Estudiantes
Unos adolescentes mirando el tablón de notas. GTRES

Empieza el verano, acaba el curso, arrancan los malabares de los padres trabajadores para atender a sus hijos y también llegan a casa los boletines de notas. A veces causa de alegría, pero con demasiada frecuencia de disgustos familiares más o menos esperados en forma de sucesión de suspensos. 

¿Qué hacer? ¿Cómo afrontar un verano cuando nuestro hijo tiene que remontar varios cates? ¿Conviene castigarle? ¿Apuntarle a una academia? Lo cierto es que no hay una respuesta única, porque cada caso tiene sus singularidades. No es lo mismo un niño de diez años que uno de dieciséis; no son iguales unos suspensos que nos pillan por sorpresa que otros previsibles; además, las circunstancias de cada familia son muy diferentes.  No obstante, sí que hay recomendaciones que pueden ser de utilidad.

Tres docentes españoles punteros ayudan con sus reflexiones a afrontar esa situación. Son Alfredo Fernández, director del colegio Miguel Hernández de Getafe que está inmerso en el Movimiento de Renovación Pedagógica; Pablo Poo, premiado por su labor docente y autor de los libros La mala educación y Espabila chaval; y Roberto Alhambra, maestro experto en gamificación y ABJ. 

¿Por qué han sido los suspensos?

Todos coinciden en que, antes de nada, es especialmente importante conocer la causa tras esos suspensos.

"Si la familia se lleva una sorpresa, el primer problema a afrontar es la comunicación que hay con los chicos", explica Pablo Poo, que trabaja con chavales de la ESO. "Lo normal es que si tu hijo va a suspender, de antemano lo sepas porque tienes una relación de confianza con él y has tenido tutorías. Si no ha sido así, antes de solucionar el terreno académico hay que trabajar la comunicación, así que hablaría con mi hijo para ver qué ha pasado".

"No es lo mismo suspender un área de ciencias por falta de esfuerzo o por falte de bases.  Lo que habría que ver es la causa, si es un tema de rendimiento, si no ha tenido el ambiente adecuado en casa, si es falta de motivación", coincide Alfredo Fernández.  Poo en este caso asegura que "tal y como está planteada la ESO son muy pocos los alumnos que realmente se han esforzado y han suspendido. Hay tantas oportunidades y dobles vías que es difícil que suceda. No tengo alumnos con ese perfil. Si los tuviera, aquí sí recomendaría academia y profesor particular".

Y aunque sea cierto que todas las materias son importantes, que en todas hay que esforzarse, y aunque es fácil que algún profesor de música o educación física se ofenda, Alfredo Fernández cree que a la hora de evaluar el boletín de notas de nuestros hijos no todos los suspensos son iguales. "Para nosotros lo más preocupante es fallar con las instrumentales, lengua y matemáticas. Es en lo que ponemos el acento. Una falta de comprensión lectora, por ejemplo influye mucho en las materias de ciencias".

El mismo método

Academias y profesores particulares no son una solución imprescindible, pero si en algunos casos sí puede ser recomendable acudir a ellas. Si se hace, Pablo Poo aconseja que se haga "con cabeza", buscando profesores y academias con una metodología similar a la del centro: "tiene que haber cierta conexión entre la manera de impartir la asignatura en el instituto y en la academia, sobre todo en las más científicas. A veces hay muchas disonancias, así que pensamos que estamos solucionando un problema y en realidad estamos creando otro. Así pasa luego que llegan familias preguntándose, ¿cómo es posible que con lo bien que va en la academia y lo que me cuesta en el instituto siga mal?".

Lo mismo es aplicable si son los padres los que se sientan a estudiar con ellos en verano. "A veces nos ponemos actuar con toda la buena fe del mundo como padres y estamos confundiendo al niño porque en el colegio estamos usando el método ABN con los algoritmos y nos ponemos a enseñarles como lo aprendimos en la EGB", añade Fernández, que apunta a que "el tutor es el que mejor recomendación puede dar, desde los coles las recomendaciones deberían ser individualizadas".

¿Conviene castigar?

"Hay muchas familias que directamente castigan. Yo no soy partidario", cuenta Poo. "Más que en el castigo creo en hacer ver al alumno el precio que tiene no asumir sus responsabilidades. Lo que va a experimentar no es un castigo, sino que tiene que cumplir sus obligaciones por no haberlo hecho antes. Que entienda que tenía que haber cumplido la tarea del esfuerzo académico y las ventajas que tuvo previamente no las vas a tener en el mismo grado, mientras se suponía que asumía su responsabilidad".

De hecho, Alfredo Fernández destaca que el repaso en verano tampoco debería percibirse como tal. "Es verdad que el verano es largo, hay mucho tiempo y no viene mal que traten de superar sus dificultades, pero que no se vea como un castigo. Mi opinión personal es que no les viene mal practicar un poquito, sin que la hora del cuadernillo sea un castigo también para la familia".

Un tiempo de descanso y estudio gradual

¿Qué hacer entonces?. Pablo Poo recomienda "hablar para ver que ha pasado, dejarles un tiempo fundamental de descanso, porque el curso ha sido muy largo y necesitan desconectar de los estudios igual que nosotros, al menos tres semanitas. Cuando haya pasado ese tiempo les pondría progresivamente un horario de estudios, de repaso".

Poo recalca la necesidad de retomar el hábito de estudio de forma gradual. "No hagamos lo de decirles desde el primer día "vas a estar cuatro horas estudiando", no pongamos a alumnos de Secundaria horarios de opositores. Pueden empezar con una fase de repaso de una o dos horas y luego ya pasar a técnicas de memorización y estudios más consistentes para que no pase que se presenten a los exámenes de septiembre habiendo estudiado solo pocos días antes, que según mi experiencia es desgraciadamente lo habitual".

Alfredo Fernández, cuyos alumnos aún no son adolescentes, coincide: "si se ha esforzado, aunque los resultados no hayan sidos los mejores, merece descansar y disfrutar". En su centro recomiendan sobre todo "que los niños lean, que escriban, haciendo por ejemplo un diario de sus vacaciones. Creo que hay que ir a la raíz de la dificultad. Pero para problemas concretos está claro que la práctica y la repetición puede ayudar, pero volvemos al debate de deberes sí o deberes no".  

Roberto Alhambra hace la misma recomendación. Durante el verano recomienda "que lean mucho. Si no entienden los enunciados matemáticos es un problema de lectura no de matemáticas". Y a los padres, pese a que los niños ya sepan leer, les anima a que sigan leyendo mucho a los hijos.

Aprender pasándolo bien es posible

Fernández añade que "buscar un enfoque lúdico o motivador a la tarea puede ser buena idea", algo en lo que va de la mano con Alhambra; "mi consejo a los padres de mi clase ha sido que jueguen y se diviertan, que no es nada que no les haya dicho ya durante el año. Los padres han visto que los juegos funcionan muy bien, y me preguntan es por juegos, no por cuadernillos y tareas".

¿Qué juegos recomienda? "Por ejemplo, para restar nada mejor que unas partidas a Código secreto o Fantasma Blitz, para ampliar vocabulario he recomendado los Story Cubes y a aprender a comunicarse, respetar turno de palabra, escuchar de manera activa, lo hacemos jugando a rol".

Los juegos de mesa y de rol son grandes aliados en el aprendizaje de los chicos, pero cabe la duda de si en la misma medida con chavales de instituto. Alhambra defiende que sí. "Si un chico de instituto sigue sin enterarse de lo que lee, tiene una comunicación muy básica, sí pueden ser compatibles y beneficiosos. En el instituto fallan mucho en lo que llamamos habilidades para la vida".

La edad influye

El director del colegio madrileño cree que "antes de que la lectoescritura esté asentada no tiene mucho sentido" andarse con suspensos. "Primero y Segundo de Primaria es un momento precioso de asentarse las bases", también que "la evaluación no puede reducirse a una nota de un examen, del cinco para arriba apruebo y si no, suspendo", apunta Alfredo Fernández.

En el instituto hay niños de doce años y casi adultos. Obviamente la misma receta no vale para todos. "Con los más pequeños necesitamos un horario más guiado por sus padres y que vean que el horario se cumple, que los padres están involucrados", explica Poo. "En cambio a ese alumno mayor, ya tirando a los 17 años, hay que tratarlos como adultos, escuchar sus necesidades y tirar de la responsabilidad. Con los mayores a veces me he sentado a hablar y hemos llegado a la conclusión de que es mejor dejar el bachillerato y entrar en un ciclo, por su falta de base y porque sus gustos van por otro lado. Ahí recomiendo sentarse con sus padres, no hacer bachillerato obligados. Ese viejo concepto de que el bachillerato es lo bueno y los otros no valen hay que olvidarlo ya".