Auditorio de Tenerife 'Adán Martín'
Auditorio de Tenerife 'Adán Martín'. CEDIDA - Archivo

El Cabildo de Tenerife ha solicitado la total reparación de los "vicios ocultos" en el Auditorio de Tenerife 'Adán Martín', obra del arquitecto Santiago Calatrava. El estudio del arquitecto ha alegado que carece de responsabilidad sobre unos desperfectos achacables a problemas de ejecución, no al proyecto de la obra.

Los fallos afectan al revestimiento, provocando filtraciones de agua y humedades, según ha indicado el Cabildo que, en un informe encargado a la empresa Intemac, ha exigido la reparación inmediata de forma solidaria a "todos los que intervinieron en el proceso constructivo".

El Auditorio de Tenerife fue inaugurado en 2003, pero no fue hasta el 2014 cuando se detectaron los fallos. La construcción fue proyectada y dirigida por Calatrava, y ejecutada por una Unión Temporal de Empresas compuesta por Acciona Construcción, Dragados y Promotora Punta Larga.

Calatrava se defiende ante la exigencia

El Estudio de Arquitectura de Santiago Calatrava ha anunciado que evaluará la petición del Cabildo y la posibilidad de presentar un recurso, ya que considera que la corporación no ha atendido al resultado de la investigación técnica ni a las conclusiones de su propio informe, sino que "ha dictado una resolución intentado justificar una decisión que estaba tomada de antemano".

Calatrava sostiene que en el informe "queda claro que los problemas detectados devienen de la ejecución de la obra y están perfectamente identificados", mientras que "no existe ningún reproche al proyecto".

Según el Estudio "la causa del desprendimiento del trencadís se debe a que pasó demasiado tiempo entre la aplicación del adhesivo sobre el soporte y la colocación de las teselas, de modo que en el momento de colocar las piezas de cerámica, la cara expuesta del adhesivo ya no estaba en buenas condiciones", lo que "provocó una falta de adherencia en el revestimiento que se manifestó con el transcurrir del tiempo".

Los problemas de ejecución mencionados "constituyen un vicio oculto y, por tanto, no son detectables por el arquitecto", concluye el Estudio.