Mijas Pueblo
El pueblo malagueño de Mijas. Europa Press

Un día después de que el INE confirmase que la población española crece de la mano de la inmigración —de vuelta en España tras el paréntesis de la crisis— el organismo estadístico indagó hoy en cómo se movió el padrón del país el año pasado. Es decir, dónde se mudan los que se mudan. Y no solo los que llegan de nuevas al país, sino cualquier ciudadano que opte por trasladar su domicilio.

La conclusión de la Estadística de Variación Residencial 2017 tienen una doble vertiente. La primera es ciertamente negativa: solo tres comunidades perdieron empadronados el año pasado, Extremadura (-3.604 habitantes menos), Castilla y León (-2.964) y Castilla La-Mancha (-2.906), pero esto indica que continua el éxodo poblacional en las regiones de interior. Incluso una provincial castellana importante como Valladolid ha perdido población.

Las tres además presentan el mismo esquema. Son autonomías envejecidas, con menor actividad económica que otras regiones y que según la estadística que hoy ofreció el INE ha perdido habitantes que optan por mudarse a otras comunidades: de ahí que su saldo interior de movimientos sea más negativo que el saldo exterior. Es decir, llegan personas de fuera de España a estas autonomías... pero no compensa la salida de los que ya estaba en ellas hacia otras regiones.

La segunda arista es algo más positiva por lo que indica en términos socioeconómicos. Las regiones del litoral mediterráneo, que hace dos años estaban perdiendo población por el regreso de extranjeros a sus países y porque el parón de la construcción estaba derivando habitantes a las grandes urbes del país, vuelven a atraer habitantes a sus tierras. Y especialmente inmigrantes.

"Han vuelto después de la crisis, pero depende de la zona", explica a 20minutos Julián López Colás, investigador del Centro de Estudios Demográficos, que identifica un movimiento de llegada territorial de dos velocidades tal y como sucedió en el pasado. "La inmigración que llega ahora aún no ha tenido tiempo de extenderse al interior porque cuesta más que lleguen a zonas deprimidas en las que existe un despoblamiento, eso que venimos a llamar la España Vacía".

La Comunidad Valenciana —que en 2015 había recortado su padrón en 11.832 personas— sumó 24.137 habitantes en 2017 y el 91% de ese saldo positivo lo aportan los flujos venidos del exterior. Lo mismo sucede con Murcia (la pérdida de 2.732 habitantes en 2015 se transformó el año pasado en una ganancia de 2.144) y con Andalucía (de -4.423... a +659).

En estas dos últimas, sin embargo, el saldo interior es negativo y la ganancia se debe solamente al regreso de población inmigrante. "Esto tiene que ver con un efecto composición", apunta López Colas. "Andalucía atrae menos población joven y activa que otras comunidades como Madrid y Cataluña, la gente que allí se muda son en muchos casos jubilados que se instalan en la Costa del Sol y muchos de ellos son extranjeros", añade este doctor de demografía por la UAB.

Madrid, en todo caso, sigue siendo la autonomía-imán para los movimientos poblacionales. No solo es la región que más residentes añade a su padrón (72.031 nuevos madrileños) sino que es la que más recibe de otros municipios españoles (16.041 relocalizaciones internas). Cataluña, la segunda que más población suma a sus registros (61.512) ha sumado más ciudadanos procedentes del extranjero que Madrid (+57.296, frente a los 55.990 de la región madrileña).

Esa diferencia de modelo entre las dos regiones más pobladas se intensifica al comparar sus urbes de referencia. La villa de Madrid ganó 48.983 habitantes en 2017 con un saldo positivo tanto en movimiento interno, como de ida y vuelta con otros países. Barcelona, en cambio, empadrona a 13.036 personas más por el movimiento exterior, pero el saldo de sus mudanzas con otras ciudades es negativo: en 2017 se fueron 6.683 personas más de las que entraron a la ciudad condal.

López Colas cree que sería "demasiado pronto" identificar esta pérdida de población dirigida a otros municipios con el procés independentista en Cataluña. "Yo apuntaría más a que los precios se han disparado en Barcelona", afirma este experto. De hecho algo parecido pasa en Valencia, otra ciudad que sufre el alza de precios inmobiliarios; la ciudad del Turia gana 8.640 habitantes gracias a la inmigración, porque el saldo de sus intercambios con otras ciudades es negativo.

Salidas de población extranjera en los pueblos del litoral

Pese a la recuperación poblacional en el litoral mediterráneo, allí se localizan en cambio los municipios que más han visto dañados su padrón. El peor parado es el malagueño Mijas (-4.214), seguido por el almeriense El Ejido (-3.277), el murciano Mazarrón (-3.209) y el alicantino Orihuela (-2.581). Este último, por cierto, lideró hace un par de años esta estadística negativa. Los cuatro comparten que su pérdida poblacional radica en la salida de residentes hacia otros países.

"Aquí hay muchos extranjeros de elevada edad que, cuando se ven mayores, prefieren volver a su país para vivir cerca de su familia", explica a este medio un portavoz del ayuntamiento de Mijas, ciudad que acoge 125 nacionalidades distintas y que, en un reciente recuento, calculó un 60% de empadronados de origen extranjero. "Cualquier movimiento de este grupo afecta mucho a nuestra población".

"Los flujos migratorios provocan una salida de personas, pero también han venido otras que aún no han regularizado su situación", dice José Francisco Rivera, portavoz del equipo de gobierno en El Ejido, que achaca también la caída de población en su localidad a una actualización de "inscripciones indebidas". Es decir, personas que aparecen empadronadas pero que en realidad se fueron hace tiempo. "Solo en 2017 se han producido cerca de 2.500 bajas por este motivo", dicen.