El músico Fernando Vacas.
El músico Fernando Vacas. JOSE CARLOS NIEVAS

Fernando Vacas tiene un perfil extraño y aires de dandy cordobés. Para hablar de música usa indiscriminadamente metáforas gastronómicas, sales, pimientas y potajes. Es underground a elección, hubiera ido a muerte con Séneca y libre por antonomasia. Una mezcolanza que, sin azar, se traduce en su último trabajo, A través de la luz.

Esta ópera flamenca es su último trabajo como productor. Uno largo, bien zurcido. No por nada lleva cinco años para levantarlo. Hay una versión del Bowie final, guitarras eléctricas, sonidos metálicos, casi un laberinto. Confluyendo, porque el flamenco "es un ente mutante". "Hay que estar abierto: el flamenco tiene que ser un jardín, no una cárcel. Tiene que ser libre", dice como quien confiesa un mantra muy propio.

Aún con todo ha sido mucho tiempo para acabar de afinar, de ¿mezclar? culturas. "En este caso no es siquiera una mezcla, es un choque frontal. Yo no creo que las culturas cueste o no cueste mezclarlas, es que si lo ves claro, te envalentonas y lo haces. Y mi casa, desde pequeñito, y ahora mi estudio, es que son así: hay una guitarra flamenca por ahí, enfrente una eléctrica, de repente un cajón...", comenta.

Con cinco únicas funciones en el Teatro Cofidis Alcázar de Madrid (del 27 de junio al primero de julio) y el disco ya a la venta, la ópera flamenca comienza su gira por España. Narra una historia real, de las que en el periódico enganchan. Una historia que dura tres minutos y treinta y tres segundos: el tiempo que un hombre estuvo clínicamente muerto después de un accidente laboral hasta que un compañero consiguió reanimarlo.

En la ópera y el álbum se ha rodeado de amistades gordas e influencias duras. Sobre las tablas, la música en directo corre a cargo de los más de diez componentes de Vallellano ant The Royal Gypsy Orchestra -entre ellos, el propio Vacas-, Steve Shelley (de Sonic Youth) o Jorge Pardo. Y suma a la cantaora Ana Salazar, la bailaora Karen Lugo o la actriz María de Medeiros para la voz en off que narra ese ir de la mano de la parca.

Ese recorrido hacia la muerte y vuelta atrás vertebra la obra. La Ítaca de Cavafis por la laguna Estigia, tanto dentro como fuera de las tablas. "Lo importante es el viaje, el camino, como se le quiera llamar. Hay que lanzarse." -clava la mirada- "La ópera es una respuesta a mí mismo y al mundo. Al final lo que cuenta es que una persona que se pensaba que estaba muerta tiene una segunda oportunidad. ¿Qué quiere decir esto? Que a veces vivimos con las orejeras del día y no nos damos cuenta de las cosas verdaderamente importantes. Y la consciencia no es ser bueno o ser malo, sino decir si hay que hacer esto se hace por el bien de todos. En estos tiempos, el concepto consciencia debería usarse mucho más. Y la filosofía".

Libertad de filosofía

Una filosofía que le hace tener muchas amigos y responder ante pocas cosas. Quizá esa es la clave, como principio y como fin: hacer lo que te dé la gana. "Yo no soy demasiado bueno en estrategia musical. Nunca he tenido mánager y he ido un poco a mi bola. Jota de Los Planetas siempre dice que el más indie de todos es Fernando Vacas. ¿Por qué? Bueno, no es que no me case con nadie, es que mi carrera es una carrera artística, no de industria. Es de obras, de hacer discos. Johnny Cash decía lo mismo: "No mires por el disco, mira por tu carrera". Si consigues hacer lo que te dé la gana y al público le gusta, todo el mundo gana".

Una música con mucha preparación, pero no precocinada. Como los guisos viejos, "ir poquito a poco:, le pones un poquito de sal, un poquito de pimienta, lo pruebas, lo vas disfrutando hasta que al final le pones un pedazo de plato a los comensales pero tú no te comes el guiso porque ya te lo sabes de memoria". Como los guisos viejos de abuelos y abuelas porque "en este proyecto lo que hay más es del Fernando Vacas niño".

Esa reminiscencia de crío trae bajo el brazo otro pasaporte: la libertad de ser aún tú mismo. "He sido cien por cien libre", atestigua como quien no piensa volver atrás. "En esta ópera es la primera vez que me he sentido totalmente así. Las otras veces que no he sido libre no ha sido por la gente, ha sido por mí, por inseguridad", admite.

Quizá tenga que ver una seguridad del que está bien apoyado. Sus influencias, con las que ha sido "muy selectivo", oscilan desde voces amigas (Rosalía o Remedios Amaya han colaborado) al rock de Sonic Youth ("que se quedaron con la espinita de no haber hecho el Omega con Enrique Morente") o al arte multidisciplinar. "No he querido ensuciarlo mucho ni ser muy barroco, sino intentar ver qué necesitaba cada canción y tirar de ahí. Es el primer proyecto en el que realmente no me he cortado en hacer lo que pensaba y sentía", precisa.

Claro que ese desencadenamiento trae consigo un alejamiento de la industria y, por tanto, de circuitos más populares. "A las multinacionales no les interesa que haya música que se salga de lo establecido porque no venderían antidepresivos. Quieren a la gente despistada. Yo digo más Séneca y menos Trankimazin. La poesía está en el día a día, lo que pasa es que la tienes que ver", lanza como soflama de su propio puño.

Los aliños del flamenco

Salirse de lo establecido, como aquel que casi alcanza la muerte. Fernando Vacas también sabe que su camino es corromper el flamenco, ser parte de la herejía de que evolucione. "El flamenco empieza en un punto y no sabes dónde va a terminar. En una época, los del flamenco ortodoxo echaban en cara que hubiera un palo nuevo que se llamara fandango y que lo podía cantar cualquiera, que eso no era flamenco, que lo quitaran. Y yo digo lo contrario: tienes que hacer que el flamenco se extienda", comienza.

Y una vez que lo hace, no se puede parar su forma de entender ese universo: "El flamenco ha sido underground, de gente que no tenía para comer y se juntaban para cantar porque al menos es gratis. Y encima el flamenco no es feliz, es duro. Es como el blues, son quejas, penas. Pero el flamenco está vivo desde que existe el ser humano. Por eso es una música que se puede combinar con lo que quieras. Lo que pasa es que hay que hacerlo con cabeza. Tú a priori dices 'bueno, el cacao y la pimienta o la sal no cuadran, son antagónicos'. Pues no, hay chocolates así, que ya los hicieron mayas y aztecas".

Todo, para al final regresar al principio, a la vida, a la raíz. "El flamenco va mutando y estoy seguro de que finalmente la música del mundo va a acabar siendo una mezcla de todo, porque todos nos estamos mezclando: nuestra lengua, nuestra información, nuestros cuerpos, nuestras razas, nuestras culturas. El que no se quiera mezclar, en el fondo, va contranatura", firma mientras se termina de cerrar el telón.

Cartel de la ópera flamenca 'A través de la luz', de Fernando Vacas.