escritora y periodista?
Periodista, hace 25 años que lo soy. Pero me gusta que digan también que soy escritora. Así que en este orden: periodista y escritora.

Y que la paren por la calle por su novela...
Hay una vertiente que tiene que ver con la inteligencia y los prejuicios. Cuando yo empecé a escribir columnas de opinión en prensa llevaba mucho en informativos de televisión, que yo vengo a las 7 a prepararlo, pero la gente, sobre todo cuando somos mujeres, suele tener la sensación de que llegamos, nos sentamos y leemos. Con las columnas se me acercó una mujer y me dijo: me he dado cuenta de que eres una tipa lista. Y yo pensé: "He contado conflictos internacionales fuera y dentro de plató, ¿ahora  se dan cuenta de que soy una tipa lista? Con la novela ha pasado lo mismo. Es como si las mujeres tuviéramos que ultrademostrar lo que hacemos.

Eso siempre...
Sí, siempre. Soy periodista, llevo 21 años presentando informativos. Cualquier hombre que llevara 21 años como yo presentando informativos ininterrumpidamente sería considerado un gurú. Y ahora la gente va descubriendo que tengo un cerebro.

¿Cuántas veces antes ha tenido que demostrar?
Siempre. Ahora lo noto menos que cuando empecé a presentar, que tenía 24 años y había terminado la carrera hacía año y medio. Era muy joven, ahora tengo 45. Empecé y para la gente era la cara de la niña mona que se sentaba delante de una cámara, la maquillaban y leía lo que le ponían. Tienes que empezar a demostrar que puedes improvisar un informativo en la calle y en cualquier situación desfavorable, que puedes escribir un artículo de opinión como un hombre. Noto, y me da esperanza, y quizá tiene algo que ver con la generación de mujeres periodistas en informativos que hemos demostrado que seguimos ahí porque lo valemos. Pero todavía nos quedan cosas por remover.

Hace poco denunciaba el acoso a una amiga...
Sí, y  hay que hacerlo. Antes, cuando salías del instituto con 14 años y te decían barbaridades o ibas camino a casa un tipo en un coche te chistaba era lo normal. Ahora no, y tenemos que enseñar a nuestras hijas que no deben consentirlo y que han de reaccionar de otro modo.

¿Dice Consejo de Ministras?
Lo diría porque hay más mujeres que hombres. El lenguaje y las leyes no están por encima de la sociedad. Hay que respetar las leyes, pero entre todos se tiene que llegar a un consenso para respetarlas. Las leyes son nuestras. La ley no es inamovible, la ley somos nosotros y nosotras y la podemos cambiar. Y lo mismo el lenguaje, que articula la manera en la que piensas. Si conseguimos que el lenguaje no sea machista, conseguiremos que cambien muchas cosas.