Rogelio Alonso
El profesor de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos Rogelio Alonso. JORGE PARÍS

Rogelio Alonso (Calatayud, 1970) es profesor titular de Ciencia Política y director del Máster en Análisis y Prevención del Terrorismo en la Universidad Rey Juan Carlos. Ha sido miembro del Grupo de Expertos sobre Radicalización Violenta y del Centro de Excelencia sobre Radicalización, ambos de la Comisión Europea; asesor del ministro del Interior en asuntos de terrorismo; e investigador principal de proyectos internacionales en esta materia de la Comisión Europea y del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Acaba de publicar La derrota del vencedor (Alianza).

¿ETA ha acabado?
Gusta escuchar eso, porque se asume que significa un triunfo, cerrar un periodo enormemente cruel; pero realmente ETA no ha acabado. Sigue viva en las instituciones democráticas donde están presentes sus representantes políticos, partidos que son parte de la estrategia de ETA, como constató el Tribunal Supremo. También en las consecuencias políticas y humanas del terrorismo, que además de la violencia física era violencia psicológica, para aterrorizar a un conjunto de ciudadanos, y política; no puedes tener intimidada a una sociedad durante décadas y pretender que de la noche a la mañana se deshaga de esa violencia que ha condicionado sus comportamientos. Y en tanto en cuanto el Partido Nacionalista Vasco (PNV) comparte la misma interpretación nacionalista que ETA ha utilizado para justificar sus asesinatos y su existencia. El veneno de ETA sigue presente a pesar de que ETA ha interrumpido, afortunadamente, su campaña terrorista.

Por eso también considera cuestionable la afirmación de que ETA ha sido derrotada...
Exacto. Es cuestionar ese discurso dominante y oficialista que reproduce el mantra de la derrota de ETA para que las élites políticas puedan encubrir esos problemas. Como ha dicho Fernando Savater, y al contrario de lo que han repetido tanto el PP de Rajoy como el PSOE de Zapatero, este no era ni el único final posible ni el mejor final imaginable. Ha sido un final sucio: sin justicia política, porque tenemos a los representantes de ETA en las instituciones; con homenajes a los terroristas en las calles del País Vasco; y con una impunidad también penal en muchos casos, con más de 300 crímenes sin resolver. Que un Estado democrático mienta a ciudadanos que han perdido o visto alteradas sus vidas al enfrentarse a la organización terrorista, eso sí constituye una derrota.

ETA ha sido forzada por los servicios de inteligencia y por las fuerzas y cuerpos de seguridad a detener su campaña de asesinatos, pero ese éxito se ha complementado con concesiones a la organización terrorista que le han reportado réditos políticos. ETA no ha sido derrotada en toda su magnitud, como merecían las víctimas y la sociedad. Es doloroso. Había otro posible final, y las élites políticas han renunciado a él porque este es más cómodo para ellas.

En ese sentido, ¿qué le queda por hacer al nuevo presidente, Pedro Sánchez?
El PSOE comparte con el PP la mentira política organizada de que ETA ha sido derrotada, así que es muy complicado pensar que el Gobierno entrante quiera revertir todo eso. Durante la moción de censura, el PP increpó al PSOE por aceptar el apoyo de los diputados de Bildu, de quienes "han aplaudido el asesinato de compañeros socialistas", "los amigos de la ETA". Es de una hipocresía tremenda que cuestione al PSOE el PP, que no ha hecho nada para ilegalizar al brazo político de ETA: evidencian una instrumentalización de los muertos y de las víctimas. Pero es que el PSOE está aceptando el apoyo de quienes no condenan el asesinato de sus compañeros, de quienes considera que no son verdaderos demócratas porque no cumplen el mínimo ético que es la condena del terrorismo; luego también nos está demostrando una hipocresía tremenda. La política antiterrorista que han aceptado PP y PSOE, que normaliza la presencia en las instituciones de quienes no condenan el asesinato de compatriotas, es una forma de corrupción, y por ella hay que exigir rendición de cuentas.

Incide mucho en la relación entre nacionalismo y terrorismo por la confusión entre sus fines y sus medios. ¿Existe algún riesgo de que surja un terrorismo nacionalista en la Cataluña actual?
El proyecto político que partidos como PNV y Geroa Bai plantean en el País Vasco y Navarra está manchado por la sangre, porque hay ciudadanos que hoy no están vivos porque no eran nacionalistas. La oposición al nacionalismo se ha laminado. Durante años, el Euskobarómetro ha dicho que los ciudadanos no nacionalistas tienen miedo a participar en política, lo que es una situación de anomalía democrática muy seria. Una organización terrorista nacionalista como ETA puede reivindicar cierta eficacia de su violencia: hoy hay 194 ayuntamientos de mayoría nacionalista en el País Vasco y solo 14 no nacionalistas. Se acepta la alteración del mapa político como consecuencia de la intimidación terrorista, y eso lanza un mensaje muy peligroso para otras comunidades autónomas en las cuales también hay reivindicaciones nacionalistas, rupturistas y separatistas y subversión del orden constitucional. Hoy en Cataluña hay ciudadanos que están desprotegidos, tenemos a compatriotas que no son libres e iguales.

Considera "respetuosas con la realidad" las interpretaciones de las víctimas porque tienen "el realismo de la experiencia vital". Pero ¿cabría pensar que les pudiera mover un deseo de venganza?
Lo que planteo es una experiencia vital de algunas víctimas, que cuestionan esa derrota de ETA. No ha habido víctimas que se hayan tomado la justicia por su mano y que hayan evidenciado venganza; sorprendentemente, porque somos humanos. Sí hay muchas que se encuentran con que el Estado no les ha garantizado la justicia política ni, en muchos casos, la justicia penal y, a pesar de eso, no reivindican la venganza, pero sí el resentimiento. Yo reivindico el resentimiento, porque, ante unas condiciones enormemente injustas, constituye una denuncia política y moral de un enorme valor ético, una denuncia de respeto hacia quienes han sacrificado tanto enfrentándose al terrorismo. Tenemos que estar muy agradecidos a los ciudadanos que plantean ese resentimiento.

Por otra parte, ve lógico que una sociedad vasca "enferma" "desee reprimir recuerdos y evidencias que reflejan vergüenzas y fracaso"...
Durante los años en los cuales ETA ha mantenido su campaña terrorista, la sociedad vasca era una sociedad enferma porque solo una minoría desafiaba al terror y una mayoría atemorizada no lo vencía, miraba para otro lado; había un mal consentido y mucho espectador indiferente. Ahora esa misma sociedad enferma es la que quiere pasar página, la que no quiere cuestionarse, la que quiere ese final cómodo frente al final sucio. Quiere reivindicar un triunfo, cuando no hizo lo que tenía que hacer para merecerlo. Esto explica por qué hoy las élites políticas y una parte significativa de la sociedad insiste tanto en reproducir esa mentira política organizada, porque lo que quiere es no cuestionarse, no mirarse en el espejo y encontrarse toda esa cobardía, toda esa miseria moral y humana. La derrota de ETA es un relato falso, pero es verosímil porque esa sociedad enferma quiere que sea verosímil.

Pone también ejemplos de víctimas que han "negado" las responsabilidades e implicaciones políticas y sociales de la violencia. ¿Qué las ha podido llevar a eso?
Creo que en algunos casos priman los intereses de los partidos políticos por encima de la causa que las víctimas como colectivo dicen defender, asumiendo que las víctimas son un colectivo heterogéneo y que hay diferentes puntos de vista. Pero hay unos elementos comunes: la reivindicación de verdad, de memoria, de dignidad y de justicia, y que todas han sido asesinadas por una organización terrorista que pretendía imponer unos objetivos nacionalistas.

¿Cuál es la situación actual con respecto a la "presencia pública" y la "influencia sobre la política antiterrorista" de las víctimas?
Han incrementado su presencia pública de manera proporcional a como han disminuido su influencia. Ha habido una instrumentalización por parte de los principales partidos políticos de determinados colectivos, y algunas personas se han prestado a esa instrumentalización: se da el protagonismo a determinadas figuras y se les quita a otras víctimas mucho más coherentes e independientes. El Gobierno aparece constantemente con las víctimas y reproduce ese discurso de 'no vamos a tolerar el olvido; las víctimas tendrán verdad, memoria, dignidad y justicia', pero les niega esos mismos derechos: hablamos de sentimientos en vez de hablar de justicia. Además, se difiere a futuro, se habla de que "no habrá impunidad para las víctimas, y habrá recuerdo y relato", cuando la impunidad es una realidad ya; se utiliza la promesa de recuerdo como un arma para olvidar la injusticia con las víctimas. Eso se evidencia muy bien en la política de memoria del último Gobierno del Partido Popular, y todo parece indicar que este Gobierno seguirá en la misma línea, destinando millones en memoria de víctimas y olvidando que hacer algo sobre el pasado exige mucho más que establecer un relato correcto, que ya se está distorsionando.

Otra evidencia: en unas unidades didácticas de historia del terrorismo en España para estudiantes de 4.º de la ESO, los movimientos Basta Ya y Foro de Ermua han sido borrados; sin embargo, aparece Gesto por la Paz. Gesto por la Paz cumplió una función muy positiva, pero tenía unas limitaciones. Basta Ya y Foro de Ermua surgen porque consideran que hay que denunciar a la organización terrorista por asesinar, pero también a quienes desde las instituciones no protegen a los ciudadanos, o sea, al nacionalismo. Además, consiguieron articular la respuesta social más multitudinaria en momentos en los cuales ETA aplicaba esa perversa "socialización del sufrimiento" sobre los ciudadanos y estos necesitaban cohesionarse para vencer al miedo. Que hayan sido borrados es muy revelador del final del terrorismo que aceptan los principales partidos, PP y PSOE, un final cómodo para el nacionalismo, que le permita redimir su culpa, que le permita con la boca pequeña decir que no estuvo a la altura de las circunstancias, pero no extraer responsabilidades. Es como llevar el traje a la tintorería para quitarle unas cuantas manchas... de sangre.

¿Expresa hoy "libremente sus opiniones o preferencias" la parte de la sociedad "autonomista o no nacionalista" del País Vasco?
El último Euskobarómetro mostraba que los ciudadanos no nacionalistas todavía no sienten la misma libertad para participar en política. El PNV ha impuesto su hegemonía política, social y cultural como consecuencia de la violencia, ha promovido la homogeneización, y ciudadanos que no comparten la ideología de ese partido se ven inhibidos.

Avishai Margalit plantea que una sociedad es decente cuando sus instituciones honran debidamente a los ciudadanos. ¿Cómo van a ser las del País Vasco y Navarra sociedades decentes cuando se toleran los homenajes a los terroristas, que los convierten en merecedores de reconocimiento y trasladan que las víctimas merecían ser víctimas? ¿Es una sociedad decente la que tolera la ocupación, en las fiestas, por ejemplo, del espacio público por parte de quienes aún se vanaglorian del terrorismo? ¿La que exige a los representantes políticos de ETA en el Parlamento vasco que acepten el mínimo ético de la condena del terrorismo pero acepta que hagan política sin ese mínimo ético? ¡Es una farsa!

¿Tiene sentido hoy en día la política de dispersión de presos?
Yo creo que sí. Este modelo de final que PP y PSOE defienden permite a determinadas personas sostener que como ETA ya no existe, no tiene sentido la dispersión. Pero las consecuencias de ETA y los asesinatos están ahí, luego todavía hay una exigencia hacia quienes han formado parte de ETA: que esclarezcan los asesinatos, que se pongan a disposición de la justicia. El Estado está perfectamente legitimado para utilizar una política de dispersión para intentar que esos miembros de la organización terrorista cumplan sus obligaciones con la justicia.