La competición por el liderazgo del PP se ha convertido este martes en la batalla final entre dos viejas adversarias en el partido, su secretaria general, María Dolores de Cospedal, y la exvicepresidencia del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, que después de años de disputarse la influencia sobre Mariano Rajoy pelearán ahora por sucederle a la cabeza del PP y, como ambas han resaltado en sus respectivos discursos, como candidatas a la Presidencia del Gobierno.

Ambas han anunciado este martes que presentarán su candidatura para suceder a Rajoy en la presidencia del PP, con un control de los tiempos que dice mucho de la relación que existe entre ambas. Una hora antes de que Cospedal hablara sobre su futuro ante el PP de Castilla-La Mancha en Toledo, Sáenz de Santamaría anunciaba por Twitter que su intención de ser candidata. Poco después, una filtración del entorno de Cospedal afirmaba que la secretaria general también concurriría como candidata al proceso de sucesión abierto en el PP de cara al congreso extraordinario del 20 y 21 de julio.

Como han hecho siempre, este martes ambas han negado que exista enemistad alguna entre ellas Siempre lo han achacado a actitudes machistas. Pero lo cierto es que el paso de los años no ha hecho más que aumentar unas diferencias que datan del convulso congreso del PP en Valencia, en 2008, donde, en medio de los hostigamientos en contra de que Rajoy siguiera al frente del partido, el expresidente empezó a repartir entre ellas el poder del que él era el último responsable.

Los equilibrios de Rajoy

Entonces, Rajoy dio a Cospedal el poder del PP nombrándola secretaria general y a Saénz de Santamaría, el institucional fuera de él, en 2008 haciéndola su portavoz en el Congreso y en 2011, convirtiéndola en la todopoderosa vicepresidenta de su Gobierno. Para compensar, ese año confirmó a Cospedal como número dos en el partido y permitió que no parara de acumular cargos como presidenta del PP de Castilla-La Mancha, presidenta autonónmica y, en 2016, también ministra de Defensa.

Siempre se ha dicho que Cospedal tiene el poder orgánico del PP y Sáenz de Santamaría, el del Estado, al menos hasta el triunfo de la moción de censura que hizo que Rajoy dejara de ser presidente. Que la exvicepresidenta no haya elegido una sede del PP o un acto de partido para presentar su candidatura, sino la reconocible fachada del Congreso de los Diputados, confiere a su candidatura "abierta" un aire menos de partido, con lo bueno y lo malo. Lo bueno, alejarse de los tremendos problemas , también de imagen, que arrastra el PP. La mala, que la militancia y sobre todos los compromisarios que votarán lo son solo del partido.

En la guerrra de guerrillas que, como se suele decir en estos casos, alimentan los "entornos" de Cospedal y Sáenz de Santamaría, en los últimos años ha habido acusaciones a la vicepresidenta de utilizar los servicios secretos, a su mando, para enfangar a Cospedal, por ejemplo, con informaciones relativas a los negocios de su marido.

Desde la otra trinchera, no se ha dejado de destacar cómo la vicepresidenta se escondía para no tener que hacer frente a problemas por los que hoy Cospedal ha dicho que tantas veces le han "partido la cara", sobre todo cómo tuvo que capear con Luis Bárcenas y otros personajes de la trama Gúrtel desde el PP.

La guerra también llegó al Consejo de Ministros, incluso antes de que aterrizara en él Cospedal en la cartera de Defensa. El Gobierno se partió entre ministros a favor y en contra de la vicepresidenta y todo su poder y en este último grupo también se integró, todavía desde fuera de La Moncloa, la secretaria general, en reuniones que el propio Rajoy tuvo que frenar.

La foto del Dos  de Mayo

Para ilustrar todos estos años de enemistad bastó una fotografía el pasado mes de mayo, la de las dos en la celebración del Día de la Comunidad de Madrid, el Dos de Mayo, en la Real Casa de Correos, sentadas sin mirarse y con una silla vacía en medio por la que se colaba toda la distancia que existe entre ellas desde hace una década.

Esta animadversión ha llamado este martes de nuevo a la puerta del PP, donde existe bastante hartazgo de la guerra entre ambas, según afirmaban recientemente varios cargos electos. De hecho, en el partido se esperaba que Núñez Feijoo se presentara, las disuadiera para no seguirle y las dejara fuera de la carrera por el liderazgo de un partido que no quiere seguir en medio del fuego cruzado entre las dos mujeres que más influencia política han ejercido los últimos años sobre Rajoy.

Sin embargo, ha ocurrido todo lo contrario. El presidente gallego renunció este lunes a intentar suceder a Rajoy y dio vía libre a Cospedal y Sáenz de Santamaría para competir entre ellas. Seguramente con otros tres o cuatro candidatos más, pero entre ellas al fin y al cabo, aunque sigan negando que tenga una mala relación.

Mezquino querer enfrentarse

Desde Toledo, Cospedal negaba este martes las "razones aprócrifas", con las que se explica su candidatura, según las cuales se presentaría para tratar de impedir una victoria de Saénz de Santamaría, una vez que el tercer aspirante considerado "de peso", Alberto Núñez Feijóo, renunció este lunes a la carrera sucesoria en el PP.

"Una decisión así no se toma a la contra", ha asegurado Cospedal ante la cúpula del PP castellanomanchego. "No se toma contra nadie. Sería muy mezquino. Este es un proyecto integrador en el que cabemos todos. Es un programa que tendrá en cuenta las singularidades pero centrado siempre en España", ha añadido.

A pesar de que la interpretación general es que estas palabras iban por Sáenz de Santamaría, en el equipo de la vicepresidenta se descarta que ella se haya sentido aludida.

Por su parte, Santamaría ha telefoneado en la mañana de este martes a Cospedal, pero no ha obtenido respuesta, algo que se atribuye a su intervención en Toledo. Se da por seguro que entre ambas habrá habido cruce de llamadas sin contestar en las últimas horas.

Al anunciar su candidatura, Sáenz de Santamaría ha hecho un discurso de unidad y de integración, donde también se incluye la secretaria general. Ha presentado un proyecto "abierto, en positivo" y construido "escuchando, dialogando e integrando", ha afirmado.

Sobre el resto de aspirantes a liderar el PP, entre los que también" se incluye Cospedal, Sáenz de Santamaría ha dicho que "somos todos compañeros. Nos une el amor a nuestro partido y el amor a España".

Juego limpio

Terminada su intervención ante la prensa juntos a los leones del Congreso de los Diputados, la vicepresidenta se ha acercado a un grupo de estudiantes que coreaba "Soraya, Soroya" y entre quienes, para pasmo de sus colaboradores, ha aparecido de repente un cartel donde podía leerse "Cospedal = cruel robar".

En la candidatura de la vicepresidencia se espera "preservar el fair play" ("juego limpio") y hay "buena voluntad para los pactos y, si se puede, para el acuerdo".

Otra cosa es que en el PP ya se hacen cruces de la batalla que le queda por vivir al partido hasta el congreso extraordinario de julio. Frente a lo que dicen ellas, la sensación es que no hay posibilidades de que lleguen integradas en una sola candidatura a la fase de votación de los compromisarios que, si ellas dos quedan en primer y segundo lugar en el voto de los militantes lel 5 de julio, tendrán que elegir entre una y otra en el mismo congreso.

Lo que sí tienen en común Sáenz de Santamaría y Cospedal es la ambición que les ha llevado a presentar su candidatura. En sus discurso, han hecho sendos alegatos feministas a favor de que, por primera vez, el PP esté presidido por una mujer y una mujer sea candidata a la Presidencia del Gobierno.

El problema es que sólo una podrá serlo. Y en esta batalla , la última, entre dos viejas enemigas se adentra este martes el PP.